Microsegmentación y deseo en la constitución de las identidades híbridas

 
Rubén Weinsteiner

 
Uno de los cambios más disruptivos al momento de pensar las identidades y los microsegmentos para la construcción del discurso de poder, es la hibridación, que habilita la conjunción de heterogeneidades intensas y diversas en la conformación identitaria.

Las identidades están atravesando un proceso de hibridación cada vez más intenso. Ya no podemos definir tan fácil a alguien por su edad, trabajo, lugar de residencia etc. Hoy cada uno de nosotros “somos cada vez más”, asumimos una multiplicidad de intereses, deseos y necesidades y albergamos contradicciones y heterogeneidades cada vez más intensas en la definición de nuestra identidad.

La segmentación por variables duras, “lo que la gente es a priori”, nos permite agrupar segmentos étareos, de género, de niveles de formación similares, de igual procedencia geográfica, religión, profesión, situación vincular etc.

Mediante esta mirada muy lejana, nos acercamos a la identidad pero sólo como plataforma para empezar construir formatos de segmentación y microsegmentación, a través de los dos factores que hoy definen a los segmentos: las variables blandas y las demandas.

El escenario actual de atomización, hibridación y microsegmentación de los diferentes colectivos sociales, nos impone un análisis, que no puede descartar las variables más duras, pero que debe enfocarse fundamentalmente en las variables blandas; “lo que la gente hace” para poder entender la multiplicidad de factores que convergen y constituyen las identidades híbridas.

Algunas heterogeneidades hacia adentro de un mismo colectivo siempre existieron, pero la caída del muro de Berlín, los movimientos migratorios, el salto cualitativo de las comunicaciones y los formatos multigrietarios-tribales que emergieron de la web social las potenciaron hasta convertirlas en el eje central de los nuevos sistemas de microsegmentación.

Este esquema binario multigrietario que se da en todas las areas, hace que una persona pueda sentirse cercana a otra por apoyar a un presidente y cercana a otra que odia a ese presidente por luchar por preservar a los animales, con otra por estar a favor o en contra del aborto, luchar por la preservación del medio ambiente, estar a favor o en contra del estado de bienestar, baja de la edad de imputabilidad para los jóvenes, etc.

El formar parte de una parte de la grieta, hablar con los propios, tener “amigos” en las redes sociales que piensan igual y confirman el sesgo, hace que uno se encierre en esas tribus. Lo interesante es que uno forma parte de muchas tribus, donde se cruzan intereses y personas que ponen ene emergencia la hibirdación identitaria.



Lo que la gente a priori es y lo que la gente hace


No hay que preguntarle a la gente lo que piensa, hay que ver que hace.
Si le preguntamos a la gente, nadie come mortadela y todos comen jamón o pastrón, sin embargo se consumen miles de toneladas de mortadela por mes. Nadie votó a a un candidato que fracasó en la presidencia pero que ganó por el 52 % de los votos,, y si le preguntamos a la gente, en una encuesta donde compra los alimentos, la mayoría dirá en los supermercados top. Si les preguntamos porqué, probablemente nos responderán que porque allí los atienden bien, el entorno es agradable, es más caro pero limpio, la cadena de frío se respeta. Aunque si los seguimos probablemente nos encontremos que muchos entran al chino, donde en un lugar con poca luz, un hombre con el cigarrillo colgando de la comisura de los labios, con un ojo entre cerrado por el humo, en ojotas y medias le gritará “dejaaaa bolso”. La necesidad indica quedar bien con el encuestador, el deseo, pagar menos. Lo que se construye como percepción para la otredad y lo que se hace.

En el recorrido entre lo que la gente dice y lo que la gente hace, se construye la brecha entre la necesidad y el deseo.
La necesidad es la frontera de la intención de voto, el deseo la profundidad.


Multidimensionalidad

Un turco que vive en Berlín es turco para los alemanes y alemán para los turcos. Ese turco puede ser laico o religioso, ser hetero, gay, trans, estar en pareja con un/a aleman/a, o con un/a turco/a, puede sentirse turco, alemán, europeo, internacionalista o no sentir pertenencia ni pertinencia nacional alguna. Como se autopercibe y autodefine, en términos nacionales, religiosos, de género, políticos, filosóficos, pasiones, aficiones y hobbies que lo motivan, las experiencias de vida por las que atravesó, la historia familiar y los relatos ancestrales tácitos, los nuevos vínculos, familia, trabajo, estudios, determinan un alto nivel de complejidad en la constitutición de la identidad.

Una persona puede oponerse fuertemente a la entrada de inmigrantes y sentirse interpelado por un discurso xenófobo, y a la vez tener un familiar discapacitado y sentirse convocado por un discurso que aboge por mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y a la vez ser mascotero ser sensible a propuestas sobre el respeto por los animales, puede ser fuertemente religioso o todo lo contrario, estar a favor a favor del medio ambiente. Todo en la misma persona



Variables blandas, demandas y deseos.

Los microsegmentos se definen desde la base de las variables duras cruzadas por variables blandas, demandas, deseos, valores, relatos ocultos y estilos de vida. 


Ante la complejidad y multplicidad que nos plantean las indentidades híbridas, el factor condensador a tener en cuenta como insumo de construcción del discurso de poder, es el deseo.



El discurso de poder y el deseo

Discurso es organizar las percepciones. Poder es revelar potencialidad de acción. Por los tanto, discurso de poder es organizar las percepciones en la cabeza de la gente, en función de instalar la percepción acerca de una determinada potencialidad de acción, fundamentada en el deseo. Responder al deseo es construir el discurso de poder. 



El deseo es el rey

El deseo es el rey, la demanda es un deseo, el miedo es un deseo de que algo no pase. El deseo como ya dijimos supera a la necesidad, que es apagar un incendio y también supera a la fantasía, ya que esta es la construcción de una realidad imaginaria que no pensamos llevar a cabo. Cuando decidimos llevarla a cabo, deja de ser una fantasía para convertirse en un deseo.

Tener una fantasía sexual es fácil, lo que no implica que tengamos el deseo de concretarla. Uno puede imaginarse teniendo una historia con una persona, pero el deseo se constituye cuando estamos dispuestos a pagar el costo de tener esa historia.

Si entendemos la profundidad del deseo y construimos un discurso de poder en función de él, podemos ser continente, negociar y crear lealtades, en base a un lazo emocional y a una promesa de marca de hacerse cargo, proponiendo la construcción de una realidad que obsoletice realidad actual y naturalice el deseo.

 

Rubén Weinsteiner

Figura política o marca política, secta o iglesia

 


Por Rubén Weinsteiner 


 

¿Cual es la diferencia entre un analista exitoso, un político con visibilidad, o incluso un candidato, con una marca política?

¿Cual es la diferencia entre una secta y una iglesia?
El discurso de poder y el pragmatismo

 

 

Del análisis taquillero a la propuesta de una visión, una esperanza y un camino

¿Cuál es la diferencia entre un analista brillante, un personaje mediático llamativo, un periodista con rating, que describe y explica como nadie la realidad, a una marca política competitiva?


Muchas veces la escena política es acaparada por periodistas/mediáticos/economistas en definitiva, analistas que teorizan, describen el escenario, de una manera interesante, dan rating, y hasta hacen pronósticos que se verifican en la realidad.
Estas figuras muchas veces son percibidas en el imaginario social, como figuras con una alta potencialidad electoral.


Una persona puede intentar incursionar en política, puede tener visibilidad, ser famoso, e incluso candidatearse a un cargo, pero eso no lo transforma en una marca política.

Una marca política dispara significados a la cabeza de los sujetos de elección con fines de acumulación, ya sea electoral o de valoración general.

La diferencia entre ser una marca política y no serlo es la diferencia que hay entre que algunos quieran lo que vos tenés y que vos tengas lo que muchos quieren.

Una cosa es ser rock star, una estrella, un gurú carismático con muchos admiradores, y otra es leer las demandas que articulas segmentos definidos por variables blandas y hacerse cargo de esas demandas en el formato de discurso de poder de la marca política.

 

Una cosa es que te admiren como a un rockstar y otra es leer lo que los otros quieren y plantearlo en términos de un discurso de poder, un camino propuesto con esperanza, alegría y confianza. 

 


Preguntas


Las dos preguntas que debemos hacernos son : 1) ¿Podrá comunicar potencialidad de acción en la misma medida que logra entretener e impactar a sus audiencias? 2) ¿Podrá traducir los sentimientos de hilaridad, bronca, indignación, preocupación y tranquilidad, que genera en sus audiencias, en claridad, esperanza, fe y alegría?

