Una investigación identifica un área que podría influir en que se active mucho más la compasión hacia un individuo que hacia un grupo que necesita ayuda




Es difícil no sentir empatía al ver la foto de Yana cuando detenían a su madre al cruzar la frontera de EE UU. Los humanos estamos equipados con esta herramienta de gran utilidad, la empatía, que nos ha dado una gran ventaja evolutiva. Ponernos en la piel de otro nos motiva para tratar de aliviar su sufrimiento. Por ejemplo, la foto de Yana arrastró una ola de donaciones, como sucedió antes con la muerte de Aylan Kurdi. Esta tendencia a preocuparnos y ayudarnos mutuamente es uno de los pilares de las sociedades humanas. Pero la empatía no se activa siempre, ni por igual. No es justa, ni universal: también es selectiva. En los últimos años, distintos estudios han demostrado que somos más empáticos con gente parecida a nosotros mismos o con una sola persona reconocible frente a un grupo anónimo. Ahora, un experimento ha mostrado que el propio cerebro humano sufre para empatizar con más de una persona a la vez.

El reconocido psicólogo Paul Slovic, uno de los autores del experimento, acuñó hace años junto a Deborah Small el concepto de collapse of compassion, algo así como el derrumbe de la compasión. Según esta teoría, este sentimiento que nos identifica con el sufrimiento de los demás se va desvaneciendo a medida que aumenta el número de víctimas o se difumina su identidad. En uno de sus estudios, le contaban a los participantes las penurias de Rokia, una niña de siete años que vive en Malí. A otro grupo, les explicaban que la hambruna afectaba a tres millones de niños en Malaui y a otros tantos en Zambia, que cuatro millones de angoleños habían tenido que huir de sus hogares y que 11 millones de personas en Etiopía necesitaban alimentos urgentemente. El drama de 21 millones de personas frente al de la pequeña Rokia. Al final del experimento, quienes atendieron a la historia de la niña dieron más del doble de dinero en ayudas que las personas que solo leyeron las cifras sobre el hambre. El derrumbe de la compasión se manifestaba incluso cuando la imagen de la niña iba acompañada de detalles sobre los otros millones de niños tan necesitados como ella: las donaciones eran menores que cuando leían únicamente la historia de la Rokia.

La gente está dispuesta a enviar más dinero si escuchan a la historia de una única niña que si les mencionaban las hambrunas de millones de personas

Este colapso no se da únicamente comparando la empatía entre una o millones de personas. En otro de sus trabajos, Slovic y Small realizaban un ejercicio similar mostrando la historia de Rokia sola o junto a la de otro niño necesitado, Moussa. En solitario, Rokia recibía muchas más donaciones que cuando iba en compañía de Moussa. Dos niños con hambre recibían menos que uno solo. La compasión y las ganas de ayudar no crecen al aumentar las víctimas, como cabría esperar, sino que mengua. Estos experimentos se han repetido con distintos escenarios y la tendencia es clara: cuantas más personas requieren ayuda, menos se les entrega. La cifra mágica para la empatía humana es uno.

El equipo de científicos que publica ahora sus hallazgos en Scientific Reports ha identificado una región del cerebro que explicaría cómo se justifica neurobiológicamente nuestra empatía selectiva. Mientras los participantes en el experimento escuchaban veinte historias humanas, los investigadores observaban su actividad cerebral mediante resonancia magnética, poniendo el foco en una región muy concreta (la corteza prefrontal medial), muy ligada a la empatía y a la toma de perspectiva. Las historias que escucharon, algunas neutras y otras negativas, como violaciones, implicaban a una sola persona o a un grupo. El principal hallazgo fue que esta red de empatía del cerebro se activó más intensamente cuando se atendía a una narración sobre una sola persona. Este punto del cerebro humano mostró “una capacidad limitada para ponerse en el lugar de los demás a medida que aumenta el número de personas necesitadas”, concluyen Slovic, de la Universidad de Oregon, y sus colegas. Además, si esa única víctima tiene foto y nombre, es identificable, mucho mejor, como ya demostró el mismo equipo científico comparando la historia de un niño con o sin foto de su cara.

Esta dificultad del cerebro “puede obstaculizar nuestras respuestas hacia problemas humanitarios a gran escala”, advierten los científicos

Esta dificultad del cerebro para procesar empatía hacía más de una persona a la vez, alertan los científicos, “puede obstaculizar nuestras respuestas hacia problemas humanitarios a gran escala como las crisis de refugiados o los genocidios”. No solo eso: otros estudios, como este realizado en Israel, notan que se castiga más duramente a quien causa un daño a una sola persona que a quien daña a varias a la vez. La multa que se merece un gestor que descuida la cartera de un solo cliente, de un dentista que ignora a un único paciente, es mucho peor que si se provoca pérdidas o dolores a varios consumidores.

La foto de Aylan Kurdi en la orilla del Mediterráneo provocó que se multiplicaran por 100 las donaciones a la Cruz Roja, cuando los informativos dan noticia de docenas de ahogamientos de refugiados cada semana que no provocan ese aumento de las ayudas. Por eso funcionan tan bien las imágenes de una tragedia personal para retratar una catástrofe en los medios: porque nos ayuda a empatizar con el problema. Desde la madre migrante de la Gran Depresión en 1936, hasta el racismo hacia George Floyd en 2020, pasando por la niña abrasada por el napalm en Vietnam en 1972 o el manifestante que se enfrenta a los tanques en Tiananmenn en 1989, el sufrimiento de millones de humanos se expresa mejor —nos llega mejor— a través de un único rostro.

Como expresó Abel Herzberg, superviviente del Holocausto, para reforzar esa escala humana: “No hubo seis millones de judíos asesinados. Hubo un asesinato, seis millones de veces”

Lógicamente, los científicos advierten de que no todo está perdido ni está justificado rendirse: descubrir que esa dificultad para empatizar con multitudes “está incorporada en nuestros cerebros no significa que debamos aceptarla como una excusa para actuar pasivamente cuando nos enfrentamos a crisis a gran escala”. A Slovic le preocupa especialmente cómo afecta esto a grandes catástrofes o genocidios en los que sí se puede ayudar. Como expresó Abel Herzberg, superviviente del Holocausto, para reforzar esa escala humana: “No hubo seis millones de judíos asesinados. Hubo un asesinato, seis millones de veces”. Frente a numerosas víctimas, como durante la pandemia de covid, se puede perder la perspectiva. Por eso sería más útil ponerse la mascarilla pensando en proteger a una persona vulnerable conocida —la abuela, el primo enfermo, etc.— que en la humanidad, los españoles o los pucelanos. Mejor pensar en esa enfermera que nos conmovió cuando la vimos llorando en el Telediario que en los sanitarios en general.

Además, nuevos estudios están explorando un matiz importante: no es tanto que tengamos una compasión limitada, sino que lo que nos cuesta es asumir el coste emocional de no ayudar lo suficiente. Pero se ha visto que es posible regular esos sentimientos para ampliarlos hacia un grupo. En otro estudio sobre donaciones caritativas se observó que la gente estaba dispuesta a enviar dinero a una persona que lo necesitara, pero que si sabían que una segunda persona también necesitaba ayuda pero no podían ayudarla, estaban menos inclinados a donar a la primera persona. “Reparar esa necesidad ya no produce tanta satisfacción”, explica Slovic.

Mitos necesarios y marcas políticas

La construcción del #mito constituyente y necesario de la #marcapolítica en el #votojoven



Rubén Weinsteiner

Cuando pensamos los mitos constitutivos estructurales de una marca política, aquellos que determinarán la identidad, personalidad, posicionamiento, discurso, simbología y ritualidad, y potencialidad de la marca política en los segmentos jóvenes, recorremos el abanico mítico que va desde los relatos fantásticos asociados a divinidades o fenómenos naturales en la antigüedad, hasta los mitos sociales, políticos, de la cultura, del arte, publicitarios del presente, etc.

El hombre primitivo constituía sus pensamientos míticamente a través de símbolos y mitos. Para Platón los mitos constituían en esencia mensajes cifrados, compuestos por símbolos y alegorías, que permanecían ocultos para el profano, pero que el hombre sabio podía llegar a comprender. Otros filósofos se basaron en la oposición entre mito y logos, es decir, entre lo fantástico y la razón, siendo esta el camino para llegar a la verdad.

La psicología, la antropología, la religión, la etnología, entre otros, desarrollaron diferentes abordajes de lo mitológico, para analizar su trascendencia en la vida de los que conviven con ese mito.

Mac Iver en un abordaje político, habla para referirse a los mitos de la soberanía, de la democracia, de la autoridad política, del liberalismo económico y del comunismo, como “todo sistema de valores situados fuera del saber exacto y ajeno a toda relación de verdad o falsedad”

Para pensar el mito en términos de nuestro sistema de preferencias y de las marcas políticas, tenemos que arrancar por diferenciar lo reptiliano, lo emocional y lo estrictamente racional en nuestro esquema de construcción de decisiones.

El mito político es ante todo cultural y social, dado que excede lo individual, y tiene una clara dimensión colectiva.

Jung aporta al análisis de los mitos, los mecanismos arquetípicos del inconsciente colectivo. Sin entrar a profundizar en las teorías de Jung, digamos que plantea que existen una serie de tendencias inconscientes básicas que tienden a expresarse en símbolos y mitos, cuyo mecanismo es el de la proyección, por la cuál sobre algún aspecto de la realidad objetiva se ha volcado al mundo subjetivo.

Aparece el proceso de divinización y demonización, donde se divinizan aquellos valores y arquetipos portadores de estos, que una cultura considera esenciales, y se demoniza lo temido, lo que angustia, lo que rechaza, y a los arquetipos portadores de esas características.

Mientras en la antigüedad, el proceso de divinización o demonización personificaba a las realidades objetivas proyectando todo el psiquismo humano sobre ellas, en el presente, este proceso revela una personificación mas light y encubierta.

Entre los mitos más importantes de la marca política, encontramos a los mitos de origen o mitos etiológicos, los que establecen la narrativa del origen, del pasado, de cómo se constituyó, de cómo se llegó hasta el presente. Este mito fundacional construido en tiempo pasado, plantea como promesa de la marca política, que aquellos valores que intenta instalar en términos narrativos ese mito, se convertirán en coordenadas de la hoja de ruta a futuro. Por eso los mitos de la marca política, también son mitos de futuro.

El mito de la marca política está ligado al conocimiento “intimo” que se intentará revelar a los sujetos de elección, a la esencia y estructura de la percepción de la marca política. No hay para el sistema reptiliano dos imágenes de la marca política, una objetiva y otra mítica, sino una sola.

El mito conecta directamente con el reptiliano, con las necesidades más primitivas, con los miedos, con las angustias, con las ansiedades, con las esperanzas, con la búsqueda primitiva de casa, comida, familia y seguridad.

