Como cazar afuera del zoológico en tiempos de grieta, entre los votantes jóvenes

Por Rubén Weinsteiner




En cada país, la percepción de los ciudadanos es que a nivel local y como fenómeno específico se produce una grieta que divide en por lo menos dos sectores enfrentados a la sociedad.

Es interesante que en cada país, sus habitantes, sus medios, la clase política y el poder intelectual, creen que sólo a ellos les pasa. O que en su país la grieta es más profunda que en otros países.

Vivimos en una era de grietas globales. Hasta 2016 fue pro Obama vs anti Obama, con el progresismo y gran parte de la “intelegentzia” de los EE.UU. a favor del primer presidente negro, y del otro lado una masa heterogénea compuesta por blancos pobres, rednecks, evangelistas, una parte de la comunidad judía (la más indentificada con Israel), la derecha política, el liberalismo económico entre otros, lo adversaba de una manera feroz.


Hoy tenemos a la misma sociedad dividida de manera irreconciliable entre los pro Trump y los anti Trump. En Europa tenemos los pro Brexit vs anti Brexit, en Rusia los pro Putin vs anti Putin, y fenómenos similares tienen lugar en Sudamérica donde los Lula, Bolsonaro, Cristina Kirchner, Macri, Evo Morales o Maduro, ponen a mucha gente de un lado o del otro.

Hay camino del medio? O hay gente en el medio sin camino?


Este fenómeno de las grietas en todos lados es un emergente natural de la web social. En Facebook por lo general tenemos amigos que piensan parecido a nosotros, que nos ponen likes y comparten nuestros posteos. Cuando alguien nos cuestiona demasiado, quizás al principio discutamos, refutemos, intentemos convencer o por lo menos plantear nuestro punto de vista. La realidad es que muchas veces esos debates escalan al nivel personal y terminamos dejando de ser “amigo” en Facebook de esa persona.

Nos llega un mensaje político a nuestro whats app, puede ser un meme, un chiste escrito, un video, un gif o simplemente una foto. A quien se lo reenvíamos? Claramente a los que piensan como nosotros.

En Twitter podemos seguir a gente que piensa diferente y hasta podemos debatir, hasta que llega un momento en el cual o dejamos de seguirlo o hasta incluso, si hubo alguna pelea desagradable lo bloqueamos o silenciamos.

Finalmente uno se va quedando con los que piensan parecido. Pasa algo y las reacciones son las de esas audiencias redundantes, que retroalimentan, legitiman y potencian lo que pensamos y sentimos.

Se van generando microclimas y sensaciones en los que piensan a y en los que piensan b del tipo “la gente dice que…” la gente esta cansada de…” “la gente quiere…”.



Esos microclimas están franqueados por un sesgo de confirmación, que es una tendencia a interpretar la información que percibimos, de tal manera que confirme nuestras creencias mas profundas. Aferrándonos a la información que la sustentan y rechazando y negando la evidencia que contradice nuestras ideas.

Mullainathan y Shleifer plantean de manera consistente, que los lectores estan interesados en escuchar noticias que se adapten a sus preferencias y que confirmen su visión de las cosas.

Es como si estuviéramos en encerrados en un cuarto 5 personas y los cinco estuviéramos convencidos de que algo va a pasar, y cada unos de nosotros reforzara con su discurso la mirada del otro. Si de repente aparece alguien de afuera con una mirada opuesta, será naturalmente resistido.



En Facebook, en Twitter, en Instagram, tenemos en nuestro timeline, gente que piensa parecido a nosotros. En Whats app, más allá de la gente con que interactuamos familiar, afectiva o laboralmente, tenemos un listado de contactos que son a los que le mandamos todos esos envíos que nos mandan y nos mueven algo.

El celular los sub 30 lo miran en promedio unas 500 veces por día, los sub 40 unas 350 y en el resto se aplana la curva pero no tanto. Para que miramos tanto el celular? Para ver si nos likearon en facebook? Si nos retwittearon o si alguien posteó algo, si alguien que nos interesa puso una story nueva en Instagram? Si alguien se conectó a Whats app y nos puso la v azul? Para ver videos? Fotos? El clima? Mails? Portales? Agenda? El Waze? Juegos? Para todo esto y más. El tema es que vemos más a nuestros amigos de redes sociales que a nuestra familia y amigos. Leemos lo que dicen, las reacciones en tiempo real, donde van, que sienten.

Nos likeamos unos a otros, nos reafirmamos, nos recomendamos series de netflix, (vemos las mismas series) y vamos solidificando la identidad tribal de un lado u otro de la grieta.

El escenario donde buscamos construir los votos, no tiene dos lados. Es cierto que en muchos países ha fracasado el intento de construir la “ancha avenida del medio”. En la mayoría de los escenarios hay dos bandos, pero hay mucha gente que aunque no hay votado por las ofertas de “avenida del medio”, tampoco se siente parte ni de a ni de b.