Liderar una secta puede ser fascinante para el líder de la misma, pero en tanto no salga de la admiración que tienen por el sus fans para ir hacia hacerse cargo de las demandas de segmentos específicos, incluso con heterogeneidades intensas, no podrá salir del esquema sectario hacia una construcción con vocación de poder mayoritario.

 

 

Hoja de ruta


La hoja de ruta para la construcción de una marca política, consiste en transformar la visibilidad y la percepción que se tiene, en un continente de adhesiones y lealtades.

 

En esa negociación y construcción de lealtades para ser contenidas, la marca política debe trancender la especularidad vincular con el rockstar, adelantándose a las demandas, para proponerle desafíos latentes, a los sujetos de elección. Propuestas que al pasar de la latencia a la emergencia consoliden la emocionalidad en el vínculo (el tipo entiende lo que necesitamos, sabe lo que nos hace falta, conoce los problemas y propone soluciones).

 

Contener y acumular

 
Para contener y acumular se necesita construir una marca política con un discurso de poder, que organice y sistematice esa percepción y visibilidad en función de una estrategia que responda a un objetivo: que diferentes segmentos de la población perciban con un grado de emocionalidad importante, sostenido en una narrativa racional, como altamente positivo, deseable y necesario, que esta figura asuma un cargo importante.

 

Una figura política puede intentar incursionar en política, puede tener visibilidad, ser famoso, e incluso candidatearse a un cargo, pero eso no lo transforma en una marca política.
El mejor diagnóstico, sin esperanza y entusiasmo, no construye subjetividad emocional en términos del sistema de preferencias de los sujetos de elección.
La marca política es lo que te permite ocupar (y acumular) un lugar en la cabeza de la gente.


¿Que es el discurso de poder?

Discurso es organizar las percepciones. Poder es revelar potencialidad de acción. Por los tanto discurso de poder es organizar las percepciones en la cabeza de la gente en función de instalar la percepción acerca de una determinada potencialidad de acción en función de las demandas.

Este discurso negocia y crea lealtades en función de una promesa de marca. Responder a las demandas es construir el discurso de poder.

Muchas veces vemos políticos que durante años obtuvieron una cantidad limitada de votos y después de muchos años pasan a construir una mayoría. Es posible que el contexto internacional o nacional haya cambiado, es posible que su gente haya organizado el partido de manera más eficaz construyendo un despliegue territorial que antes no tenía, es posible que haya conseguido apoyos de empresarios o medios, pero lo que seguramente hizo fue pasar de que algunos quieran lo que ese político expresaba a expresar lo que muchos querían.

El candidato puede interpelar a los diferentes segmentos de la población, consolidar sujetos políticos de elección que se sumen a un espacio, y plantear un discurso de poder, en tanto desarrolle una marca política.

Sin marca política no hay acumulación posible, ni electoral ni de valoración general. El posicionamiento marcario permite construir el conducto imaginario entre la generación y organización de percepciones por parte de la marca política y la gente.

 

 

Donde

 

La marca política permitirá instalar esa percepción en 6 niveles para consolidar el liderazgo, la agenda y el despliegue territorial

:a) Ciudadanos (votos)

b) “La política” (checkpoint)

c) Players empresariales y corporativos (financiación y apoyo)

d) Medios (comunicación, apoyo)

e) Influencers: ”intelligentzia”, cultura y arte, poder intelectual,

f) Sector externo


La decisión consiste en pasar de ser una figura más o menos conocida a construir una marca política. Esta decisión obviamente política implica vocación de poder, cazar afuera del zoológico, interpelar y contener heterogeneidades intensas, y establecer una promesa de marca política que le de sentido al agrupamiento de esas diversidades en función de un ordenamiento de discurso de poder.

Rubén Weinsteiner

Discurso de poder: prepararse para ser mal interpretado o como lidiar con chicanas



Rubén Weinsteiner

Rubén WeinsteinerEn el discurso de poder tenemos que dar por hecho que vamos a ser mal interpretados, que nuestros dichos van a ser usados para beneficio de nuestros rivales con todo el potencial de sobredeterminación que nuestro discurso habilite. Como esos humoristas de bajo nivel que toman cualquier palabra para aplicarle un doble sentido con connotación sexual por ejemplo, nuestros adversarios en un debate utilizarán cualquier ventana de oportunidad para trasladar significantes de nuestro discurso hacia posiciones desventajosas para nosotros.

Ni explicar ni negar

Si tenés que explicar mucho no funciona y si tenés que negar menos.La funcionalidad de la negación en el discurso de poder, es inversa en términos de sus objetivos a la intención del emisor. Nadie que sea honesto debería decir “no robé ”, sería como para alguien que no tiene ninguna cicatriz en la cara, decir “yo no tengo ninguna cicatriz en la cara”. Si uno no tiene el deseo de tener algo ni nada con Claudia, difícilmente habilite los senderos neurológicos que le hagan decir algo relacionado con “tener algo con Claudia”, aún para negarlo, y eso las audiencias lo decodifican rápido, aunque no lo puedan poner en palabras y en emergencia, y fundamentarlo. El primer problema que presenta la negación de algo dicho consiste en rebatir con una respuesta racional una instalación emocional que han “comprado” algunas personas, chicana mediante. Una vez que la emocionalidad generada se instala, corre por canales separados con la racionalidad. El segundo problema consiste en la previsibilidad y obviedad, ya que lo que se espera siempre es la negación, con lo cual la predisposición del oyente es defensiva.

Estar preparado para la interpretación negativaNuestro discurso de poder debe contemplar esta búsqueda de nuestros rivales de la oportunidad para sobredeterminar significantes y por eso no debe dejar lugar para estas acciones. El lenguaje de precisión debe acotar el margen determinativo de nuestro verbatim. Frases cortas, alineadas con la estrategia en términos de la construcción de sentido e independientes de las preguntas e interrupciones de nuestros oponentes o moderadores ( en la medida de los posible esto últimos). Es decir aplicar el “vos pregúntame lo que vos quieras y yo te respondo lo que yo quiero”, para no darle el poder al otro para conducir, interrogar, calificar y hasta examinar.

Y que se hace si ?Que pasa cuando nos desviamos de esta estrategia y nuestro discurso contiene frases que requieren explicaciones largas o que su sobredeterminación habilita la utilización y la chicana? En ese caso lo que se impone es una explicación y si hay que explicar mucho no funciona. Pero hay que explicar porque ya lo dijimos y no podemos hacer “undo” para borrarlo. En ese caso tenemos que construir rápido una explicación de una frase con impacto, con la menor cantidad de palabras, donde cada palabra tiene que luchar por su supervivencia. Esa frase tendrá dos objetivos; a) dar una explicación sólida pero no terminante b) imponerle al moderador “imparcial” la necesidad de repreguntar. Ante la repregunta, debe venir una segunda frase también corta, que aclare pero deje espacio para que el moderador vuelva a preguntar. Esto es clave porque no somos nosotros los que intentamos “aclarar” forzadamente, sino que obligamos al moderador a requerir de nosotros aclaraciones, que se las damos a cuenta gotas y haciéndonos rogar, construeyendo la necesidad en la audiencia, representada por el moderador, de obtener un corpus amplificado de la aclaración.

Conclusiones y buenos negociosTerminada la batalla, se impone estudiar errores y aciertos para sacar conclusiones. Todo fase discursiva “mal interpretada” por la otredad, ergo por audiencias que esa otredad representa y por audiencia no comprometidas lábiles, debe ser analizada bajo la lógica de costo-beneficio.

Cual es el beneficio de decir algo? Cual es el costo?Puede que decir algo tenga ver con sentir la necesidad de plantear un peligro o de denunciar un hecho o de advertir sobre alguna alternativa que no está siendo tomada en cuenta. Ok, ese el beneficio. Pero también tenemos que medir el costo, y una vez medido costo-beneficio, debemos evaluar si fue un buen negocio haberlo dicho. El emisor del discurso de poder deber ser un buen hombre de negocios. Cuando se comete error, rápido tomar medidas y minimizar daños, pero en lo posible evaluar el negocio antes.

Rubén Weinsteiner

Rentabilidad y disfuncionalidad de la construcción “comunican mal”

Rubén Weinsteiner

 

La construcción “comunican mal”, es siempre un recurso utilizado en alegato propio, que intenta instalar la percepción de, “hacemos mucho, o hacemos bien, pero como comunicamos mal, la gente no se entera o no lo percibe”.

Es un recurso utilizado por muchos gobiernos, yo diría que casi todos en algún momento recurren a él.

Como recurso autoindulgente tiene una eficacia limitada, en términos de la intervención en la subjetividad de los sujetos de elección. Quizás pueda revelar mayor eficacia en términos de darle tranquilidad al emisor y al espacio del mismo, pero a un costo muy alto, ya que le obtura la posibilidad de intervención y resolución de los problemas. 