El mito trasciende los límites de lo racional, para integrar lo profundo de la persona, lo latente, integrando ese mundo profundo desde una narrativa construida a base de símbolos, metáforas e imágenes.

El mito con una modalidad onírica hace vivir intensamente al reptiliano, a ese mundo interior y oculto, aunque como en el caso de los sueños, su interpretación, no lo agota, ya que la imagen siempre superará a la interpretación.

Así como no podemos ignorar los mitos de una sociedad para intentar analizarla y entenderla, tampoco podemos dejar de lado los mitos de la marca política, para desarrollar un estudio de la misma.

Plantearse el problema de la verdad o falsedad de lo referido por el mito, no resulta funcional, ya que las percepciones que ha creado ese mito, son reales, más allá del valor de verdad de la narrativa mítica.

Mito y religión son refractarios a un análisis meramente racional y lógico, y no existe fenómeno natural, histórico y de mediana complejidad, al que no le quepa una interpretación mítica y que no reclame semejante interpretación.

El mito de la marca política desafía nuestras categorías de análisis y pensamiento, y las interpela desde una lógica heterodoxa, “inexacta” y difusa, contraria a la verdad empírica o científica.

Cuando construimos la marca política y pensamos el mito constitutivo y demás mitos concurrentes, no podemos excluir a Freud que en su teoría psicoanalítica del mito, plantea que las reacciones míticas son variaciones y disfraces de la sexualidad. El componente sexual en el arquetipo mítico es esencial.

Levi Strauss plantea que el mito no tiene límites. Es una narrativa que no se ajusta a ninguna ley natural, en un mito todo puede suceder, como dice Levi Strauss, “todo sujeto puede tener cualquier predicado”, sin embargo los mitos, en apariencia arbitrarios, aparecen en las diferentes culturas con características similares. Aquiles tiene la debilidad en el talón, por que su madre lo agarró de ahí para sumergirlo en el líquido que lo hacía invencible, Sigfrido tiene su punto débil en la espalda porque una hoja de árbol se posó en su espalda cuando lo rociaban con el líquido mágico, y así.

Mitos de la marca política y sistema de preferencias en el voto joven

Solo el 15% del sistema de preferencias de los jóvenes se articula de manera racional, funcional, y analítica, con una estructura de secuencia lógica que se define en el cortex o corteza cerebral, que es la sede de la razón, la herramienta lógica que usamos para ver el mundo.

Es el que define menos en los jóvenes, pero es el emisor, el que habla, por eso nos parece que define todo.

“Voto al candidato C, porque promete mejor transporte público, porque promete incentivar el empleo, porque es inteligente y culto” “voto al candidato porque C porque es honesto” “Es un gran economista”. El listado de propuestas, los discursos y las consignas operan fuerte en el cortex, pero como dijimos solo determinan el 15% del proceso de decisión.

El 30% del sistema de preferencias en el voto joven se define en el sistema límbico o cerebro emocional, centro de la afectividad. Es aquí donde se procesan las emociones (penas, tristezas, angustias o alegrías).

“Voto al candidato A porque me emociona” “está comprometido con la tolerancia” “es sensible con los que menos tienen”, “es un genio” “es de los míos”. Los jingles, las canciones y los slogans operan fuerte aquí.

Aquí se ubica la empatía, “el es como yo”.

El sistema límbico o cerebro emocional, también llamado “cerebro medio”, está justo debajo de la corteza cerebral y comprende el tálamo, hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral .

Estos centros funcionan en todos los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión. Y en el ser humano éstos son los centros de la emoción.

El sistema límbico es considerado también el centro de recompensa, por lo que se ve afectado en el caso de las adicciones. Ese centro de recompensas es el que se puede alinear con la ritualidad emotiva, con lo que emociona, hace llorar, reir enojarse, indignarse etc.

Reptiliano joven

Camuflado detrás de los 2 sectores ya mencionados y responsable del 55% de la constitución del sistema de preferencias en el voto joven, se encuentra nuestra fase más primitiva, el cerebro reptil.

El 55% del sistema de preferencias del sujeto de elección joven , se juega en la parte más primitiva de nuestro cerebro, lo que llamamos reptiliano. La zona cerebral que se encarga de los instintos básicos de la supervivencia: guarida, comida, salud, deseo sexual, reproducción, seguridad, venganza, codificaciones amigo-enemigo, respuestas pelea-huye, el futuro, la muerte etc.

El Reptiliano es lo que le aseguraba a nuestros antepasados la supervivencia. Es el que nos decía cuando podíamos quedarnos y cuando teníamos que huir, cuando podíamos relajarnos, y cuando teníamos que luchar, donde y cuando podíamos conseguir comida, guarida y pareja, como cuidar y defender a los hijos, y cuando debíamos abandonar un lugar para buscar otro.

La protección, la venganza, la seguridad, el poder, la supervivencia y los hijos, son ejes centrales en la narrativa mítica reptiliana.

Gran parte del comportamiento humano se origina en esta zona, profundamente enterrado en el cerebro, son las mismas que en un tiempo dirigió los actos vitales de nuestros antepasados.

El reptiliano busca, guarida, alimentación y educación y salud para la cría. El reptiliano se conmueve cuando el candidato lo toca, come y baila. Tocar, comer y bailar, tiene que ver con rituales tan primitivos como el reptiliano, son rituales atávicos, a través de los cuales el reptiliano decodifica, cercanía, “amigo” y no “enemigo”, y predispone al 45% restante compuesto por el cortex y el límbico, para recibir con buena predisposición los mensajes específicos.

Este cerebro primitivo de reptil se remonta a millones de años y aún dirige parte de nuestros mecanismos para cortejar, casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes.

En los segmentos jóvenes el reptiliano lleva a su máxima expresión el esquema binario. Por eso el joven ama o no ama, mucho más allá de la limitada y ‘civilizada’ empatía que pueden sentir los mayores.

Las definiciones reptilianas tienden a desplegarse entre dos opciones, entre la cuales, no elegimos siempre las más racional, sino la que prefiere nuestro cerebro reptil. Y no siempre es la obvia.

El cerebro reptil es un enorme yo. Sin él nos habríamos extinguido. El reptil no tiene compasión ni empatía. Sólo entiende los grandes contrastes: blanco o negro. No tiene tiempo de más. El reptil joven reduce opciones a lo binario para sobrevivir, aunque la realidad es más compleja y comprenderla a fondo requeriría una lógica difusa. Se trata de un sistema que posterga las abstracciones, va a lo tangible, y es profundamente emocional y visual.

Los mitos conectan directamente con el reptiliano, construyen percepciones, certezas, emociones y valores esenciales.

Arquitectura del mito de la marca política en el voto joven

Durante mucho tiempo se sostuvo que resultaba impensable una técnica del mito. El autor italiano, especialista en símbolos, mitos y comunicación, Guillo Dorfles, fue el primero desde la academia, que planteó como posible y necesaria la técnica del mito.

Dorfles plantea la técnica como dominio, es decir, el hombre dominando el mito y sirviéndose de él para obtener resultados.

En términos de la construcción de la marca política en los segmentos jóvenes, la técnica constructiva del mito reconoce tres fases

1) Análisis y detección de miedos individuales y tribales, angustias, problemas, necesidades, deseos, demandas,

para definir un paradigma de inconsciente colectivo tribal, ya que la tribu es el marco natural de los jóvenes.

2) Determinación del arquetipo que mejor pueda encarnar las soluciones a esos miedos, demandas, deseos, angustias, necesidades dentro del paradigma del inconsciente colectivo tribal.

3) Promesa mítica: escenario donde los soluciones se transforman en realidad

En términos publicitarios el auto que nos brinda reconocimiento social y mujeres, es la detección del deseo de reconocimiento y de levantarse chicas, el auto como arquetipo de poder atractivo y por último el cliente subido a bruta máquina rodeado de tremendas mujeres.El auto es un auto, el mito funciona.

Estructura del mito

Personajes del mito:

En toda narrativa mítica intervienen personajes que juegan roles, le dan fuerza al mito, credibilidad, textura, color, posibilidad de vivencia e identificación. La fortaleza de los personajes potencia la intensidad y el involucramiento emocional.

Los cuentos infantiles y los mitos clásicos, tienen formatos de personajes esquematizados que además de ofrecer un carácter universal a tales personajes, los hace cercanos y comprensibles. Y esto es así, porque estos personajes representan lo que Carl Gustav Jung denominó ARQUETIPOS. Jung estableció una división de la psiquis humana en tres partes: el consciente, el inconsciente y el inconsciente colectivo

En esta última es en donde aparecen los arquetipos.

Algunos de los arquetipos que aparecen en las obras narrativas, y muy fuertemente en los cuentos clásicos son:

a) El viejo sabio: Son hombres, adultos y dotados de autoridad que se presentan como guía del héroe.

b) El padre: puede ser un viejo sabio, una metáfora de la historia, la tradición o el reason why del protagonista. También puede encarnar la debilidad que plantea un problema puesto en el padre, alter ego viejo del protagonista.

c) La madre: el amor incondicional, el compromiso sin límites, la propia historia, la posibilidad de retorno a las fuentes. Puede ser la construcción arquetípica en cuya figura, se fusionan las costumbres morales y sociales de una época.

d) El héroe: el protagonista central, entraña la épica, encarna la misión, y sobre él esta puesto el foco. Según la acepción griega, el héroe era un hombre divinizado que llega para restaurar el orden quebrantado por la fuerzas del mal. Los héroes también tienen marcas —las marcas del héroe—, que los ayudan a superar los obstáculos sin hacerlos totalmente invulnerables. Pueden ser físicas, como en el caso de Aquiles o psicológicas: la fértil imaginación de Ulises y la piedad religiosa en Eneas.

e) El guerrero: acompaña al héroe, lo complementa y suplementa según el caso. Encarna aquellas virtudes o aptitudes que el protagonista no puede revelar porque entrarían en contradicción con su esencia, identidad o misión. El guerrero puede no ser tan cumplidor de la ley como el héroe, o tan prolijo o no tan sabio. El guerrero va al combate para defender el orden y la justicia, en consecuencia, sus actos tienen un sentido de liberación política y social.

f) La princesa: la figura femenina joven, promesa y desafío, es la pareja femenina o masculina, es la que da sentido a la estructura primaria familiar o de clan, por la que el héroe da sus batallas.

g) El demonio: el mal absoluto y poderoso, que explica también la acción del héroe, pero no la define como si lo hace la sombra

h) La sombra: es el arquetipo que personifica los rasgos personales que el héroe niega de si mismo. Si el héroe es generoso, por lo tanto no egoísta, ese rasgo egoísta, que indudablemente tiene en algún lugar el héroe, lo deposita en la sombra. De esa manera se va construyendo un negativo fotográfico del héroe, una imagen que almacena todas aquellas cosas que no nos gustan y que rechazamos. En un primer estadio, esta sombra puede aparecer como un ser monstruoso que nos acecha para hacernos daño (los dragones, gigantes, bestias marinas etc. de los cuentos) pero, una vez que nos percatamos de su existencia y la vamos aceptando se convierte en algo más cercano a un ser humano, y cada vez se va pareciendo más a nosotros mismos, a quienes somos en realidad. En la literatura, el antagonista arquetípico del héroe, no es el demonio sino la sombra. El demonio explica la presencia del héroe, pero no tiene la incidencia en la acción que tiene la sombra.