Ese “tercio” fluctuante es mayor que a y que b, porque suele pesar entre un 40 % y un 50% en términos de la población, y es ahí donde se consiguen los votos para definir una elección. Para a, para b, o para c.



En el voto joven ese “tercio” fluctuante es aún mayor cuantitativamente, es lábil, está despojado del factor ideológico, es funcional, es decir que busca maximizar beneficios para su vida personal o colectiva y responde a códigos de identificación identitaria tribal, de los sujetos de elección jóvenes con las ofertas de marca política de acuerdo a un clima determinado de época.



En los segmentos jóvenes, es más importante lo que dicen otros jóvenes, dentro o fuera de la tribu, por afirmación o por negación, que lo que dicen los padres, los profesores, los medios, el gobierno, la religion, la ley, etc. Si los jóvenes cumplen con lo que está bien para los padres, medios, profesores, religión o gobierno, incumplen con lo que está bien para los pares y viceversa. “No tomes, no fumes, no entables relación con gente peligrosa, estudiá mucho, no gastés en cosas superfluas, no te acuestes tarde, no tengas amigos que anden en cosas raras, buscate una pareja así y así” consejos sobre la vida sexual, las relaciones, el trabajo y finalmente la política.

De esta manera, los jóvenes, gestionan el conflicto entre lo que está bien para los padres y lo que está bien para los pares, y así, de esa manera, responder a dos expectativas diferenciadas.Este conflicto se salda a favor de la tribu, salvo que la coercitividad punitiva impida esa instancia.



Esos jóvenes que conforman esa mayoría desarticulada en términos del sistema global de preferencias electorales, son el “out of the box” o mejor dicho el “out of the zoo” más rentable para construir los votos necesarios para ganar una elección.



Resulta clave aquí la participación de los propios jóvenes. Son ellos los que primero deberán traer el imput de demandas, deseos, angustia, miedos, broncas, anhelos etc de esos votantes.

El imput es la materia prima esencial, sobre la que habrá que trabajar, para analizar, procesar, segmentar y construir el output: 1) la promesa de la marca política, 2) el discurso de poder y 3) la estrategia y la táctica para intervenir en la subjetividad de esos jóvenes.



El territorio fáctico de intervención se divide en 1) el espacio físico, 2) el ecosistema web social y 3) el universo tribal.



El discurso en el voto joven, para colonizer subjetividades y acumular, debe quebrar el punto de vista, construido por los procesos de standarización, limites y estereotipia de los mensajes de los medios, estructurados siempre con mecanismos repetitivos, que en realidad se constituyen como un control destinado a evitar la irrupción de mensajes nuevos y disruptivos.

En el voto joven, el planteo y enrolamiento en una visión disruptiva es excluyente, como esencial el lenguaje llano, concreto, sin eufemismos, ambigüedades ni sofisticaciones innecesarias.





La otredad

Con comunidades cada vez más endogámicas y cerradas, con grietas cada vez más pronunciadas, ¿como se hace para interpelar a la otredad?

Los jóvenes en particular son multidimensionales. En el caso que no sean militantes activos o pasivos de una espacio o ideología, no los define solamente un clivaje, una adhesión política, un rechazo, la pertenencia a una tribu urbana o las variables duras constitutivas de su historia. El cruce de variables blandas que determina la multidimensionalidad de la persona, complejiza el espectro de abordaje, lo enriquece y permite saltar los sesgos y hasta pre-grietas.


El abordaje frontal chochará siempre con el sesgo de confirmación. El abordaje articulado sobre el imput, empático, lateral y blando permite llegar con un mensaje reptiliano, emocional y hasta racional a personas que en un primer nivel de análisis rechazan el discurso del emisor.



Se trata de vencer emocionalmente al sujeto objetivo, con un un mensaje claro, articulado sobre frases cortas emocionales y directas, donde cada palabra debe luchar por su supervivencia, y donde la percepción del valor de verdad y potencia de emocionalidad de una oración, resultan inversamente proporcional a su extensión, con submodalidades visuales ( los sub 34 son esencialmente visuales más que auditivos y cenestésicos), y fundamentalemente generando insights. El otro tiene que hacer la cuenta y hacer el click. Nunca podemos dar el mensaje digerido y servido. En comunicación política lo único que no podés decir, es aquello que querés decir.



La intervención en la subjetividad del “otro” en los segmentos jóvenes, requiere dotar al discurso de emoción, identificación y dotación de anclajes a la marca política, para poder atribuirles a estas, voluntades, particularidades, valores, obligaciones, lealtades, promesas, diferencias y capacidades subjetivas.

Como dijimos estableciendo una promesa central de la marca política, que es factor clave a la hora de abrir las compuertas emocionales del sistema de preferencias. Ejemplo: a Macri no lo votaron por las promesas de bajar impuesto a las ganancias, 1 millón de empleos, 2 millones de viviendas 5 millones de escuelas, 20 millones de “no vamos a devaluar” “no vamos a tomar deuda” “bajar la inflación es lo más fácil” etc. Nadie lo votó por eso, sino no hubieran votado al macrismo en 2017. Lo votaron por la promesa de marca política, que nunca se dice que pero se comunica, y fue : soy la garantía que el kirchnerismo se va y no vuelve.