Bielsa no simplifica


Hace algunas semanas estaba mirando un partido del Leeds contra el Wolves, el Leeds perdió en Elland Road 1 a 0, en un partido donde quizás no mereció perder. Al finalizar el partido y ya en la conferencia de prensa, un periodista le preguntó a Bielsa porque creía que el Leeds había jugado mal, cuando en realidad, el partido fue muy parejo y Wolves llegó 2 veces al arco del Leeds.

Bielsa le respondió que Leeds no había jugado mal y continuó con un análisis: el volante de contención de su equipo no había anticipado al 10 de Wolves, dejándole metros, panorama y posición territorial para que el volante de creación llegara con mayor soltura al área rival. Esta desfasaje desacomodo sistemáticamente a la defensa de su equipo y en uno de los ataques le convirtieron.

La diferencia entre el “jugaron mal” y el “cinco no lo anticipó al 10 ni en territorio ni en el trámite del juego” es clara. La segunda opción permite intervenir sobre la realidad y modificarla, la primera, convoca a la resignación automática.

La primera definición carece de complejidad, rigor y análisis, La segunda requiere observación, compresión, creatividad y proactividad.


En momentos difíciles, la crítica general y emocional bloquea el análisis y la intervención. La observación y el señalamiento funcional abre la instancia del cambio. 


Por altura, en los corners nunca iba a cabecear, me quedaba en la puerta del área, esperando el despeje para pegarle al arco. Un técnico solía repetirme, que no sabía patear, que era un burro pateando. Otro, vino y me dijo: “ud patea bien, lo que pasa, es que tiene que mirar que el arquero camina lateralmente hacia el lado opuesto de donde viene el corner, si ud le pega al palo al que va, se la van a atajar, si le pega al palo de donde viene el córner, lo agarra a contrapierna al arquero y es más difícil que se la ataje.

Detectar, definir y proponer acciones puntuales y concretas, evitando simplificaciones y generalizaciones, es lo que se impone en momentos difíciles.

El gobierno nacional se encuentra en una situación compleja, herencia, pandemia, tensiones fuertes co el poder real, contradicciones internas, la subjetividad en disputa, en una puja brutalmente asimétrica y la incertidumbre como constante.


Y entonces

Retomando el ejemplo del Leeds, creo que sería muy positivo que el “volante de contención” anticipe al volante de creación del rival, en territorio y en juego, limitando las opciones del adversario y tomando la iniciativa. Una especie de Carlos Corach, que marcaba la agenda en la puerta de su casa y condicionaba el spin mediático del día.

Es necesario construir un diálogo eficaz y proactivo con los sectores medios.

Hace falta dar el debate con la hoja de ruta del otro en la propia mano.

Plantear un discurso posterior a la grieta. Posterior no en términos temporales, sino estructurales. Es decir que contenga y valide motivaciones, deseos, miedos, necesidades insatisfechas y broncas de ambas partes.

Plantear un discurso de poder que lejos de negar la grieta o descalificarla, la obsolotice.



Rubén Weinsteiner


El #CatchUp de las nuevas demandas en el #VotoJoven



Rubén Weinsteiner

Los segmentos constituidos por variables blandas se ordenan como el resultado de la articulación de nuevas demandas. Las personas demandan nuevas cosas y los que demandan las mismas nuevas cosas se agrupan funcionalmente en nuevos microsegmentos aunque esas personas sean muy diferentes entre sí, desde las variables más duras, determinando cruces, que plantean escenarios novedosos y lleno de oportunidades.

Frente a las nuevas demandas se impone, primero la escucha activa, la lectura interpretativa y la producción de nuevas subjetividades en términos de los nuevos problemas y las nuevas soluciones con las consiguientes promesas.

Intervención

El proceso de intervención consiste en: 1) lectura e interpretación de las demandas 2) caracterización y problematización discursiva 3) descripción de personajes y responsabilidades 4) planteo de promesa-solución.

La problematización de las situaciones e identificación de los personajes resulta esencial porque muchas personas pueden atribuir fenómenos a causas diversas o justificar el status quo problemático.

Responder a las nuevas demandas es construir el discurso, desarrollando un imput de lectura de esas nuevas demandas de los nuevos microsegmentos, para desplegar un output que se constituye en la promesa de nuestra marca política.

Ese discurso debe organizar las percepciones de la realidad, para poder plantear la problematización de la misma.

El Problema

Las realidades en si mismas no constituyen “el problema”, hasta que no se las organiza.

Las demandas no se constituyen en un proceso automático y natural, sino que se definen por la subjetividad enmarcada en los mecanismos primarios de referencia, que nos permiten construirnos una idea clara e inmediata de cómo leer la realidad a través de nuestro encuadre cognitivo (cognitive framing).
No hay un marco, hay una acción de encuadrar, de enmarcar la realidad.

Para intervenir sobre la subjetividad de los sujetos de elección hace falta conectar con su estructura de marcos cognitivos. Si nuestro discurso no esta alineado con los marcos de nuestro público, este lo rechazará o directamente no lo comprenderá, no lo sentirá, no le hará consonancia.

Es por eso que la lectura de las nuevas demandas y la construcción de la narrativa de la marca política adaptada a esas demandas puede y debe intervenir sobre ese encuadre cognitivo.

Esto es; alguien puede pensar que viajar mal en el transporte público es normal, que “es así”. Que los subtes son incómodos. La mirada crítica permitiría pensar que quizás los subtes son incómodos, porque no vienen con la frecuencia que deberían, y no vienen con la frecuencia que deberían porque no hay suficientes vagones, y que no hay suficientes vagones porque no se producen en el país y no hay recursos para importarlos, porque los recursos se gastan en otras cosas, y que si se gastaran en mejorar el transporte público todos podríamos viajar “como seres humanos” en el subte.

Que en un contexto de desempleo altísimo, un despedido puede pensar que el no estuvo a la altura, en un escenario de alta inflación que no se esfuerza para ganar lo suficiente o en una recesión profunda que no tiene habilidades para llevar adelante su pyme.
Alguien podría pensar que es normal que si uno tiene ganas de orinar, estando afuera, es normal tener que aguantarse porque es así, o hay que entrar a un bar, pedir un café e ir al baño. El pensamiento crítico podría llevarlos a pensar que todas las personas tienen la necesidad de orinar y que debería haber baños accesibles y próximos para que la gente orine.

Lo mismo con el acceso a los alimentos a precios posibles (comer hay que comer), a la salud, a la indumentaria, con las condiciones laborales, etc.

Por otra parte, una cosa es necesitar algo y otra es ser consciente de esa necesidad. O desear algo y no ponerlo en el nivel de emergencia, es decir obturar el deseo detrás de justificaciones o narrativas limitantes. Ya sea propias-históricas de falta de merecimiento o aptitud, o externas de la cultura dominante o el clima de época.

Para esto resulta esencial la construcción de nuevos significantes. Hay que ponerle nombre a los problemas y nombre a las soluciones.

El lenguaje es una construcción humana que a la vez construye al ser humano y es el órgano constitutivo del pensamiento de subjetivación, percepción y apropiación de la realidad.

Proceso de problematización

a) Diagnóstico del problema y nominación.

b) Corporización de los actores e intervención de los mismos en el proceso problematizador en términos de causa y efecto

c) Acción, expectativa, solución

El Naming del problema

Hay cosas que existieron siempre: el bullyng, el grooming, las start ups, etc. Pero recién cuando las denominamos, podemos darle entidad y operar sobre ellas en el plano de la realidad. El naming del problema debe constituirse en significante y conectar heterogeneidades diversas para poder ser horizontal, en lugar de "divide y vencerás", decimos, "agrupa y vencerás" el problema debe aglutinar, juntar, hacer confluir

El problema debe tener un nombre, y los actores también.

Instalado el problema en el imaginario y en la agenda, resulta ineludible para todos los sectores de la vida política y social, y los nombres, tanto del problema como de los actores, pasan a ser asumidos por todos los jugadores. De eso se trata la construcción de la hegemonía cultural.

Una vez que las nuevas demandas se problematizaron, hace falta construir la promesa de la marca política, el output.

La construcción de la promesa de marca en función del problema requiere de

1) Innovación

2) Diferenciación

3) Segmentación

Innovación para plantear soluciones disruptivas, novedosas y que no hayan sido implementadas hasta ahora.

Diferenciarse, porque todo lo que no es diferente es invisible. Sino es diferente no hay impacto, no hay mucho lugar para la emoción que impone la novedad, lo desconocido, lo nuevo. No se trata de convencer con viejos argumentos, se trata de vencer emocionalmente con nuevas subjetividades.

Segmentar para hablarle a cada uno y llegarle a cada uno con esas nuevas demandas que definen esos nuevos segmentos.