En la Guerra de las Galaxias, el héroe es Luke Skywalker, que conoce a un viejo sabio, Obi Wan Kenobi. El arquetipo del Guerrero, lo encarna Han Solo y su nave, el Halcón Milenario. La sombra: Darth Vader, que tiene un gran poder y una gran maldad, es el “negativo” de Luke. Al final del enfrentamiento, descubrimos que Luke y Vader son padre e hijo. Al final, el arquetipo de la sombra, se hace bueno y complementa definitivamente a Luke, que se ha convertido en el gran héroe salvador del universo.

La sombra es el malo perfecto, porque su atractivo reside en que complementa al héroe. Luke y Vader, Sherlock Holmes y Moriarty, Jekyll y Hide, Yago y Otelo, incluso Batman enfrentándose a un guason desordenado y caótico, representante de todo aquello que Batman no puede ser.

Trama mítica:

Toda narrativa mítica articula una sucesión de eventos que se insertan en tres componentes

a) Introducción: donde se da a conocer el ambiente en el que la historia se desarrolla, se detallan las características de los personajes, del lugar, tiempo y el comienzo de la historia.

b) Desarrollo: Es donde tiene lugar el punto culminante, la acción transformadora de la historia. Es el momento donde la tensión narrativa llega a su punto más alto. La tensión finalmente explota, supliendo la carencia indicada en el marco escénico y transformando la situación problemática que motivó la trama.

c) Desenlace: es la sección final donde se alivia la tensión narrativa, y se le da sentido a las consecuencias de la acción transformadora, y se describe la situación final de los personajes de la historia. Casi siempre implica una inversión de la carencia inicial.

En Ulises de la Ilíada, Ulises vive con Penélope y su hijo Telémaco en Ítaca. Su vida es feliz, pero un día tiene que marcharse a la guerra de Troya, dejando a su familia. Después de innumerables aventuras, de luchar contra monstruos terribles, de enfrentarse a la traición, a la tentación y a todo tipo de pruebas, Ulises regresa a su hogar (su meta u objetivo). Encuentra un trono invadido que deberá reestablecer en un apasionante final para recuperar el trono y a su familia.

Belleza americana: El protagonista es un hombre débil, con una mujer a la que detesta y una hija a la que no entiende. La llegada de un nuevo vecino a la casa de al lado, y la atracción que sentirá por una de las amigas de su hija, le sacuden la vida. Todo esto provoca cambios, comienza a hacer deporte, cambia su modo de vestir, su actitud se transforma en proactiva, se enfrenta a su esposa y todo cambia.

Este esquema narrativo mitológico, de héroes, guerreros, aliados, sombras y villanos, lo vemos en : Blade Runner, Terminator, La historia interminable, Spiderman, Trainspotting, Full Monty, Moulin Rouge, Ciudadano Kane, El fantasma de la ópera, París, Texas… y una larga lista de ejemplos, apoyados en los mitos clásicos que fundamentan nuestra cultura.

Conflicto del mito:

Los conflictos son los que generan interés en la narrativa, sin malos no hay buenos, sin amenazas no hay salvadores, sin comilonas no hay hepatalgina, sin manchas no hay Ariel, sin problemas no hay soluciones para ofrecer. El conflicto plantea la pregunta: ¿cómo se resuelve esto? Esta pregunta genera incertidumbre, tensión, ansiedad, emoción, instalando un clima de interés, que hace que nos comprometamos afectivamente con la historia.

El conflicto narrativo muestra a un protagonista que lucha contra otros personajes, contra sus propios principios o sentimientos, o bien contra su destino o una fatalidad. En definitiva, el conflicto es un suceso que enfrenta al personaje principal con fuerzas antagónicas durante una trama, cuya resolución tiene un desenlace.

Una mito sin conflicto nunca puede ser potente. La intensidad del conflicto es producto de la naturaleza del motivo y del carácter del personaje. Cada intención tiene obstáculos que superar para lograr el objetivo. El conflicto es el resultado de la intención y la dificultad.

Existen tres tipos de dificultades esenciales en el conflicto:

a) El obstáculo: Es circunstancial, como un río que se debe cruzar, la falta de dinero o la imposibilidad de entender otro idioma. La desventaja de este obstáculo es ser de tendencia estática, no poder soportar cambios repentinos (el río no va a desaparecer ni podemos aprender un idioma nuevo de golpe).

b) La complicación: Es accidental: un avión que debe aterrizar por el mal tiempo, un mensajero que se fractura una pierna. Su desventaja es que, al ser accidental, genera frustración, ya que no la planea ni la desea nadie, el personaje no la puede evitar ni prever, no es una prueba del poder del héroe.

c) La contraintención: es la intención de la contrafigura de evitar el cumplimiento de la intención del héroe. Es la dificultad más efectiva dramáticamente hablando, ya que es la más dinámica y la que da más posibilidades de ampliar la historia y de darle giros nuevos.

Mensaje del mito:

La narrativa mítica de la marca política en el voto joven debe bajar un mensaje, en lo posible solo uno, que ancle emocionalmente en los sujetos de elección. El mensaje debe ser claro, con referencias empíricas y reales de la vida cotidiana y establecer un posicionamiento, es decir, ocupar un lugar en el imaginario de los segmentos objetivos. Debe ser una cuestión del debate público, que este en la agenda y que preocupe a diferentes segmentos, por distintos motivos. En el caso del voto joven el mensaje debe plantearse desde el clivaje autenticidad-impostura, los otros son la impostura “los gatos”, por eso el mensaje debe ser conceptualmente lineal y directo, oraciones cortas donde cada palabra luche por su supervivencia.

Para que el mensaje sea eficaz debe:

a) estar alineado con la promesa de la marca

b) encarnar valores que se van a comunicar activamente

c) tener en cuenta la competencia de marcas políticas que se da, que posiciones están disponibles y que posiciones en situaciones de debilidad

d) microsegmentar los públicos objetivo de nuestro mensaje

e) enunciar la personalidad de la marca emisora

f) contar con un equipaje de palabras potente

g) revelar visualidad, simbología y ritualidad, colores y formas alineados homogénea y estratégicamente con el diseño de la marca política

En un mito todo puede suceder, como dice Levi Strauss. El mito es la profundidad constructiva de la marca política en el voto joven.

Rubén Weinsteiner

El diálogo emocional con los refractarios posibles




Rubén Weinsteiner


La era 4.0 en general, y las redes sociales en particular profundizaron los esquemas relacionales endogámicos. Por lo general las personas que seguimos en Instagram, nuestros amigos en Facebook y los que seguimos en Twitter, piensan parecido a nosotros. Este proceso tuvo diferentes etapas que desde lo micro podemos plantear como conflictos de resolución difícil, agresiones, toma de posiciones duras, bloqueos e interrupción de relaciones, lo que fue determinando sistemas sociales homogeneos con retroalimentación de creencias, endurecimiento de posturas, y profundización de convicciones y distancias con campamentos antagónicos.

Este esquema grietario, cuyos correlatos vemos en los resultados electorales, en los grupos de whats app, en las oficinas o en los asados, hizo que nuestros dialogos sean cada vez con los propios, con los convencidos, con los que validan y confirman nuestros marcos de referencia.

Se trata de audiencias redundantes que endurecen adhesiones y lealtades pero no cazan fuera del zoológico, no suman ni acumulan por afuera de lo que ya se tiene.

En las matrices de representación actuales, no se gana una elección por diferencias holgadas, por lo general lo que vemos, son sociedades partidas en dos con un esquema grietario fuerte como el caso de EE.UU., Brasil o Argentina o a lo sumo en tres como en España, y donde las victorias se dan diferencias cada vez más pequeñas.

En este escenario cada voto cuenta como nunca, estamos a un cuñado, un vecino, un compañero de trabajo de ganar una elección.

Para salir afuera, ver el sol y abordar a los no propios hace falta, despejar miedos, odios y boicots, desplgar templanza y empatía, curiosidad en lugar de enojo (Curious but no furious), en definitiva, dejar a la gente terminar las frases y no saltarle encima. Escuchar. Entender demandas que aún no fueron verbalizadas, para proponerle a la gente cosas que ni ellos se dijeron a si mismos, o ni siquiera saben, que quieren.

Resulta poco eficaz desde el punto de vista de la economía de fuerzas intentar abordar al núcleo duro del otro campamento. Trump suele jactarse que su voto duro no cambiaría el voto, por más que el se parara la quinta avenida y se pusiera a dispararle a la gente. Podríamos decir que lo que lo rechazan profundamente, no modificarán su sentir en ningún escenario. El núcleo duro no cambia, por eso no hay que perder tiempo. Los núcleos de adhesión son como capas de cebolla, las mas superficiales son abordables, las del centro no. Resulta clave descomponer el voto no propio blando en microsegmentos ponderados por particularidades específicas, que permitan definir cursos de acción diferenciales y específicos.

Hay que identificar la abordabilidad de los diferentes segmentos. Que “cuñado” es más permeable. El abordaje debe desplegarse en el 5/10% que no revela posicionamientos adquiridos, el segmento más fluctuante, el menos politizado y el más lábil.

Las lealtades, adhesiones, rechazos, amores y odios hacia una marca política, no se constituyen en un proceso automático y natural, de condición y reacción, sino que se definen por la subjetividad enmarcada en los mecanismos primarios de referencia, que nos permiten construirnos una idea clara e inmediata de cómo percibir, leer, sentir y organizar percepciones acerca de la realidad a través de nuestro encuadre cognitivo (cognitive framing).

El discurso de la marca política debe reconocer con vocación de inmersión acrítica los marcos cognitivos de los diferentes públicos, revelar empatía por los drivers de esos marcos cognitivos, y apropiarse de los mismos, leer miedos y demandas y problematizar para proponer, convocar, validar y esperanzar. Intervenir y comprometer desde el discurso al sujeto de elección con una perspectiva de un futuro distinto, mejor y alineado con las demandas latentes de los marcos cognitivos y que de soluciones a los mismos desde lugares nuevos.

Curioso y no furioso

La dinámica de intervención de la subjetividad es compleja. Hay que asumir que ese encuadre determina un universo de sentidos que puede producirnos incomodidad, rechazo entre un repertorio de sentimientos.