Rubén Weinsteiner

Subjetividad del discurso y relaciones de poder en el intercambio



Rubén Weinstener



Se le cuestiona a Jakobson la extensión que le da al término código, nosotros preferimos diferenciar: emisor frente a receptor, hablante frente a oyente, locutor frente a alocutario, enunciador frente a enunciatario...

Crítica de este esquema

Podemos señalarle a Jakobson no haber considerado suficientes elementos y no haber intentado hacer un esquema algo más complejo con el fin de que el mapa" se aapte mejor al "territorio*.

Alusión que repite Korzybski y que vale para todo tipo de producción discursiva: "El mapa no es el territorio".

El código


Problema de la homogeneidad del código

Es inexacto, que los dos participantes de la comunicación, hablen exactamente la misma "lengua". "Si ubicamos mil personas delante de mil sillas, declara Pottier, podemos obtener un millón de veces el término silla". Esta observación, señala el hecho de que los signos son necesarios al mismo tiempo que arbitrarios, ya que en el intercambio se juegan relaciones de poder y muy a menudo es el más fuerte quien impone al más débil su propio idiolecto.

Toda palabra quiere decir lo que yo quiero que signifique, pero al mismo tiempo "Toda palabra quiere decir lo que quiere decir", hay un sentido en la lengua.

Hablar es precisamente procurar que coincidan esas dos intenciones, esos dos querer decir.

Llamaremos competencia de un sujeto, a la suma de todas sus posibilidades lingüísticas, al espectro completo de lo que es susceptible de producir y de interpretar.

Llamaremos universo del discurso al siguiente conjunto:
1/ situación de comunicación
2/ limitaciones estilístico-temáticas.

Finalmente proponemos, con respecto al modelo de Jakobson, estos dos principios de enriquecimiento: Las competencias no lingüísticas y paralingüísticas, en las dos esferas del emisor y del receptor, agregamos: sus determinaciones psicológicas y psicoanalíticas, que desempeñan un papel importante en las operaciones de codificación/decodificación.

Sus competencias culturales o enciclopédicas, el conjunto de los conocimientos implícitos que poseen sobre el mundo e ideológicas, el conjunto de los sistemas de interpretación y de evaluación del universo referencial que mantienen con la competencia lingüística relaciones tan estrechas como oscuras y cuya especificidad contribuye todavía más a acentuar las divergencias idiolectales.

REFORMULACIÓN DEL ESQUEMA DE LA COMUNICACIÓN

Presentamos a continuación, tras estos comentarios, la reformulación del esquema de Jakobson que aquí proponemos:



Nos parece imposible disociar las competencias lingüísticas y paralingüísticas (mímica y gestos) en la medida en que, , la comunicación es multidimensional para transmitir las significaciones, los apoyos fonemáticos y paralingüísticos.

La importancia de los comportamientos paraverbales se manifiesta, entre otros, en el hecho de que es la dirección de la mirada del hablante lo que define prioritariamente al oyente en la comunicación oral y aún de manera más decisiva que el empleo del "tú" o "vos" lingüístico.

Llamamos universo del discurso a algo extremadamente complejo y heterogéneo, que abarca: los datos situacionales, y en particular la naturaleza escrita u oral del canal de transmisión, y la organización del espacio comunicacional, objeto de la reflexión proxémica.
Las restricciones temático-retóricas que pesan sobre el mensaje que se va a producir.

Autocriticas


Nos parece que nuestro modelo de la comunicación verbal, al darle un lugar a las otras competencias a las cuales se incorpora la competencia lingüística, y a los diferentes factores que mediatizan la relación lengua/habla y permiten la conversión de una en otra, hace ciertos aportes positivos al modelo de Jakobson.
Pero aún no es más que un esquema- demasiado estático.
Esta presentación no muestra ciertas propiedades características de la comunicación verbal:

La reflexividad: el emisor del mensaje es al mismo tiempo su primer receptor.
La simetría: el mensaje verbal pide generalmente una respuesta, es decir que todo receptor funciona al mismo tiempo como un emisor en potencia, la simetría implica que la respuesta se efectúe con la ayuda del mismo código.

Observación


Nuestro esquema supone que cuando uno habla el otro escucha en silencio y viceversa, es decir que los dos enunciados desempeñan alternativamente los papeles de emisor y receptor. Esta simplificación abusiva es en rigor aceptable en lo que concierne a los comportamientos verbales propiamente dichos en los que tal situación suele ser la más normal.

La complejidad de las instancias emisora y receptora


Esta presentación sólo da cuenta del caso más simple, y más raro, de la comunicación:
el de la comunicación dual (cara a cara).

El destinatario o alocutario (que puede ser singular o plural, real o ficticio), se define por el hecho de que es explícitamente considerado por el emisor L (lo que atestigua el empleo del pronombre de segunda persona y/o la dirección de la mirada) como su compañero en la relación de alocución. Por lo tanto, las operaciones de codificación están parcialmente determinadas por la imagen de ellas que se construye .

El amisor puede preocuparse, por la presencia en el circuito de la comunicación de destinatarios indirectos que, sin estar integrados en la relación de alocución, funcionan como "testigos" del intercambio verbal e influyen a veces en él de manera decisiva (ejemplos de chistes, discursos políticos, etc.).

Finalmente, en todo mensaje existen receptores adicionales y aleatorios, cuya interpretación del mensaje el emisor no se podrá prever, pero uno puede estar preparado para ser mal interpretado.

1) En este esquema el emisor y el receptor se enfrentan y sus esferas respectivas son como dos burbujas impermeables que se cuidan bien de intersectarse.

Todo receptor es al mismo tiempo un emisor en potencia, y que en la competencia cultural de los dos miembros de la comunicación es necesario incorporar la imagen que se forman de ellos mismos, que se hacen del otro y la que se imaginan que el otro se hace de ellos: no se habla de un destinatario real, sino a aquello que se cree saber de él, mientras que el destinatario decodifica el mensaje en función de lo que él cree saber del emisor.

Los dos interlocutores no se contentan con tomar por turno la palabra, teniendo en cuenta las imágenes que se han formado el uno del otro; hay una modificación recíproca de los protagonistas del discurso a medida que se desarrrolla lo que ciertos teóricos denominan como "interacción", donde también juegan los esquemas y relaciones de poder

Las competencias se interseccionan cuando tienden a adaptarse una a la otra en el curso del intercambio verbal, cada una modelando su propio código sobre el que, según se presume, posee el otro.

La comunicación se basa en este ajuste más o menos logrado, de los sistemas de referencia de los dos enunciadores.

2) la ideología, es un sistema de contenidos que se manifiesta en toda clase de comportamientos semiológicos, está en todas partes, sobretodo en contenidos lingüísticos.

3) el status del referente es complejo. Es exterior al mensaje pero envuelve a la comunicación. Éste se refleja en la competencia ideológica y cultural de los sujetos, es decir, en el conjunto de conocimientos que poseen y de representaciones que se han construido de él.

4) el canal es el soporte de los significantes, soportes éstos a su vez de las significaciones.
Al mismo tiempo funciona como un filtro suplementario sobre las elecciones lingüísticas.
La naturaleza del mensaje varía con la del soporte.

5) el universo del discurso incluye los datos situacionales y restricciones del género. Sus límtes son borrosos.

Rubén Weinsteiner

Latino voters’ interest in presidential race is mixed, and about half are ‘extremely motivated’ to vote

Latino voters are less likely than all U.S. voters to say they are extremely motivated to vote in the upcoming presidential election, with the Latino electorate expressing less interest overall in the presidential campaigns.


About half of Latino registered voters (54%) say they are extremely motivated to vote this year, compared with two-thirds of U.S. voters overall (69%). Meanwhile, a lower share of Latino voters (58%) than U.S. voters (69%) say they have given a lot of thought to the candidates. And compared with U.S. voters, a slightly lower share of Latino voters say it really matters who wins, 73% vs. 78%. In 2016, Latino voters also reported lower levels of interest in the election and in voting than U.S. voters overall.

A record 32 million Hispanics are projected to be eligible to vote in 2020, making up 13% of all U.S. eligible voters and exceeding for the first time the number of Black eligible voters in a presidential election. (Explore our interactive maps and tables to see Latino eligible voters by state and congressional district.)


How we did this


To explore Hispanic voter engagement in this year’s presidential election, we surveyed 11,929 U.S. adults, including 1,347 Hispanic registered voters, from Sept. 30 to Oct. 5, 2020. Everyone who took part is a member of Pew Research Center’s American Trends Panel (ATP), an online survey panel that is recruited through national, random sampling of residential addresses. This way nearly all U.S. adults have a chance of selection. The survey is weighted to be representative of the U.S. adult population by gender, race, ethnicity, partisan affiliation, education and other categories. Read more about the ATP’s methodology.

Here are the questions used for this report, along with responses, and its methodology.

A record number of Americans have voted before Election Day, and it is possible overall U.S. voter turnout will reach historically high levels in 2020. Latinos have typically voted at lower rates than U.S. voters overall. In 2016, 48% of Latino eligible voters said they voted, a similar share to 2012 and lower than the 61% of all U.S. eligible voters who cast a ballot four years ago. (Eligible voters are adult U.S. citizens, whether registered to vote or not.)


Engagement varies among some groups of Hispanics who are registered to vote. College graduates are more likely than those with some college education or less to say they are extremely motivated to vote (68% vs. 50%), have given a lot of thought to the presidential candidates (71% vs. 54%) and that it really matters who wins (80% vs. 71%).

Higher shares of Latino registered voters ages 50 and older than those 18 to 49 are extremely motivated to vote (65% vs. 48%), have given a lot of thought to the presidential candidates (68% vs. 52%) and say it really matters who wins (80% vs. 68%). These differences by age are also seen among all U.S. voters.

 

Rubén Wensteiner


Microsegmentación definida por variables blandas en el voto joven: lo que los jóvenes hacen más que lo que son




Por Rubén Weinsteiner


Los segmentos constituidos por variables blandas se ordenan como el resultado de una articulación de demandas. Las personas demandan cosas y los que demandan las mismas cosas se agrupan funcionalmente en microsegmentos auqnue sean muy diferentes entre sí, determinando cruces a veces disrutptivos, que plantean escenarios novedosos y lleno de oportunidades.

Cambia, todo cambia

Los sujetos de elección jóvenes son volubles y esperan grandes cambios. Los sujetos jóvenes siempre esperan que algo ocurra, que algo cambie, que los represente, sentir consonancia emocional e intelectual y poder identificarse.

Esos cambios esperados, articuados en imágenes, se constituyen en la demandas que los ordenan como microsegmento, y se satisfacen con ideas y emociones que asumen el rol de promesa y perspectiva de futuro de la marca política.

La imagen es a la vez un recuerdo, un deseo y una anticipación (Joseph H. Smith, Duelo e historicidad humana)

Esa imagen-demanda es una re-creación de una satisfacción pasada, vivenciada o no, siempre deseada y añorada, ahora nuevamente querida y anticipada.
Reason why

El sistema de preferencias en el #votojoven no se articula por la autopista prometida, sino por la perspectiva planteada de cómo se van a sentir los votantes con la autopista construida. La autopista sirve para más gente visite tu ciudad, poder visitar nosotros más lugares, estar más cerca, ir más a lugares más rápido, para llegar más temprano a jugar con tu hijo, para conseguir otro trabajo más lejos, aumentar las ventas, que un hotel se llene, que hermanos se vean más, que visites mas a amigos, padres etc.

El que y el para que

Nunca confundir el qué, con el para qué. La emoción del reason why (para qué), se constituye en atajo cognitivo vía imagen traducida en perspectiva emocional, para fundamentar la promesa de la marca política

Los jóvenes demandan cosas de un poder determinado, y ese poder determinado no puede absorber todas las demandas de un segmento. Y los jóvenes requieren un poder que satisfaga todas sus demandas, por lo tanto esos poderes no puede constituirse en una contrapartida coherente de esos segmentos. La demanda requiere la totalización y como no la encuentra en un solo segmento se parte, pidiéndole las mismas cosas a diferentes poderes.

Los segmentos jóvenes comienzan a atomizarse y cruzarse, porque le piden cosas similares a diferentes poderes. Algunos le piden al gobierno nacional, otros al provincial, o a la iglesia, a los sindicatos, a las organizaciones ambientales, a la oposición, al tercer sector, a la justicia, a los sindicatos, a las auutoridades de la universidad, club, etc.

Este es el mecanismo que determina la constitución de microsegmentos cruzados definidos por variables blandas.

Microsegmentación definida por variables blandas

En ningún sector se observa tan claramente la dinámica de la microsegmentación como hacia el interior del #votojoven. Porque los jóvenes, son más flexibles, adoptan nuevos intereses, cambian, se enamoran más fácilmente y más rápido, se sienten parte de nuevos colectivos ipso facto, se juntan, se agregan, se separan, se vuelven a agregar, se comprometen mucho más rápido que los mayores.

El nuevo escenario impone microsegmentar al interior del voto joven por variables blandas (focos de pertenencia, pertinencia e interés tribal), no tanto por variables duras (edad, años de escolaridad, lugar de residencia, religión), es decir, por lo que los jóvenes hacen más que por lo que los jóvenes son.

El joven quiere ser parte de algo, revelar y ejercer pertenencia y pertinencia, compromiso hacia una agrupación, entorno de un grupo musical, de una tribu urbana, de un grupo de amigos, barra, banda, club, tribu de seguidores, fieles, creyentes, etc.

La cultura que viene propone una microsegmentación transversal, donde se cruzan los microsegmentos y agrupan a personas diferentes a través de diversos aglutinadores , y los ponen en escenarios diferentes a los protagonizados por la generación de sus padres.

Cuando microsegmentamos, más que pensar en lo que decimos debemos enfocarnos en a quien se lo decimos. La microsegmentación por variables blandas debe objetivar lo que los jóvenes hacen, lo que demandan y a quien se lo demandan, para poder interpelar , impactar y acumular con eficacia en el microsegmento objetivo.

En el voto joven, los microsegmentos, los colectivos, las tribus y las agregaciones, se despliegan en forma transversal, priorizando el deseo, por sobre la necesidad. La marca política como intermediaria debe legitimar esos deseos y hacerse cargo de los mismos. El sistema de preferencias en el #votojoven se resuelve por emoción y deseo, mas que por utilidad y necesidad.

Rubén Weinsteiner

Large Shares of Voters Plan To Vote a Straight Party Ticket for President, Senate and House

Some races do not include candidates of both major parties (for example, a few districts in California have two Democratic and no Republican candidates). Excluding these handful of races where there are not two major party candidates running does not meaningfully impact the conclusions of this report, but they have been included in the analyses presented here.

Everyone who took part in this survey is a member of Pew Research Center’s American Trends Panel (ATP), an online survey panel that is recruited through national, random sampling of residential addressees. This way nearly all U.S. adults have a chance of selection. The survey is weighted to be representative of the U.S. adult population by gender, race, ethnicity, partisan affiliation, education and other categories. Read more about the ATP’s methodology.




In an era of increasing partisanship, split-ticket voting continues to be rare in U.S. politics. With control of the Senate at stake on Nov. 3, just 4% of registered voters in states with a Senate contest say they will support Donald Trump or Joe Biden and a Senate candidate from the opposing party.

In voting for both the House and Senate, partisanship prevails. About eight-in-ten of voters (78%) say they will vote (or already have voted) for either Biden and the Democratic House of Representatives candidate (43% of all voters) or Trump and the Republican candidate (35% of all voters) in their congressional district.

Only 4% of registered voters say they plan to vote for Biden and the Republican candidate for House in their district or Donald Trump and the Democratic House candidate. This is little changed from four years ago. It is more common for voters to say they plan to vote for a third-party candidate for president (or less commonly, for the House) and a major-party candidate for the other race. Still, only 6% of voters say they plan to cast their ballots this way.

Similarly, among those living in states with Senate races, the largest share of voters say they plan to vote for both Biden and the Democratic Senate candidate (42%) or Trump and the Republican Senate candidate (38%) in their state. A recent analysis of U.S. Senate elections since 2012 shows how rare it is for a Senate race to go a different way from a state’s votes in presidential elections. In 139 regular and special elections for the Senate since 2012, 88% have been won by candidates from the same party that won that state’s most recent presidential contest.

This analysis of split-ticket voting is based on Pew Research Center’s recent national survey, conducted Sept. 30 to Oct. 5 among 11,929 U.S. adults, including 10,543 registered voters in which Biden garners support from 52% of registered voters and Trump is supported by 42%. The survey used information about respondents’ locations to present survey-takers with the names of the candidates running in each congressional race.
Modest demographic differences in split-ticket voting

Majorities of every major demographic group in the electorate are voting for the same party’s candidate in the presidential election and the congressional election in their district. The share of voters in any major demographic group that casts a ballot for both a Republican and a Democratic candidate in these elections is usually less than 5% across major demographic groups.

Straight-ticket voting mirrors presidential voting patterns. Men are more likely than women to vote for Republican candidates in both the House and presidential elections, while women are more likely to support Democratic candidates in both.

White voters are substantially more likely than voters of other racial and ethnic backgrounds to vote for Republican candidates in both the congressional and presidential elections.