Lo primero es cambiar el chip de la furia a la curiosidad. Porque esta persona odia lo que para mi es bueno? Si me cambio de lugar quizás lo vea diferente? Como puede defender lo que para mi es indefendible? Son preguntas esenciales e inevitables si queremos intervenir sobre la subjetividad del “cuñado”.

Se trata de dejar de “hablar entre nosotros”, dejar de ver quien es más nosotros que el otro y hablar con el otro. Que 50 militantes puristas endogámicos se conviertan en 50 evangelizadores

La dinámica del one to one, a diferencia del one to many, permite leer las reacciones, modificar, hacer rapport, manejar los tiempos y convocar emocionalmente en forma intensa a una persona y fijar un anclaje.

Secta o Iglesia

Hay dos diferencias entre una secta y una iglesia.

Ante todo el pragamtismo y después la voluntad de sumar y no encerrarse.

Para ser iglesia y no secta hace falta abordar de manera eficaz a los posibles no propios, no con la idea convencer, sino de vencer emocionalmente.

¿Cómo?

No hay un marco, hay una acción de encuadrar, de enmarcar la realidad. El marco es nada, enmarcar es todo.
Si nuestro discurso no esta alineado con los marcos de nuestro público, este lo rechazará o directamente no lo comprenderá, no lo sentirá, no le hará consonancia.

1) Escuchar: absorber, dejar venir, no cortar, dejar que el otro pueda descargar su energía basada en el rechazo, que es miedo encubierto.

2) Conceder y acordar: reconocer, aceptar fallos y debilidades, no fijar certezas, sino sembrar dudas. Disolver el miedo. Al abordar microsegmentos de resistencia blanda, ese miedo es también blando, abordable y sensible a intervenciones. Empatía, curioso y no furioso para asumir el miedo del otro y entender el significado funcional del prejuicio e internalizar para intervenir. El otro no nos odia, sólo tiene miedo, y eso tiene solución.

3) Resignificar: poner en crisis y otorgar nuevos significados y anclajes, plantear un compromiso compartido, de suerte común. Estamos todos arriba del mismo barco. Insight: en comunicación política, lo único que no podemos decir, es aquello que queremos decir, el otro tiene que hacer el click

Rubén Weinsteiner

Alberto Fernández le ratificó a BlackRock que no subirá la oferta por la deuda y que Donald Trump apoya su estrategia de negociación



Alberto Fernández en su despacho de la quinta de Olivos

El jueves pasado, Martín Guzmán habló en nombre de Alberto Fernández con una negociadora clave de BlackRock, el poderoso fondo de Wall Street que aún resiste la oferta del Gobierno para reestructurar 66.000 millones de dólares de deuda externa.

Guzmán reiteró a su interlocutora que la propuesta presidencial ya es “inamovible”, que se pueden “atenuar” ciertas cláusulas legales del canje de bonos si el G20 y el Departamento del Tesoro respaldan, y que el cierre del deal con los acreedores privados está planteado bajo el concepto “ni vencedores ni vencidos”.

Dos días más tarde, sábado al mediodía en Olivos, Alberto Fernández convocó a su ministro de Economía para repasar los términos de esa conversación secreta con la negociadora clave de BlackRock. El Presidente insistió con su idea de “no hay un dólar más que ofrecer”, y analizó con el ministro la futura ley para los acreedores privados bajo legislación nacional.

Si no hay cambios en la agenda del Gobierno, esa iniciativa destinada a recrear el mercado de capitales llegará a Diputados antes del viernes, será “un espejo” de las condiciones que se ofrecen a los bonistas con legislación extranjera y dispondrá la posibilidad de canjear títulos soberanos de dólares a pesos. Alberto Fernández y Martín Guzmán en la quinta de Olivos

Además de reiterar ante la negociadora de BlackRock que no habrá modificaciones en la iniciativa oficial, Martín Guzmán aseguró que es posible encarar ciertas reformas a la estructura jurídica de los bonos, pero añadió que esa reforma legal sólo puede hacerse con consenso del sistema financiero internacional.

“Si el G20, el Departamento del Tesoro, o el IMCA (International Capital Market Association) respaldan su propuesta, nosotros podríamos adherir. La intención de la Argentina es integrarse al mundo, y si hay consenso global, nosotros nos sumaríamos”, adelantó Guzmán a su interlocutora de BlackRock, según comentaron en la Casa Rosada a Infobae.

Larry Fink, CEO de BlackRock, tiene acceso directo a la Casa Blanca y su fondo de inversión fue contratado por el Departamento del Tesoro, una pieza poderosa de la administración americana que monitorea -entre otras actividades- la negociación de la deuda externa con los acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Fink es amigo de Donald Trump y de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, y las versiones que llegaban desde Washington eran que la Casa Blanca y el Tesoro habían tomado distancia de Alberto Fernández por su posición ambivalente respecto a la agenda geopolítica de Estados Unidos en América Latina. Alberto Fernández y Mauricio Claver, asesor en seguridad de los Estados Unidos y candidato a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

El jefe de Estado considera que Gustavo Beliz debe ocupar la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sostiene que hay que incluir a Nicolás Maduro en la mesa de negociación de Venezuela y tiene un política exterior abierta con Xi Jinping y su estrategia de ascenso pacífico a la cima del mundo.

Trump y sus halcones piensan exactamente al revés. Nominaron a Mauricio Claver a la presidencia del BID -que está distante con Alberto Fernández y dialoga con Beliz-, opinan que Maduro debe renunciar como líder del régimen populista- y consideran que América Latina es una área de influencia de Washington al margen de las aspiraciones geopolíticas de Beijing.

En este intrincado contexto, Alberto Fernández utilizó sus contactos internacionales, Guzmán sus relaciones institucionales y la embajada argentina en DC su agenda diplomática para despejar la incertidumbre que desparramaba Fink, los voceros de BlackRock y sus aliados en Wall Street y Londres. Larry Fink, CEO de BlackRock (REUTERS)

La jugada de BlackRock es fácil de discernir y explicar: si era cierto que Trump y el Tesoro habían bajado el pulgar por la política exterior de la Argentina, ese poderoso fondo de inversión y el resto de los acreedores privados tenían una nueva palanca de negociación para “correr el arco” -otra vez- a Alberto Fernández y Guzmán.

La respuesta desde Washington, con tono mexicano, en inglés y en español, tuvo un sabor agridulce. Trump continuará respaldando la negociación del país con los acreedores privados, pero disiente respecto a la posición de Argentina frente a Maduro, el BID y China. “That´s nonesense”, opinaron en Washington sobre la estrategia internacional que se ejecuta en la Cancillería.

Alberto Fernández tomó nota de la respuesta que llegó desde DC. Y replicó en la intimidad de Olivos: “no pienso cambiar”.

Trump, con barbijo

Lo usó por primera vez en público, durante una visita al hospital militar en Maryland

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con máscara en el hospital de Maryland (foto: ANSA)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien varias veces rivalizó con los epidemiólogos sobre las medias de seguridad sanitaria, apareció por primera vez en público con una máscara para evitar contagios de Covid-19.
Lo hizo al visitar el hospital militar Walter Reed en Bethesda, Maryland, a pocos kilómetros de la Casa Blanca, a última hora del viernes. Las imagenes fueron reproducidas por la televisión estadounidense. Anteriormente el presidente tenía usó la máscara al visitar una fábrica pero en un área privada, sin que hubiera fotos o videos.
"Creo que es una gran cosa usar la máscara cuando estás en un hospital, cuando hablas con muchos soldados y personas que en algunos casos acaban de salir de la sala de operaciones", dijo Trump antes de ingresar a Walter Reed. "Nunca he estado en contra de las máscaras, creo que tenemos que evaluar el tiempo y el lugar", explicó.
A principios de mes, Trump había dicho que el tapabocas lo haría parecer a El Llanero Solitario, que eso le gusta y que no tendría problema en mostrase con uno.
"Apoyo las mascarillas, creo que las mascarillas son buenas.
La gente me ha visto usar una", dijo a Fox Business.

Pero sus comentarios llegaron luego de que legisladores de su Partido Republicano le pidieran que usara barbijo en público para dar el ejemplo y terminar con la politización del tapabocas, cuya utilización o no es vista como una señal de que se está en contra o a favor del presidente.
"Si estuviera en una situación de aglomeración, definitivamente lo haría", dijo Trump.
En los peores momentos de la pandemia, Trump se ha resistido a ser fotografiado con una máscara y según algunas indiscreciones se trató de una estrategia para dar una imagen de fortaleza. A principios de abril, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomendó que la gente use tapabocas en lugares públicos o en aquellos donde sea difícil guardar la distancia social.
Trump inmediatamente desautorizó la sugerencia al decir de forma abierta que no las usaría, insinuando que no sería apropiado que el presidente se cubra el rostro cuando recibe a otros jefes de Estado.

Durante una visita privada a una fábrica de Ford en Michigan en mayo, cuando no estaba acompañado por periodistas, Trump se calzó un tapabocas.
Después dijo a la prensa que había usado una máscara en una "zona de atrás" porque no quería darle a la prensa el gusto de verlo llevar una.

La forma de afrontar la post pandemia definiría las presidenciales en EE.UU.

Con un Trump a la defensiva, el demócrata Biden habla de un plan de reconstrucción económica

A poco más de cien días para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el panorama pinta con más dudas que certezas para los dos candidatos que  protagonizarán el pleito: el actual presidente republicano, Donald Trump, quien va por su reelección, y el ex vicepresidente demócrata Joe Biden.

Lo único indubitable hasta ahora, es que la persistencia del Covid-19 a lo largo y a lo ancho del territorio estadounidense imprimirá en los comicios un toque inesperado y una impronta tal, que obligará a ambos contendientes a centrarse en algo en lo que nadie hubiera pensado a principios de este año: la reconstrucción del país.

Y aunque causó revuelo la semana pasada el anuncio de la candidatura presidencial del cantante Kanye West por una fuerza independiente, a poco más de tres meses de los comicios las encuestas sitúan la intención de voto a favor del candidato del partido Demócrata. Aunque la diferencia varía entre unos sondeos y otros, parece que la desventaja del presidente respecto de su rival estaría en torno a los diez puntos, una distancia nada desdeñable aunque no definitiva.

Pocos meses atrás, Trump parecía tener todo a su favor en el camino a un nuevo período en el Salón Oval. Había cumplido con los recortes tributarios que prometió en campaña, reduciendo el impuesto a las empresas del 35% al 21% para producir, contratar y consumir dentro del propio país bajo su lema ¡América primero!, y llevó a la economía a tener un histórico 3,9% de desempleo hasta la llegada del Covid19. También aplicó un recorte de USD1.000 para las personas que ganan entre USD50.000 y USD100.000 anuales.

No obstante no llegó a cumplir su promesa de un crecimiento económico al 4 por ciento. En 2017 el Producto Interior Bruto solo creció al 2,3%, en 2018 al 2,9% y en 2019 al 2,3 por ciento. Las previsiones para el 2020 estaban en una suba del PIB de apenas el 1,9%, que con la llegada de la pandemia también saltó por los aires. Y dado que los rebrotes del coronavirus han obligado a varios estados a volver atrás con su intención de reabrir sus economías, el rebote económico que podría darle más oxígeno político al empresario inmobiliario todavía está lejos de concretarse. Lo que aviva las esperanzas de su principal rival.

Para diferenciarse de Trump, el demócrata Biden propone ya un plan de reconstrucción post pandemia que crearía cinco millones de puestos de trabajo, con una inversión de USD300.000 millones en investigación y tecnología, como el desarrollo de la red 5G o la fabricación de vehículos eléctricos. Aparte, USD400.000 millones más en ayudas a los consumidores para comprar productos fabricados en Estados Unidos.

Junto con eso, el ex vicepresidente de Obama impulsa su propia reforma fiscal, con el objetivo de aumentar la recaudación en casi cuatro billones de dólares, desmontando las rebajas fiscales aprobadas por Trump, y aplicando su propia versión del trumpiano "America Primero". Biden "va a movilizar el talento, el coraje y la innovación del pueblo americano y todo el poder del Gobierno federal para reafirmar la fuerza industrial y tecnológica de Estados Unidos y asegurarse de que el futuro es hecho en América por trabajadores americanos", según sus propias palabras.

Biden presentó su programa de reconstrucción en una planta metalúrgica en Dunmore, Pensilvania. Y es que ese estado del noreste fue, junto con Michigan, la gran sorpresa de 2016, donde. Trump selló su victoria nacional por apenas unos miles de votos en ambos estados. La sorpresa se atribuyó al resentimiento de los trabajadores empobrecidos por la deslocalización de empresas, no detectado por las encuestas. Biden no quiere repetir errores del pasado, y dejó clara una idea central: Trump benefició a la Bolsa y a las grandes empresas, mientras les falló a las familias y los asalariados. "Es hora de dar la vuelta a las prioridades en este país", dijo. "Ya toca acabar con esta era de capitalismo de accionistas. La idea de que la única responsabilidad de una empresa es con sus accionistas es una farsa absoluta. Tienen una responsabilidad con sus trabajadores, su comunidad y su país", agregó.

La campaña de Biden no solo está atacando al presidente por su falta de plan post coronavirus. También refuta la idea de que estos años fueron tan buenos. La rebaja de impuestos animó la inversión en el exterior más que en el país, afirma. En 2019, el sector manufacturero de EE UU "estaba en recesión", y la guerra de aranceles con China "acabó contribuyendo al declive de las exportaciones".

Pero Biden debe luchar con una falta de carisma, imagen de acosador, con múltiples denuncias de mujeres que fueron acosadas por Biden, una personalidad que revela falta de inicitiva  y de liderazgo que Trump sin duda aprovechará a su favor, además de volver a machacar con "la responsabilidad de China por el Covid-19" y sus diatribas anti-inmigrantes. ¿Será suficiente para retener la presidencia? Falta menos para saber la respuesta.

Cuando construís una marca política, todo lo que no es diferente es invisible

Por Rubén Weinsteiner


Usted puede actuar bien o mal; lo importante es que actúe de verdad.

Konstantín Stanislavski


Sin diferencial no hay marca política exitosa, todo lo que no es diferente es invisible. Nada es más importante en comunicación política que tener un diferencial poderoso. Un significado, una idea, un concepto que pueda decodificarse en imágenes, palabras, sentimientos, que sea llamativo, recordado, para que esa diferencia, rápidamente pueda construir percepciones para colonizar subjetividades y sujetar a los sujetos de elección.

El verdadero campo de batalla en el que se juegan las elecciones es la cabeza de la gente.
El posicionamiento, el lugar en lugar en la cabeza de los sujetos de elección, es esa diferencia generando percepciones, emociones, y traducida en competencia política en el sistema de preferencias de las personas.

Esa diferencia debe poner a la marca política en una categoría diferente a todas las demás ofertas. Ese concepto que diferencia, que separa, que hace especial debe estar preparado para ser plataforma de instalación de diferentes mensajes, para los diferentes segmentos que se quiera abordar.

Ese diferencial debe tener:
1)Ubicuidad: ser visible y comunicado allí donde los diferentes públicos se encuentren
2)Consonancia: debe tener que ver con lo que los deseos, temores, anhelos, angustias, demandas de los diferentes segmentos
3)Repetición: debe insistirse con la visibilización y comunicación de ese diferencial para instalarlo.

Frente a “todos son iguales”, el que establece una diferencia, construye una ventaja.
El diferencial en el voto joven es tributario de la demanda de autenticidad frente a la impostura. El diferencial no sólo debe ser poderoso, sino real, verdadero, disruptivo y recordable. En el voto joven el diferencial, debe como decía Stanislavsky, ser verdad, actuar de verdad
Gimmick es un anglicismo que hace referencia a un truco, y a todo elemento añadido a una pieza creativa con el fin de hacer que sobresalga por encima del resto, y que de forma aislada no tiene valor. Es un adorno, algo que no establece una diferencia real, verdadera.

Gimmick es un truco publicitario es una característica única o peculiar que le atribuyen a los productos para hacerlos resaltar, sin embargo esta característica no necesariamente es relevante, muchas veces ni siquiera es verdadera, o muchas veces ni si quiera trae beneficios, es sólo para llamar la atención.
Por ejemplo acaba de salir una compañía que anuncia una cerveza que está dirigida especialmente para jugar beer pong (el beer pong es un juego popular entre jóvenes, que se juega con vasos llenos de cerveza en una tabla de ping pong).
Y muchos se preguntarán ¿Cuál es la diferencia entre esta cerveza y todas las demás? En realidad ninguna, el truco está en que es una caja con 30 cervezas que incluye los vasos y las pelotas para armar tu juego de beer pong.

Los trucos publicitarios atraerán atención, pero de manera muy efímera, luego se generará una sensación de defraudación difícil de dar vuelta. En conclusión los gimmicks generan ruido y cierta atención a tu marca pero no acumulan.
Sirven para decirle a las personas “ey mírame” pero si cuando te miran no decís algo que conmueva, no acumulará.

Diferencia y verdad

Las marcas políticas y corporativas se vuelven mucho más eficaces a la hora de ocupar el imaginario de los microsegmentos jóvenes, colonizar subjetividades, y sujetar a los sujetos de elección, si exhiben su versión unplugged. En los diferentes públicos jóvenes, las marcas políticas, que “hacen playback”, que solo mueven los labios, suenan cada vez lejanas, artificiales, “caretas”.
Por eso es importante que el diferencial comunique autenticidad, transparencia y verdad.
La identificación, en los públicos jóvenes está apoyada en el clivaje autenticidad-impostura. Lo autentico y lo artificial. La otredad es la impostura, los que dicen una cosa pero son otra. Contra eso, se plantea un modelo normativo de autenticidad, sencillez y transparencia. No ser “careta”, no ser “gato”, no ser “trucho”, ser o en realidad parecer verdadero y transparente.
Y como vimos, ser es ser diferente.
Es difícil identificarse con algo “perfecto, las imperfecciones, lo real, la emergencia de las imperfecciones, limitaciones y zonas oscuras, acercan al votante joven a la marca política y facilitan su identificación.
Esta artificialidad e impostura, establece una barrera entre las marcas políticas y los votantes que impide la construcción de un vínculo emocional eficaz, de una positiva empatía e identificación y de establecer compromisos emocionales y de acción.

El camino crítico debe arrancar por pensar, diseñar, construir e incorporar el diferencial.
Hablar con los jóvenes es fácil, que te escuchen no tanto. La comunicación entre una marca política y los sujetos de elección jóvenes, en medio de la disputa de sentidos, emociones y ofertas simbólicas, requiere por parte del receptor joven de una validación, donde el emisor, en este caso la marca política debe primero ser diferente de verdad y debe convocarlo a “ser parte” de esa diferencia. Para lograr la atención de los jóvenes, el discurso debe dejar establecida esa diferencia, lo que le va a permitir al joven validar tribalmente el pertenecer, el ser parte, y poder vivenciar algo con la tribu que los diferencie, de cara a la promesa de la marca política, para atravesar una instancia colectiva, donde se comprometa lo reptiliano-emocional.

Para una marca política ser, es ser diferente y que esa diferencia sea visible, perceptible y vivenciable. El diferencial es la plataforma para el salto cualitativo del mensaje, para que el discurso de poder ancle, para que la empatía levante la barrera de la sobrecomunicación, para que el discurso pase de “ruido” a “valor”, algo esencial para toda construcción discursiva política significativa.

Todo lo que no es diferente es invisible, y en especial para los jóvenes ser es diferenciarse. La diferencia construye el lugar que queremos ocupar en la cabeza de los sujetos de elección. Estar o no estar en su cabeza y en su corazón es la diferencia entre que nos voten a nosotros y que voten a otros.

Rubén Weinsteiner

Cuáles son las verduras y frutas más consumidas por los argentinos durante la cuarentena


El Mercado Central, el principal centro de comercialización de este tipo de productos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), elaboró un ranking de las verduras más consumidas por los argentinos.

El top cinco está integrado por la papa, la cebolla, el tomate, el zapallo y el zapallito.


Para el caso de las frutas, las cinco más vendidas son la mandarina, la naranja, la manzana, la banana y la pera, que componen casi el 85% del total de frutas ingresadas al mercado durante el mes de mayo.

El informe del realizado por la Gerencia de Estadística y Transparencia del Mercado Central dio cuenta de la participación de las 15 primeras especies hortícolas que ingresaron durante los meses de abril y mayo, que en orden de mayor a menor volumen se encuentra la papa, cebolla, tomate, zapallo, zapallito, zanahoria, pimiento, choclo, berenjena, lechuga, mandioca, batata, acelga, espinaca y repollo.

Las seis primeras hortalizas constituyen el 80% del volumen total ingresado al mercado para el mes de mayo.

El Mercado Central de Buenos Aires abastece al 20% del consumo nacional de frutas y verduras, por él pasan por año aproximadamente 1.400.000 toneladas de productos frutihortícolas que, para graficar la magnitud, serían unos 70.000 camiones con acoplado en fila desde Capital Federal hasta San Miguel de Tucumán.

Según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud del Ministerio de Salud de la Nación, en la Argentina los patrones alimentarios han empeorado en las últimas décadas donde el consumo de frutas y verduras es muy bajo y el de bebidas azucaradas es de los más altos del mundo, lo cual lleva a que "el problema del sobrepeso y la obesidad representen un grave problema de salud pública en el país, que hoy constituye la forma más prevalente de malnutrición".