The share of voters casting a straight-ticket Republican ballot in these elections increases steadily with age. Only 22% of Gen Z voters are voting this way, compared with nearly half (47%) of Silent Generation voters.

Gen Z and Millennial voters are also more likely than voters in older generations to support third- or fourth-party candidates for president; 13% of Gen Z voters favor non-major party candidates for either House or president, as do 9% of Millennial voters. Thus, larger shares of voters in these generations split their votes for president and the House. But just 3% of Gen Z voters and 4% of Millennials favor Biden and a Republican House candidate or Trump and a Democrat. That is comparable to the shares of older voters who divide preferences on a partisan basis in voting for president and the House.

Voters with a bachelor’s degree or more education are much more likely to vote a straight Democratic ticket in these races than are those with less education. There is no relationship between education and Republican-Democratic split-ticket voting; equal shares of voters (4%) across different levels of educational attainment vote this way.

Lower-engagement voters – those who say they have given less than “a lot” of thought to the presidential race – are more likely than others to split their tickets between the Republican and Democratic candidates in the presidential and congressional elections in their districts, though it is still very uncommon (6% of lower-engagement voters vs. 3% of those who are paying a lot of attention to the race).

These lower-engagement voters are much more likely to support minor-party candidates in either the presidential race or the congressional race in their district (14% of those who are paying less than “some” attention to the race vs. 5% of those who are paying “a lot” of attention).

Among all registered voters, Democrats hold an edge in congressional elections, with 46% of voters saying they will vote (or have already voted) for the Democratic candidate in their district and 40% saying they support the Republican candidate. About one-in-ten voters (11%) are not sure whom they will support.

Trump voters and Biden voters overwhelmingly say they support the same party’s candidate for the congressional race in their district (83% of each say they will support a candidate of the same party). Voters who support minor-party candidates for president are about evenly divided in their vote for the House of Representatives (29% support the Democrat and 31% support the Republican).

Trump supporters and Biden supporters living in districts with an opposite-party incumbent are slightly more likely to split their tickets than those living in districts with a same-party incumbent or an open-seat contest. Trump supporters in districts with Democratic incumbents and Biden supporters in districts with Republican incumbents are also more likely than those with same-party incumbents to say they are undecided in the congressional race.

Overall in states where there is a Senate contest, support for Senate candidates is roughly evenly divided. The share of voters supporting the Democratic candidate (45%) in their state is similar to the share supporting the Republican candidate (43%), and 8% of voters say they aren’t sure at this point whom they will support.

Similar to the elections for the House of Representatives, overwhelming shares of voters who are supporting Trump (88%) and Biden (84%) say they are also supporting the same-party candidate for Senate, while those who are supporting a minor-party candidate are more divided (27% support the Democratic candidate in their state and 35% support the Republican candidate).

Unlike in the House elections, there is less evidence that incumbency has any effect on split-ticket voting in these higher-profile Senate races.

El #DiscursoDePoder de la #MarcaPolítca en tiempos de crisis



Rubén Weinsteiner


Discurso de poder

El discurso político debe organizar las percepciones que queremos construir en la cabeza de la gente. Esas percepciones tienen que ver con la valoración y ponderación de la realidad y con el posicionamiento de nuestra marca política.

El Poder es la potencialidad de acción. Es una construcción que consiste en una percepción que determine que A puede hacer x.

El discurso político tiene tres tipos de destinatarios básicos:

a) El co destinatario: el militante, el convencido
b) El para destinatario: el sujeto sobre el cual pretendemos colonizar subjetividades.
c) El contra destinatario: el adversario político-ideológico, el competidor electoral.

Los tres grupos deben ser micro segmentados para poder intervenir de manera precisa y quirúrgica.

El discurso de poder, es decir la construcción de la percepción de un determinado problem y la construcción de la percepción de que podemos hacer algo determinado para resolverlo tiene características específicas para cada uno de estos tres grupos.
Mientras para el primero, el militante la percepción debe tener más mística, religiosidad y compromiso, con para el destinatario se impone una intervención que lea la cancha del otro, sus percepciones y pueda intervenir desde sus presupuestos y paradigmas emocionales. En el caso del tercer grupo, el antagonista es usado basicamente para afirmar lo que uno no es, por lo tanto es distinto a. La visibilidad comienza en la diferencia y la identidad se consolida a partir de ella.

Reset

Cuando tiene lugar una crisis profunda, económica, social o política, o las tres juntas, se produce un reseteo en términos de los sistemas de preferencias.

El 2001 fue un reset profundo. Votantes que jamás hubieran votado por el peronismo, se hicieron kirchneristas, y hoy no imaginan votar a alguien no peronista. Progres que veían a Macri como un límite, se hicieron macristas, el espacio público se volvió a poblar de actores, los jóvenes volvieron a la política.

Estos contextos constituyen un escenario ideal para marcas políticas innovadoras.

Las demandas se renuevan y resignifican, por eso hace falta segmentar por variables blandas, por pertinencia y pertenencia, no tanto por lo que la gente es, sino por lo que hace, lo que le interesa, lo que la motiva, lo que desea.

Esta segmentación etnográfica 4.0 se ve potenciada por la big data, y nos permite intervenir como nunca con un discurso de poder potente.

Responder a las demandas es construir el discurso.

Desarrollar un imput de lectura de esas nuevas demandas de los segmentos determinados por la estrategia y desplegar un discurso de promesa de output que se constituye en el reason why de nuestra marca política.

Ese discurso debe organizar las percepciones de la realidad, para poder plantear la problematización de la misma.

Las realidades en si mismas no constituyen “el problema”, hasta que no se las organiza.

Que haya una caída fuerte del salario, crezca el desempleo, cierren pymes, la inflación de devore el poder adquisitivo del salario o un la recesión destruye la actividad, no hace que la gente salga a la calle o vote contra alguien per se.

Quizás un gobierno logre que la población culpe a la pesada herencia, o a la corrupción o que pasaron cosas, o a la mala suerte por estos hechos.

La atribución del significado reptiliano-emocional a hechos objetivos no es unívoca. Y esa interpretación es el campo de batalla por la subjetividad.

Esa subjetividad consiste en lograr el insight del sujeto de elección sobre los mecanismos de causa-efecto de políticas y problemáticas, aún las no tipificadas.

El proceso de construcción del reason why del problema es:

a) Diagnóstico del problema y nominación.

b) Corporización de los actores e intervención de los mismos en el proceso problematizador en términos de causa y efecto

c) Acción, expectativa, solución

El Naming del problema

Hay cosas que existieron siempre: el bullyng, el grooming, las start ups, etc. Pero recién cuando las denominamos, podemos darle entidad y operar sobre ellas en el plano de la realidad. El naming del problema debe constituirse en significante y conectar heterogeneidades diversas para poder ser horizontal, en lugar de "divide y vencerás", decimos, "agrupa y vencerás" el problema debe aglutinar, juntar, hacer confluir

El problema debe tener un nombre, y los actores también.

Instalado el problema en el imaginario y en la agenda, resulta ineludible para todos los sectores de la vida política y social, y los nombres, tanto del problema como de los actores, pasan a ser asumidos por todos los jugadores. De eso se trata la hegemonía cultural.

Esto se da cuando un diario de derecha liberal habla de "capitalismo salvaje" o cuando le preguntaban a Margaret Tatcher, sobre cuál había sido el mayor logro de su gobierno y respondió: Tony Blair (teniendo en cuenta que Blair representaba a la izquierda laborista, pero compartía los presupuestos del liberalismo económico).

Hay un problema, no es producto de los desastres naturales o que pasaron cosas, o culpa de otro, hay causas y responsables, hay soluciones.

Un ejemplo claro lo constituye "La Guerra del gas" en Bolivia. Durante muchos años Bolivia tuvo una grieta de 3 sectores: los europeos, los indigenas, la izquierda mestiza. Ninguno confiaba en el otro, los europeos de Santa Cruz veían a los otros 2 grupos como atrasados, los indigenas se sentían discriminados e invadidos por los europeos y rechazaban el socialismo del MAS, porque entre los aymarás y los quechuas la propiedad privada era un pilar fundamental. Los socialistas rechazaban a los europeos por racistas y a los indigenas por no aceptar el socialismo.

En 2002 Evo Morales hizo el primer intento de juntar por primera vez a los indigenas y a la izquerda y obtuvo el 20% de los votos. Pero el salto lo dio en 2003 con la llamada "Guerra del gas", ahi encontró el significante aglutinador y lo dotó de significados, para juntar a todos los opositores con "El gas no se vende". De un lado quedaron los que querían privatizar el gas y del otro lado los que querían nacionalizarlo. Tres años más tarde Evo llegaría al poder con otro significante aglutinador "Viva la Coca". Un significante que planteaba lo autóctono contra las imposiciones de EE.UU. con la guerra contra los cultivos de Coca. A partir de allí la lucha por la construcción del problema, y la construcción del significante aglutinador la dieron los europeos, que plantearon la lucha contra "la dictadura" "el centralismo" "el atraso", planteando el autonomismo como solución al problema y promesa de marca política.

La respuesta de Evo fue construir "el pueblo indigena contra la derecha transnacional y traidora" y sancionar después de un referéndum una nueva constitución con tres pilares:

1) Estado plurinacional (integración, legitimación y reivindicación de los indigenas)

2) Estado soberano (lucha contra las multinacionales)

3) Estado autonómico ( con esto les robó uno de los reason whys a los europeos)

Con el último punto golpeó fuerte a la oposición.

Hoja de ruta
1) Construcción de "el problema"
2) Agrupación de realidades heterogéneas en torno al significante
3) Naming
4) Actores
5)Solución

La construcción del "problema" es el paso más estratégico en la construcción del discurso.
El imput en el discurso y la construcción del output transformado en "reason why" es la diferencia entre comunicar y construir una marca política, es decir, es la diferencia entre que vos quieras lo que yo tengo y que yo tenga lo que vos querés.

El discurso de poder es organizar las percepciones en función de que la gente sienta, crea, esté convencida que A puede hacer x. 


Rubén Weinsteiner

Latino voters have growing confidence in Biden on key issues, while confidence in Trump remains low

As Election Day nears, Hispanic registered voters in the United States express growing confidence in Joe Biden’s ability to handle key issues like the coronavirus outbreak, with women and college graduates especially confident. By contrast, Hispanics’ views of Donald Trump on major issues are largely negative and mostly unchanged from June. These views of the 2020 presidential candidates come as most Hispanic voters continue to hold bleak views of the nation and its economy after months of widespread job losses and illness due to COVID-19, according to a Pew Research Center survey conducted Sept. 30-Oct. 5.


About two-thirds of Latino registered voters say they are somewhat or very confident in Biden to tackle five issues asked about in October, with confidence in Biden higher on every issue since June. The share with confidence in Biden to handle the public health impact of the coronavirus outbreak is up 8 percentage points, 71% in October vs. 62% in June. The largest increase – 15 points – came on confidence in Biden’s ability to bring the country closer together, a margin of 70% vs. 55%. Meanwhile, 66% have confidence in Biden to make good decisions about economic policy, up from 58% who said so in June. In an earlier survey this summer, Latino voters said the economy, health care and the coronavirus outbreak were three of the most important issues to their vote for president.

U.S. registered voters overall also express growing confidence on Biden on these issues, though the increases were more modest and confidence was lower than among Latino voters. For example, 57% of U.S. voters say they have confidence in Biden to handle the public health impact of the coronavirus outbreak, up from 52% in June.


How we did this


Pew Research Center conducted this study to understand how Americans view the upcoming 2020 presidential election and the presidential candidates. For this analysis, we surveyed 11,929 U.S. adults, including 1,347 Hispanic registered voters, during the last week of September and the first week of October 2020. The survey was in the field when Trump announced, early on the morning of Oct. 2, that he and first lady Melania Trump had contracted COVID-19.

Estimates of Hispanic eligible voters in battleground states are based on the U.S. Census Bureau’s 2018 American Community Survey provided through Integrated Public Use Microdata Series (IPUMS) from the University of Minnesota.

Everyone who took part in this survey is a member of Pew Research Center’s American Trends Panel (ATP), an online survey panel that is recruited through national, random sampling of residential addresses. This way nearly all U.S. adults have a chance of selection. The survey is weighted to be representative of the U.S. adult population by gender, race, ethnicity, partisan affiliation, education and other categories. Read more about the ATP’s methodology.

Here are the questions used for this report, along with responses, and its methodology.


Latino voters have significantly less confidence in Trump on these issues. Fewer than half say they are somewhat or very confident that he can handle the five issues, with views on most largely unchanged since summer. Only about three-in-ten Latino voters (29%) say they are confident that Trump can handle the health impact of the coronavirus outbreak. A higher share (44%) are confident that Trump can make good decisions about economic policy. Notably, a declining share of Latino voters say they have confidence that the president can bring the country closer together – 20% in October, down from 28% in June.

Among all U.S. voters, confidence in Trump on these issues is also mostly unchanged, though Americans overall have more confidence in the president than Latino voters. Four-in-ten U.S. registered voters (40%) say they have confidence in Trump to handle the health impact of COVID-19, and 30% have confidence that Trump can bring the country closer together. These shares are little changed from June.

A record 32 million Hispanics are projected to be eligible to vote in 2020, a total that for the first time exceeds the number of Black eligible voters in a presidential election. Hispanic voter turnout has historically lagged that of other groups, though turnout spiked among Hispanics and other groups for the 2018 midterms and approached levels normally seen during presidential election years. Even so, Hispanics made up only 8% of all voters in 2018, compared with 10% in 2016. (Explore our interactive maps and tables to see Latino eligible voters by state and congressional district.)
Biden leads among Hispanic voters


Biden holds a 34-point advantage over Trump among Latino eligible voters, far larger than Biden’s 10-point lead among all U.S. voters. In the new survey, 63% of Latino voters say they would vote for Biden or lean toward voting for him if the election were held today, while 29% say they would vote for Trump or lean toward voting for him. In 2016, Latino voters had similar preferences, according to exit polls and a Pew Research Center study of validated voters.

Among Hispanic voters, a higher share of college graduates than those with some college experience or less say they favor Biden, 69% vs. 61%. Meanwhile, 67% of Hispanic women voters and 59% of registered Hispanic men say they prefer Biden.

More Latino voters who support Biden say their choice is more of a vote against Trump than it is a vote for Biden, 59% vs. 40%.

At the same time, Hispanic voters who back Biden are sure about their choice, with 86% saying they are certain they will vote for him – similar to the share among all U.S. voters who support Biden. However, only 57% of Hispanic voters who prefer Biden say they are extremely motivated to vote, a lower share than among the 72% of Biden supporters nationwide.
Hispanic voters in battleground states


Biden holds a narrower lead over Trump (54% vs. 37%) among Latino registered voters in nine “battleground” states – Arizona, Florida, Georgia, Iowa, Michigan, North Carolina, Ohio, Pennsylvania and Wisconsin.

Stronger Hispanic support for Trump in battleground states reflects the group’s large population in Florida, where Cuban Americans have helped shape a Hispanic electorate that leans more Republican than Hispanic voters nationwide.

The nine battleground states together have more than 6.3 million Hispanic eligible voters – defined as adult U.S. citizens – and Florida alone (3.1 million) accounts for half of the total. The next largest state is Arizona, with nearly 1.2 million Hispanic eligible voters. In both states, Hispanics make up a fifth or more of all eligible voters – 20% in Florida and 24% in Arizona.

The remaining battleground states, with a combined 2 million Hispanic eligible voters, have smaller but still notable Hispanic electorates. For example, Pennsylvania (521,000), Michigan (261,000) and Wisconsin (183,000) each have sizable numbers of Hispanic eligible voters that can play a role in swinging close elections. In 2016, the presidential contests in these states were decided by a combined total of 77,744 votes.
Impact of COVID-19 on Hispanics

The coronavirus has disproportionately harmed the personal finances of Hispanics, with Hispanic women experiencing the largest job losses of any racial or ethnic group, regardless of gender. About half of Hispanics (53%) say they or someone in their household has been laid off or taken a pay cut because of COVID-19, compared with 42% of all U.S. adults. Since the outbreak started in February, significant shares of Hispanics say they have used money from savings or retirement funds to pay bills (43%), had trouble paying bills (37%), gotten food from a food bank (30%) or had problems paying their rent or mortgage (26%).

Latinos have also experienced disproportionate health impacts from COVID-19. As of mid-August, about one-in-five Latino adults (22%) said they have had a positive coronavirus test (7%) or were “pretty sure” they have had it (15%). By contrast, 14% of all U.S. adults said they have had a positive test (3%) or were pretty sure they have had the virus (11%).


In the new survey, the Hispanic voter groups most confident that Biden can handle the public health impact of the coronavirus outbreak include women (80%) and college graduates (79%). By contrast, lower shares of Hispanic male voters (61%) and Hispanic voters with some college education or less (68%) say they are somewhat or very confident in Biden.