En este estudio, para 2019 el 37,8% de la población reportó haber consumido verduras al menos una vez al día y tan sólo un 30% manifestó consumir frutas por lo menos una vez al día, datos que se encuentran por debajo de las recomendaciones de consumo establecidas por las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA).


La nutricionista Noelia Vera, responsable de la Unidad de Coordinación de Alimentación Sana, Segura y Soberana del Mercado, explicó en diálogo con Télam que la intención es "promover una alimentación adecuada, visibilizando las condiciones de vida y de trabajo de toda la cadena de comercialización, desde los productores frutihortícolas hasta la población que va a consumir esos alimentos y empezar a entender a la alimentación como un elemento dentro de lo que es el sistema alimentario; empezar a problematizar nuestro sistema alimentario en un lugar que es clave".

La cultura de la cancelación en el voto joven


  Samanta Casais, la ganadora de Bake Off, que fue expuesta y "cancelada" en redes sociales, y Telefé la descalificó del programa.

Boicots a perfiles de Instagram. Censura colectiva a cuentas de Twitter. Piedrazos a un móvil de televisión solo por estar ahí. Incluso, en los casos más extremos, deseos de muerte emitidos livianamente a diestra y siniestra.

Todo eso, que pasa cada día y cada día más, es parte es un fenómeno que algunos resumen llamando “cultura de la cancelación”.

Según su definición de Wikipedia "es el fenómeno extendido de retirar el apoyo moral, financiero, digital y social a personas o entidades mediáticas consideradas inaceptables, generalmente como consecuencia de determinados comentarios o acciones, o por transgredir ciertas expectativas". Que en muchos casos genera "una llamada a boicotear a alguien -usualmente una celebridad- que ha compartido una opinión cuestionable o impopular en los medios sociales". Uno de los memes de burla hacia Samanta Casais. La imagen representa lo que pasa con la cancelación: gran parte de la sociedad se pone en tu contra.

En la Argentina lo vimos muchas veces. La más reciente quizás se pueda rastrear en el inaudito suceso que sucedió alrededor del reality show Bake Off. Una persona descubrió una irregularidad de parte de la ganadora, la escrachó en las redes sociales, y todo el país clamó por justicia. Una justicia menor, doméstica, habida cuenta de que otra justicia en el país no se impone. De pronto, Twitter estalló de personas pidiendo un castigo. Ya vimos muchas veces estas ejecuciones públicas por causas que podrían considerarse al menos más justificadas (aunque una ejecución, aun sea virtual, nunca lo es), ¿pero tanta saña por un reality? Así sucede ahora, Samanta Casais: cancelada.

¿Por qué pasa esto? ¿Qué rédito o qué morbo ofrece? Consultado para esta nota, Gael Policano Rossi, conocido en redes como AstroMostra y autor de Guía Astrológica para vivir en la Tierra, dice: “Un montón de minorías, que saben que nunca van a tener justicia porque es lo que les muestra la experiencia, encuentran en esto una justicia inmediata. Por otro lado, si todos cancelamos a un artista porque nos enteramos que hizo algo terrible como abusar de menores, todos sentimos una gratificación por esa idea de justicia instantánea. Sin embargo, uno de los grandes problemas de esto es la esencialización: pasar del alguien dijo algo que puede ser problemático, a ese alguien es problemático. Por ejemplo, Lali usa rastas o un look que supone una apropiación cultural de un grupo afro… Ahí sucede la esencialización y Lali pasa a ser racista de pronto, aunque no lo sea”.

Está visto que lo que comienza como tensión intelectual, con el tiempo cristaliza en tendencia en redes sociales. El talento de de la cultura de las redes para sacarle profundidad a cuanto tema atraviesa y convertirlo en discurso de fácil reproducción es abrumador. De este modo, vemos cómo críticas fundamentales a la sociedad se convierten velozmente en postulados que dejan afuera todos los pliegues de complejidad que esa misma crítica contenía. Gael Policano Rossi, AstroMostra en Twitter, se expresa en relación a la inclusión de una advertencia sobre racismo que se incorporó en "Lo que el viento se llevó". La respuesta es a un tuit de Steven Pinker, uno de los intelectuales que firmó la carta contra el pensamiento único.

Si en el siglo XX la escuela de Frankfurt habló de la industria cultural y la reproducción mecánica de obras de arte, en el siglo XXI lo que se reproduce no son pinturas sino ideas. Con una gravedad añadida: no solo se pierde el encanto del original, esa diferencia sustancial acaso difícil de apreciar, sino también se pierde su forma. Lo que se reproduce es una representación de las ideas, y como en toda representación, algo queda afuera. Es por eso que el pensamiento ya no “muere en la boca” (como decía en uno de sus artefactos Nicanor Parra), sino que hoy lo hace en las redes.

La consecuencia de esto en muchos casos es la pérdida de la capacidad de discusión. Pero en muchos otros, cuando toma su camino radical, aparece la cultura de la cancelación. Los más jóvenes usan el término “cancelled” (o “cancelado”, directamente) para referirse a una persona cuando se cansaron de ella. Una relación que no prospera, cancelled. Una amiga que tarda demasiado en responder, cancelled. Un amigo que tiene ideas políticas que me molestan, cancelled.

Bien lo retrató Black Mirror en uno de sus episodios, donde en un futuro distópico los humanos somos capaces de bloquearnos entre nosotros pero no en las redes sino en la vida real. Así, ya no vemos ni escuchamos a una persona determinada. Eso, que tan distópico parece, empieza a suceder hoy con la ya mencionada cultura de la cancelación. Los dichos de JK Rowling sobre la comunidad trans que despertaron polémica y condujeron a que cientos de miles en todo el mundo la "cancelaran".

Hace poco el término tomó mayor relevancia cuando J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, hizo declaraciones transfóbicas, discutiendo el derecho de las mujeres trans a ser consideradas mujeres. Un pensamiento que, pra el autor de esta nota, atrasa enormemente. Pero no quedó ahí: las comunidades trans le expresaron su repudio, ella expresó su repudio a ese repudio, otros expresaron el repudio al repudio de aquel repudio y la cuestión escaló tanto que la última semana Rowling junto a Noam Chomsky y otros intelectuales firmaron una carta en contra de la cancelación y alertaron contra el peligro del pensamiento único.

¿Qué es el pensamiento único? La posible continuación de la cultura cancelatoria: que en el mundo se establezca qué está bien pensar y qué no, y al que se sale de los límites establecidos, cancelled.

El escritor argentino Gonzalo Garcés viene reflexionando sobre esto hace tiempo. Consultado por Infobae, lo hizo una vez más: “La cultura de la cancelación es un virus social que saltó de los claustros universitarios a los medios y a la sociedad en general. El origen se puede trazar en ciertas ideas de Michael Foucault, que pueden resumirse, grosso modo, en que no hay ninguna verdad o realidad objetiva sobre la cual muchas personas pueden ponerse de acuerdo, sino que solo existen diferentes discursos que funcionan como el marco de lo que se puede pensar y, en la práctica, funcionan como dispositivos de dominación”, explica.

Diana Maffia tiene una mirada distinta. “Desde mi punto de vista, el pensamiento único es el que se gestó en la modernidad en Europa por parte de un pequeño conjunto de varones poderosos (donde todas las mujeres por su género y los varones subalternizados por clase, raza, etnia y otras condiciones estaban excluídos). Esos varones institucionalizaron sus intereses en la estructura del Estado, la economía, la ciencia, el derecho y la cultura. La crisis de esa hegemonía en el siglo XX se rompió cuando con el fin del bloque soviético el capitalismo occidental pareció ser el único ‘sentido común'. Las feministas denunciamos la continuidad de la hegemonía patriarcal en todas estas crisis y continuidades”, explica a Infobae. La filósofa Diana Maffia analizó el fenómeno de la cancelación para esta nota.

Por supuesto, en las redes bulle esta misma discusión pero sin parecerse al pensamiento. Allí, pareciera que las cosas simplemente suceden, que no hay un ordenamiento sistémico detrás. Así, de pronto Martín Cirio (la Faraona) es el influencer de moda, todos lo adoran, hasta que en su propio frenesí dice algo que la sociedad repugna (por caso, comparó la insistencia de una periodista pidiéndole una nota ¡a través de su asistente! con el accionar de un violador). Inmediatamente, cancelled. Sus detractores y hasta algunos de sus seguidores lo consideran persona no grata.

Hecha la ley, hecha la trampa: en muchos casos los cancelados hacen videos de disculpas que son en muchos casos más exitosos que los videos que lo llevaron a la fama. Si lloran en esos videos, más éxito aún. Y si esos videos son por ejemplo de un YouTuber, se da una paradoja fenomenal: al estallar en reproducciones, el YouTuber termina ganando plata con el video en el que llora y pide perdón por haber dicho o hecho algo que la sociedad reprochó.

“Lo más interesante del caso Bake Off es que finalmente Samanta no gana el reality show, lo gana Damián, y sin embargo la gente se muere por hacerle notas a Samanta y la quiere en Intrusos. Ella no ganó la plata pero miles de dólares en promoción gratuita”, explica Gael. Y agrega: “Es lo primero que encuentro en general cuando grupos minoritarios cancelan algo: lo terminan promocionando. Terminan dándolo a conocer en lugar de reducirlo. Pensamos por ejemplo en el programa minoritario de Gisela Barreto y la memeficación. La idea de convertirla en la mascota de los pro vida, la idea de provocarla para sacar más risas y que esté cancelada para las personas bien pensantes, de alguna manera le termina dándole la plataforma que ella no habría podido tener”. Gael Policano Rossi, AstroMostra en redes, dice que sucede algo morboso con la cancelación: los sujetos cancelados muchas veces terminan con mayor público que antes.

Gonzalo Garcés cree, más allá de las anécdotas que puedan surgir, esto es una continuación de la lucha de poderes. “Para Foucault, solo existía el discurso dominante o hegemónico, y el discurso emergente de los oprimidos. Si vos pensás que no hay intersubjetividad ni una realidad que podamos compartir, la consecuencia es obvia: gana el discurso que suene más fuerte, el que pueda silenciar a los demás. Desde ese momento era obvio para los que adoptaron este modo de ver, que hacer política era silenciar a otros. No bastaba con discutir, al contrario, para ellos debatir ya es hacer concesiones al enemigo. La única vía es silenciarlos. Extinguir sus discursos. Es una forma de pensar anticientífica, antidemocrática, y sobre todo una forma de pensar incivilizada. Y esta forma de pensar, por otro lado, cayó en el terreno fértil de las redes sociales donde todo se polariza y donde los términos medios o la búsqueda de consensos es cada vez más difícil, y se potenció. Hoy es la mayor amenaza que tenemos no ya contra la democracia sino contra el hecho mismo de pensar”, explica.

Sin embargo, esa vocación de silenciamiento coincide con un momento histórico del decir. Nunca antes como ahora se pudo decir tanto, de tantas formas y en tantos formatos. Nunca antes como ahora a su vez se hizo tanto por romper el silencio que invisibiliza ciertas realidades. En ese sentido, para Diana Maffía los dichos de Rowling son graves porque funcionan como un modo invisibilización: “Buscar un nombre apropiado para colectivos de la diversidad sexual es parte de una acción política muy relevante: el nombrarse, el reconocerse como grupo y no sólo como individuos marginales al grupo dominante, y sobre todo reconocerse como grupos de acción ciudadana que demandan derechos. Pensemos en el término ‘travesti', que gracias al activismo de Lohana Berkins pasó de ser un insulto a denominar un colectivo que denunciaba el binarismo de las políticas estatales que no tenían respuestas para ellas”, dice.

“Creo que estamos en pleno proceso de probar nuevas categorías con el lenguaje, y que ese proceso es político, por eso a veces se torna violento. Y cuanto más visible es la voz que ignora una identidad, más violento es el reclamo. Pero dentro de los propios movimientos de la diversidad y dentro del propio feminismo (y la conjunción del feminismo trans inclusivo en el que me inscribo) esto es materia de debate y cambios, no es algo cerrado”, agrega.

La filósofa Esther Díaz comparte su rechazo a las palabras de Rowling y no cree que la autora de Harry Potter tenga razón al reprochar los dichos en su contra: “Me parece poco pertinente de parte de las personas que firmaron, sobre todo de Rowling, porque ella de ninguna manera está excluida de la sociedad. Por otro lado, la filosofía nació del disenso, y de peleas orales terribles, y no estoy en contra de eso para nada. No existe una sociedad donde todo el mundo esté de acuerdo. Yo por ejemplo no estoy de acuerdo con sus declaraciones. Independientemente de eso, no me gusta para nada la palabra ‘tolerar’ que se usa en la carta. Tolerar es una palabra que viene de la derecha, ideología que no comparto. De lo que se trata es de incluir, no de tolerar. Si digo tolerar estoy considerando que soy el dueño de la verdad y que te tolero a vos (a vos en genérico). Tolero al otro porque soy generosa, pero la que tiene la verdad soy yo… Una sociedad debe incluir las diferencias, no existe ningún país del mundo, ni ninguna familia, ni ninguna pareja que esté de acuerdo en todo. El disenso es el comienzo de todas las cosas. Rowling tiene derecho a decir lo que quiera, estoy de acuerdo, pero también tienen derecho a decir lo que quieran los demás”, explica Esther. La filósofa Esther Díaz analiza la cultura de la cancelación para esta nota. "Hay que separar a la persona de la obra", advierte.

Otros de los peligros a los que apunta la carta es el de dirigirnos hacia “el pensamiento único”. Tiene relación con la cancelación. Para que algo sea sacado de circulación, debe haber un consenso en que es malo. Hace poco hubo mucho revuelo porque se dijo que HBO iba a retirar de sus plataformas la película “Lo que el viento se llevó” por tener una mirada dañina de las personas esclavizadas (que aparecen en la película como si fueran personas felices de estar esclavizadas). Lo cierto es que HBO solo la retiró para volver a incluirla con un disclaimer advirtiendo sobre los prejuicios étnicos y raciales que reproducen en el film.

Si uno mira la película, ahí sí se ve un pensamiento único (y fantaseoso, por otro lado) en relación a la realidad de los esclavos. Pero al verla, cada uno de sus espectadores complejiza ese pensamiento al contrastarlo con su propio intelecto. De este modo, es la circulación lo que pone en discusión los conceptos, no la cancelación. “La manera de derrotar malas ideas es la exposición, el argumento y la persuasión, no tratar de silenciarlas o desear expulsarlas. Como escritores necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la asunción de riesgos e incluso los errores. Debemos preservar la posibilidad de discrepar de buena fe sin consecuencias profesionales funestas”, dice un fragmento de la carta firmada además de Rowling por Margaret Atwood, Noam Chomsky, Salman Rushdie y otros 150 intelectuales de todo el mundo.

“Algunos se sorprenden de ver que en la cultura de la cancelación no hay un partido político, no hay un líder claro ni muchos líderes claros, y esto desconcierta tanto a la derecha como a la izquierda: ¿a quién beneficia esto? ¿con quién podemos discutir esto si no hay caras visibles?”, se pregunta Gonzalo Garcés.

Tiene una mirada interesante sobre qué destino puede desprenderse de esto. “Lo que sucede es que la cultura de la cancelación no tiene una estructura vertical como tenía el fascismo o el stanilismo, donde las directivas bajan de un líder. No tiene tampoco la estructura horizontal que tienen los rumores o el sentido común, o ciertas revueltas populares. No. En cambio tiene una estructura piramidal, porque funciona del mismo que el esquema de Ponzi (o las llamadas estafas piramidales). Los argentinos que perdieron plata con el telar de la abundancia recordarán cómo funciona: yo entro en el negocio y recibo cierto dinero a condición de traer al menos dos inversores más al juego, y que esos dos a su vez traigan otros dos, y así sucesivamente. Mientras se sigue expandiendo el negocio se sostiene, cuando deja de expandirse se derrumba. Eso pasó cada vez. Ahora, cambiemos dinero por poder y tenemos el funcionamiento de la cultura de la cancelación: vos me acusás a mí de misógino o de racista. Yo, para salvarme de la acusación, tengo que acusar al menos a dos o tres o cuatro personas más, y hacerlo en voz más fuerte. Ellos, a su vez, tienen que acusar a otros. Mientras se sigue expandiendo la cultura de la cancelación, cada uno de los que participa goza de una pequeña cuota de poder que le da el hecho de acusar. De esto se sigue que cuando deje de expandirse se va a derrumbar, lo que no sabemos es cuándo”, concluye. La escritora británica Joanne K Rowling, una de las firmantes de la carta contra "el peligro del pensamiento único".

En muchas ocasiones, la cultura de la cancelación repercute en campañas contra artistas o pensadores. No solo contra su persona sino contra su obra, ocasionando no solo un ataque moral sino obviamente económico. Al mismo tiempo, quedó dicho, muchas veces genera lo contrario: una corrida de cancelación puede derivar en un repunte en las ventas de la persona cancelada.

Más allá de eso, ¿está bien vincular automáticamente la obra con el pensamiento del autor en determinada materia? Una librería inglesa comunicó tras el escándalo de sus dichos que iban a retirar a Harry Potter de las estanterías. ¿Tiene algo que ver el joven mago con la posible transfobia de su creadora?

“No, para mí se divide totalmente la obra de la persona”, dice Esther Díaz, que al mismo tiempo repite una vez más su desacuerdo categórico con los dichos de Rowling. “El ejemplo más irritante para algunos pero más pertinente para otros, es el de Heidegger. Él estuvo afiliado al partido Nazi, y desde mi punto de vista eso no le quita un ápice de mérito a su obra. Nadie en la filosofía pensó al ser con la profundidad con la que lo pensó él. Fue tres meses rector de una universidad en la época de Hitler… No estoy de acuerdo, obviamente, pero aun así enseño su filosofía porque es valiosa independientemente de él. Y eso pasa con todos los productos. Supongamos que tenés niños, hay una epidemia de poliomielitis y te enteraras de que el que creó la vacuna contra eso era un pedófilo... ¿Dejarías de darle la vacuna a tu hijo? No. Por eso soy categórica: no hay que mezclar la obra con la persona”, dice.

Alguno puede estar en desacuerdo. ¿Pero puede alguno asegurar que su manera de pensar es la correcta a este respecto? Quienes crean que sí, ahí están las filas del pensamiento único buscando sus soldados. Como autor de esta nota solo puedo decirles una cosa: cancelled para siempre, aunque eso incluya cancelarme a mí mismo.

Game over.

Erdogan corona su agenda islamista con la reconversión de la antigua basílica Santa Sofía en Mezquita

El Consejo de Estado turco revoca la condición de museo de la antigua basílica mientras la Unesco expresa temor por cómo pueda afectar a la conservación de un monumento patrimonio de la humanidad

Varios turistas en el interior de Santa Sofía, este viernes. En vídeo, todas las vías están libres para que Santa Sofía se convierta nuevamente en una mezquita.OZAN KOSE (AFP) |


El Consejo de Estado de Turquía ha revocado este viernes la condición de museo de Santa Sofía, la antigua basílica y una de las mayores joyas mundiales del arte bizantino, abriendo así la vía a su reconversión en mezquita tal y como pedía parte del movimiento islamista turco y el presidente Recep Tayyip Erdogan. La Unesco ha mostrado preocupación por los intentos de modificar su estatus de uso y ha recordado a Turquía que el hecho de que Santa Sofía esté inscrita en la lista de Patrimonio de la Humanidad —como parte del casco histórico de Estambul— acarrea “responsabilidades y obligaciones legales” sobre el estado de conservación del monumento. Nada más conocerse la decisión, Erdogan ha firmado un decreto transfiriendo la propiedad de Santa Sofía a la Dirección de Asuntos Religiosos para su “apertura al culto”.

El actual edificio de Santa Sofía fue edificado hace casi 1.500 años y funcionó como catedral cristiana hasta la conquista otomana de Constantinopla en 1453, cuando fue transformada en mezquita. En la década de 1930, sin embargo, el padre de la Turquía laica, Mustafa Kemal Atatürk, ordenó restaurarla, recuperar los mosaicos que durante siglos habían permanecido encalados y convertirla en museo. Precisamente, lo que este viernes ha anulado el Consejo de Estado es la decisión del Consejo de Ministros de 1934 que convertía al templo en museo, dando la razón a la demanda de una pequeña asociación islamista que argumentaba que Santa Sofía pertenece a la fundación religiosa instituida para su cuidado en el siglo XVI y, actualmente, a su institución heredera, la dirección de fundaciones religiosas del Gobierno turco, y no a su actual gestor, el Ministerio de Cultura.

La medida tomada por el Consejo de Estado —que en este caso actúa como máximo tribunal administrativo— contradice dos sentencias anteriores que subrayaban la constitucionalidad de la decisión de 1934, un reflejo de que la influencia de Erdogan y su partido en los últimos 18 años ha alterado los equilibrios ideológicos dentro de las mismas instituciones judiciales.

En un comunicado, la Unesco explicó que ha enviado varias cartas al Gobierno turco expresando su preocupación por los planes para Santa Sofía. “Exigimos a las autoridades turcas que inicien un diálogo antes de tomar una decisión que pueda minar los valores universales del monumento”, dijo la institución, que recordó que “cualquier modificación” a un lugar incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad debe ser “notificado de antemano a la Unesco y, en su caso, revisado por el Comité de Patrimonio de la Humanidad”.