Hispanic voters have far less confidence in Trump’s ability to handle COVID-19, though there are some differences by education. Especially low shares of Hispanic voters who are college graduates (22%) say they have confidence in Trump to handle the public health impact of the coronavirus outbreak, compared with 31% of those with some college education or less. Meanwhile, 26% of Hispanic women voters and 33% of Hispanic male voters have confidence in Trump to handle the outbreak.
Few Latinos view the economy as good, although there is optimism for the future


Roughly three-in-ten Latino registered voters (29%) rate economic conditions in the country as excellent or good, up from 20% in June, but lower than the 35% of all U.S. voters who say so. For Latino voters, the share remains far below the 49% who gave a positive rating to U.S. economic conditions in January, about two months before President Trump declared a national emergency on March 13 due to COVID-19.

Hispanic male voters have a more positive view of the nation’s economy than Hispanic women voters, 34% vs. 23%. Differences also exist by education among Hispanic voters, with 31% of those with some college education or less rating the economy as excellent or good, compared with 22% of college graduates.

Among Biden supporters, only 14% of Latino voters rate the U.S. economy as excellent or good.

Hispanics have some optimism about the future of the economy. About half of Hispanic voters (53%) say they expect economic conditions will be better a year from now, while 30% say conditions will be about the same and 16% say they will worsen.

Older Hispanics have more optimism on this measure than younger Hispanics. About six-in-ten (60%) Hispanic voters ages 50 and older say U.S. economic conditions will be better a year from now, compared with about half (48%) of Hispanic voters ages 18 to 49. Somewhat similar shares of men (57%) and women (49%) among Hispanic voters say economic conditions will have improved in a year. There was no difference by education levels among Hispanic voters, with about half of college graduates and those with some college experience or less saying the economic conditions will be better in a year.
Most Latino voters say they are ‘fearful’ about the state of the nation


Roughly two-thirds of Latino registered voters (68%) say they are fearful about the state of the nation. Meanwhile, 45% of Latino voters say they are hopeful. These views are similar to those reported in June, and similar to those among U.S. voters overall. Latino voters across demographic groups express similar levels of fear when thinking about the state of the country. By contrast, levels of hope for the country among Latino voters vary by gender and education levels.

About half of Hispanic men registered to vote (51%) say they feel hopeful about the state of the country, compared with only 36% of Hispanic women voters. Meanwhile, 37% of Hispanic voters with a bachelor’s degree or more say the feel hopeful, while 47% of Hispanic voters with some college experience or less say the same.

Among Biden supporters, 79% of Latino voters say they feel fearful about the state of the country. Meanwhile, 36% say they feel hopeful.

Latinos voters also had negative views about the nation’s direction. Only one-in-five (21%) say they are satisfied with the way things are going in the country today, a similar share to June (19%) but down from 32% in December 2019.

El diálogo emocional con los refractarios posibles


Rubén Weinsteiner


La era 4.0 en general, y las redes sociales en particular profundizaron los esquemas relacionales endogámicos. Por lo general las personas que seguimos en Instagram, nuestros amigos en Facebook y los que seguimos en Twitter, piensan parecido a nosotros. Este proceso tuvo diferentes etapas que desde lo micro podemos plantear como conflictos de resolución difícil, agresiones, toma de posiciones duras, bloqueos e interrupción de relaciones, lo que fue determinando sistemas sociales homogeneos con retroalimentación de creencias, endurecimiento de posturas, y profundización de convicciones y distancias con campamentos antagónicos.

Este esquema grietario, cuyos correlatos vemos en los resultados electorales, en los grupos de whats app, en las oficinas o en los asados, hizo que nuestros dialogos sean cada vez con los propios, con los convencidos, con los que validan y confirman nuestros marcos de referencia.

Se trata de audiencias redundantes que endurecen adhesiones y lealtades pero no cazan fuera del zoológico, no suman ni acumulan por afuera de lo que ya se tiene.

En las matrices de representación actuales, no se gana una elección por diferencias holgadas, por lo general lo que vemos, son sociedades partidas en dos con un esquema grietario fuerte como el caso de EE.UU., Brasil o Argentina o a lo sumo en tres como en España, y donde las victorias se dan diferencias cada vez más pequeñas.

En este escenario cada voto cuenta como nunca, estamos a un cuñado, un vecino, un compañero de trabajo de ganar una elección.

Para salir afuera, ver el sol y abordar a los no propios hace falta, despejar miedos, odios y boicots, desplgar templanza y empatía, curiosidad en lugar de enojo (Curious but no furious), en definitiva, dejar a la gente terminar las frases y no saltarle encima. Escuchar. Entender demandas que aún no fueron verbalizadas, para proponerle a la gente cosas que ni ellos se dijeron a si mismos, o ni siquiera saben, que quieren.

Resulta poco eficaz desde el punto de vista de la economía de fuerzas intentar abordar al núcleo duro del otro campamento. Trump suele jactarse que su voto duro no cambiaría el voto, por más que el se parara la quinta avenida y se pusiera a dispararle a la gente. Podríamos decir que lo que lo rechazan profundamente, no modificarán su sentir en ningún escenario. El núcleo duro no cambia, por eso no hay que perder tiempo. Los núcleos de adhesión son como capas de cebolla, las mas superficiales son abordables, las del centro no. Resulta clave descomponer el voto no propio blando en microsegmentos ponderados por particularidades específicas, que permitan definir cursos de acción diferenciales y específicos.

Hay que identificar la abordabilidad de los diferentes segmentos. Que “cuñado” es más permeable. El abordaje debe desplegarse en el 5/10% que no revela posicionamientos adquiridos, el segmento más fluctuante, el menos politizado y el más lábil.

Las lealtades, adhesiones, rechazos, amores y odios hacia una marca política, no se constituyen en un proceso automático y natural, de condición y reacción, sino que se definen por la subjetividad enmarcada en los mecanismos primarios de referencia, que nos permiten construirnos una idea clara e inmediata de cómo percibir, leer, sentir y organizar percepciones acerca de la realidad a través de nuestro encuadre cognitivo (cognitive framing).

El discurso de la marca política debe reconocer con vocación de inmersión acrítica los marcos cognitivos de los diferentes públicos, revelar empatía por los drivers de esos marcos cognitivos, y apropiarse de los mismos, leer miedos y demandas y problematizar para proponer, convocar, validar y esperanzar. Intervenir y comprometer desde el discurso al sujeto de elección con una perspectiva de un futuro distinto, mejor y alineado con las demandas latentes de los marcos cognitivos y que de soluciones a los mismos desde lugares nuevos.

Curioso y no furioso

La dinámica de intervención de la subjetividad es compleja. Hay que asumir que ese encuadre determina un universo de sentidos que puede producirnos incomodidad, rechazo entre un repertorio de sentimientos.

Lo primero es cambiar el chip de la furia a la curiosidad. Porque esta persona odia lo que para mi es bueno? Si me cambio de lugar quizás lo vea diferente? Como puede defender lo que para mi es indefendible? Son preguntas esenciales e inevitables si queremos intervenir sobre la subjetividad del “cuñado”.

Se trata de dejar de “hablar entre nosotros”, dejar de ver quien es más nosotros que el otro y hablar con el otro. Que 50 militantes puristas endogámicos se conviertan en 50 evangelizadores

La dinámica del one to one, a diferencia del one to many, permite leer las reacciones, modificar, hacer rapport, manejar los tiempos y convocar emocionalmente en forma intensa a una persona y fijar un anclaje.

Secta o Iglesia

Hay dos diferencias entre una secta y una iglesia.

Ante todo el pragamtismo y después la voluntad de sumar y no encerrarse.

Para ser iglesia y no secta hace falta abordar de manera eficaz a los posibles no propios, no con la idea convencer, sino de vencer emocionalmente.

¿Cómo?

No hay un marco, hay una acción de encuadrar, de enmarcar la realidad. El marco es nada, enmarcar es todo.
Si nuestro discurso no esta alineado con los marcos de nuestro público, este lo rechazará o directamente no lo comprenderá, no lo sentirá, no le hará consonancia.

1) Escuchar: absorber, dejar venir, no cortar, dejar que el otro pueda descargar su energía basada en el rechazo, que es miedo encubierto.

2) Conceder y acordar: reconocer, aceptar fallos y debilidades, no fijar certezas, sino sembrar dudas. Disolver el miedo. Al abordar microsegmentos de resistencia blanda, ese miedo es también blando, abordable y sensible a intervenciones. Empatía, curioso y no furioso para asumir el miedo del otro y entender el significado funcional del prejuicio e internalizar para intervenir. El otro no nos odia, sólo tiene miedo, y eso tiene solución.

3) Resignificar: poner en crisis y otorgar nuevos significados y anclajes, plantear un compromiso compartido, de suerte común. Estamos todos arriba del mismo barco. Insight: en comunicación política, lo único que no podemos decir, es aquello que queremos decir, el otro tiene que hacer el click

Rubén Weinsteiner