El portavoz del Ejecutivo turco, Ibrahim Kalin, ha rechazado las críticas alegando que la reconversión en mezquita “no afecta a su estatus como patrimonio cultural”. También aseguró que los mosaicos que representan figuras humanas —que deberían ser cubiertos para destinar Santa Sofía al culto musulmán— serán “preservados” y que los turistas podrán seguir accediendo a ella para visitarla fuera de las horas del rezo, “del mismo modo que en otras mezquitas turcas, o en iglesias como Notre Dame y Sacré Coeur en París”.

Más de 350 académicos de todo el mundo, de diversas disciplinas relacionadas con las artes y la historia bizantina y otomana, han firmado una carta pública dirigida a las autoridades turcas en la que alertan del “daño” que podría sufrir las obras de arte de su interior. Y ponen como ejemplo varias antiguas iglesias bizantinas con categoría de museo que han sido convertidas en mezquita en los últimos años, como Santa Sofía de Trabzon, en cuyo interior se ha construido “un elaborado conjunto de pantallas para tapar los frescos bizantinos”, o Santa Sofía de Bizye, cuya transformación ha resultado en “daños sustanciales a la estructura histórica del edificio”.

Las políticas de conservación del patrimonio cultural del Gobierno turco han sido muy criticadas. Tanto que la académica turca Ebru Erdem Akçay ha acuñado el término “restruir” para calificar la mala calidad de las restauraciones que se llevan a cabo y que han terminado por dañar irremediablemente algunos monumentos y sitios arqueológicos de gran valor. “La restauración es una ciencia que necesita método y experiencia. En Turquía, la mayoría de los que hacen las restauraciones son amiguetes del Gobierno, no expertos. Y vemos con horror cada nueva restauración, así que temo por los frescos y mosaicos de Santa Sofía”, denuncia Erdem Akçay.

De nada han servido las peticiones del secretario de Estado de Estados Unidos, del Ministerio de Exteriores de Francia o del Gobierno y la Iglesia de Rusia de que se mantenga el estatus de museo de Santa Sofía, tampoco las airadas protestas de Grecia. En todo caso han espoleado aún más las motivaciones del Ejecutivo islamonacionalista de Turquía. “Nos dicen que no nos atrevamos a transformar Santa Sofía en mezquita. ¿Quién gobierna Turquía, nosotros o vosotros?”, dijo Erdogan el mes pasado en referencia a las críticas vertidas desde Atenas.

Y es que en la transformación del hoy museo de nuevo en templo religioso hay mucho de estrategia política por parte de Erdogan. Solo hace un año, el presidente turco rechazaba las demandas de sus seguidores que le pedían la reconversión de Santa Sofía alegando que, frente a ella, está la Mezquita Azul y los fieles no son capaces de llenarla en el rezo del viernes. Sin embargo, los problemas económicos, las escisiones en su partido y la fatiga de Gobierno han llevado a una cierta caída de la popularidad de Erdogan. Y con ello, el líder turco se ve necesitado de retomar viejas demandas del movimiento islamista; toda vez que, tras 18 años en el poder ya ha cumplido con la mayoría de ellas: el libre uso del velo en todas las instancias del Estado, una mayor presencia pública del islam, el aumento del número de escuelas religiosas, la islamización del currículum educativo...

Aunque en un principio se había barajado como fecha de apertura el próximo 15 de julio, cuarto aniversario de la fallida sublevación militar perpetrada por una facción del Ejército conectada con la cofradía islamista de Fethullah Gülen (antiguo aliado de Erdogan convertido en enemigo), finalmente el presidente Erdogan anunció, en un discurso a la nación, que Santa Sofía será reabierta como mezquita el próximo 24 de julio en lo que definió como una “segunda conquista” (el tema de la conquista de Constantinopla de manos bizantinas es un fetiche de los islamistas turcos). El presidente turco aseguró que las obras de arte serán respetadas y todos los visitantes podrán admirarlas, pero subrayó que la reconversión en mezquita es “un derecho soberano” del Gobierno turco y rechazó que se critique la decisión del mismo modo que Turquía “no interviene en cómo se gestionan los lugares sagrados de otros países”. “Pedir que Santa Sofía continuase como museo es el equivalente para nosotros a que se pidiese el cierre del Vaticano al culto”, afirmó Erdogan, sin tener en cuenta que los monumentos que son Patrimonio de la Humanidad son evaluados según el estado de uso que tenían cuando fueron aceptados como tales.

En una época en que crece el identitarismo populista, “la historia y la majestuosidad de Santa Sofía la han hecho irresistible para los chovinismos que compiten entre sí, convirtiéndola en un premio simbólico para aquellos más interesados en poseerla que en rezar en ella”, escribía el pasado año el analista Nicholas Danforth, recordando que, no solo la derecha turca tiene la vista puesta en ella, sino también supremacistas blancos como el autor de la masacre de Christchurch (Nueva Zelanda), Brenton Tarrant, quien en un manifiesto pedía derribar los minaretes de la antigua basílica.

La oposición turca, de hecho, ha decidido no entrar al trapo en la cuestión de Santa Sofía, porque piensa que Erdogan busca alejar el foco de asuntos más importantes para la sociedad —la situación económica, el creciente autoritarismo o el mal funcionamiento del sistema presidencialista que rige desde 2018— y atizar un debate polarizador en que el líder islamista se mueve como pez en el agua y que le puede ayudar a galvanizar el voto conservador y religioso. “En los noventa, estas cuestiones significaban algo para el islamismo. Pero hoy, la conversión de Santa Sofía no es una ‘victoria del islamismo’ porque el AKP [partido de Erdogan] lleva décadas en el poder y podía haberlo hecho antes. Se trata de una distracción de los problemas de Turquía y, de hecho, creo que las nuevas generaciones de conservadores turcos no tienen una fijación por Santa Sofía como la generación de Erdogan”, opina la politóloga Ebru Erdem Akçay: “Sí, habrá mucha fanfarria pero mañana volveremos al coronavirus, las preocupaciones económicas y las disputas internas”.

Alemania anticipó que tomará mayor participación en empresas que estén en riesgo por coronavirus

La administración de Ángela Merkel busca salvar las firmas que "se encuentren amenazadas por la pandemia"

El Estado alemán ya desembolsó 9000 millones de euros en rescate del grupo de aerolíneas Lufthansa

El ministro de Economía de Alemania, Peter Altmaier, anticipó que "el Estado tomará más participaciones en empresas amenazadas por la crisis del coronavirus", y evaluó que el total podría ser "unas decenas" de compañías.

Tras un primer salvataje al grupo de aerolíneas Lufthansa, cuya participación estatal alcanzó el mes pasado una inversión de 9.000 millones de euros por parte del Estado, el funcionario germano indicó en una entrevista con el periódico Frankfurter Allgemeine que "estamos hablando de tal vez unas pocas decenas de casos".


"En este número tan limitado utilizaremos las posibilidades que ofrece el Fondo de Estabilización Económica, incluyendo la toma de participaciones cuando sea apropiado”, remarcó Altmaier.

En este sentido, destacó que también es posible que el Estado ingrese en otras empresas con un "importante valor estratégico", como el fabricante de vacunas CureVac, y así evitar un intento de compra por parte del Gobierno de Estados Unidos.

“Siempre he dejado claro que las participaciones del Estado deben ser una excepción absoluta”, destacó.

En cuanto a la aerolínea Lufthansa, que esta semana anunció planes para recortar el 20% de sus cargos ejecutivos y 1.000 puestos administrativos, el jefe de la cartera de economía alemana enfatizó que "el Gobierno alemán no se opondrá a los despidos", mientras que en las firmas restantes en las que también concentran una mayor participación, como el Commerzbank, "el año que viene se tomará una decisión sobre la participación del 15%" para evitar la bancarrota.

Cuomo-De Blasio, de aliados a enemigos - Estados Unidos

El gobernador Andrew Cuomo (isquierda) y al alcalde Bill de Blasio
El gobernador Andrew Cuomo (isquierda) y al alcalde Bill de Blasio

La pandemia del coronavirus en Estados Unidos puso en el tapete las tensiones y las diferencias cada vez más grandes que existen en Nueva York, entre el gobernador Andrew Cuomo y el alcalde Bill de Blasio, que pasaron de ser aliados demócratas a enemigos acérrimos.
Se trata de una rivalidad en curso que ha estado en exhibición pública durante toda la pandemia. Sin embargo, la difícil relación entre Cuomo y De Blasio lleva décadas, desde los años 90, cuando eran aliados demócratas.
La semana pasada, el gobernador le apuntó al alcalde y a las medidas del consejo de la ciudad por haber eliminado mil millones de dólares del Departamento de Policía de Nueva York en medio de los disturbios tras la muerte de George Floyd mientras estaba bajo la custodia de la policía de Minneapolis, conjeturando que no "sabía qué significa".
"De dónde sacó los mil millones de dólares? Significa que estoy más seguro? Tiene algún efecto sobre el abuso policial? No sé lo que significa", reflexionó el gobernador en una conferencia de prensa. "Sabes qué es mejor? Haz algo. Haz algo. El cambio comienza con la persona en el espejo", agregó.
El golpe mayor fue cuando Cuomo advirtió que tenía el poder de "desplazar al alcalde de la Ciudad de Nueva York y convocar a la Guardia Nacional y, básicamente, hacerse cargo del trabajo de De Blasio si su colega no podía frenar el saqueo y la destrucción.
Nueva York continúa siendo el Estado más afectado del país, con 420 mil infecciones y más de 32 mil muertes. Las diferencias quedaron aún más expuestas en las conferencias de prensa diarias de Cuomo y De Blasio, donde manifestaron diferentes puntos de vista acerca de los protocolos, como el uso de mascaras, el cierre de escuelas y los parques infantiles, y sobre quién tiene la autoridad para tomar las decisiones.
Por un lado, De Blasio anunció en abril que las escuelas públicas permanecerían cerradas por el resto del año escolar en un esfuerzo por sofocar la propagación del coronavirus, solo para que Cuomo, tres horas después, dijera que aún no había sido tomada una decisión al respecto.
La lucha existe desde que De Blasio asumió el cargo de alcalde en 2014. Ambos políticos mantenían una relación desde 1997, cuando Cuomo se desempeñó como secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) del entonces presidente Bill Clinton, y contrató a De Blasio para servir como director regional de HUD en Nueva York.
Según Fran Morano, de Fox News, las diferencias son en parte ideológicas. "Parte de esto es ideológico, con De Blasio siendo más progresista y Cuomo siendo más un demócrata al estilo Clinton".
Pero poco después de que De Blasio llegó a ser alcalde y se puso de pie junto a Cuomo, quien ha ocupado el cargo de gobernador de Nueva York desde 2011, surgió la primera disputa pública porque el nuevo alcalde intentó gravar a los más ricos de la ciudad. (ANSA).