El camino crítico sería establecer la promesa de marca política y poder comunicarla, construir un discurso de poder, es decir organizar las percepciones del sujeto objetivo en función de comunicar una potencialidad de acción basada en la empatía y la identificación y definir estrategia y táctica en función de la intervenir exitosamente en la subjetividad a favor de la instrumentalidad del voto.

Rubén Weinsteiner

Uri Levín, fundador de Waze: "Enamórense del problema y no de la solución"


"Enamórense del problema y no de la solución", dice Uri Levín, creador de Waze. Repite la frase como si fuera un mantra. La dice siempre, en cada conferencia que ofrece alrededor del mundo. Y hasta la tiene escrita en la remera que usa durante este encuentro. Esa frase encierra la clave del éxito, dice.

"El día que empezamos a enamorarnos de la solución, nos olvidamos del problema y vamos a perder el mercado que es donde hay que focalizarse", remarca.

En 2008, Levín, junto a sus socios Ehud Shabtai y Amir Shinar, desarrolló Waze, una aplicación de mapas, navegación y tráfico. Su idea comenzó a partir de un problema: falta de información actualizada sobre el tránsito y las rutas. Ése fue el problema que derivó en la solución, una app confiable, con una interfaz sencilla y lo más importante: que se actualiza en tiempo real con los datos que aportan los usuarios.

Luego de muchas dificultades, la idea se convirtió en un pequeño emprendimiento, que tuvo un crecimiento meteórico.

En 2013, cuando ya contaba con 50 millones de usuarios, la empresa se vendió a Google por mil millones de dólares "porque hay ofertas que simplemente no se pueden rechazar", explica Levine.

La compra marcó un hito porque, hasta ese entonces, el gigante de Mountain View nunca había pagado tanto por una aplicación.


Con el dinero que ganó por esa adquisición, Levine se dedicó a crear muchas otras startups. Entre ellas FeeX, una empresa que ayuda a los usuarios a recuperar cientos de miles de millones que usualmente se pagan de más. Son suerte de tazas financieras "ocultas".

Uri Levine vendió Waze por mil millones de dólares a Google

También lanzó Moovit, que es una app de navegación similar a Waze; Engie, que realiza diagnósticos mecánicos del vehículo y le explica al usuario lo que no funciona en un lenguaje simple y FairFly, pensada para aprovechar ofertas y ahorrar en tickets aéreos.



Ésos son tan sólo algunos ejemplos porque fundó mucha otras empresas más en los últimos cuatro años. Es un verdadero emprendedor serial. Y piensa seguir emprendiendo para construir "un mundo mejor", como suele decir en sus conferencias.



Si hay otro interés que tiene Levín es incentivar a los demás a que creen sus propias empresas. Es que el ritmo de la innovación requiere, exige, impone novedad.



"Los cambios son tan rápidos que en una década, cinco de las diez empresas más importantes de la actualidad no existirá. Y eso da miedo, ¿no? Lo bueno es que serán reemplazadas por alguien que haya iniciado su startup hoy. Y, con suerte, será alguno de ustedes. Ojalá sea yo", dice, entre risas.



Levín destaca que emprender implica tomar riesgos y que siempre hay fracasos en el camino


"No tengan miedo a los fracasos". Ésa es otra de las reglas que comparte Levine. Y en este sentido remarca que el rol del gobierno es fundamental. "El estado tiene que reducir el miedo al fracaso, propiciar las condiciones para el emprendedor" para que éste no sienta que si le va mal puede quedar en la ruina. Porque iniciar un proyecto implica riesgos, "Y en el camino habrá fracasos", subraya.



En este sentido subraya que el estado tiene que reducir los riesgos para los emprendedores, disminuir los impuestos y allanar el camino para que emprender sea más fácil.



El emprendedor fundó una decena de startups


"Lo principal es que lo esencial sigue siendo lo esencial . Esto es muy difícil de lograr, porque tendemos a creer que hay una infinidad de oportunidades, que podemos hacer de todo", analiza Levín. Y recuerda que cuando empezó Waze, una persona les sugirió que hiciera esa aplicación para Federal Express. Pero él y sus socios no cambiaron de rumbo. Estaban enamorados de su proyecto, de su historia y siguieron adelante.



"Si creen que hacer una startup es una montaña rusa, entonces juntar fondos es como una montaña rusa a oscuras. Uno ni siquiera sabe a qué se enfrenta", destaca Levine. Y cuenta que cuando iniciaron Waze, que en ese momento se llamaba Linqmap, recibieron muchos "no". Tuvieron que golpear puertas durante seis meses hasta que finalmente lograron reunir el capital necesario para empezar con la compañía.

Maxi, micro y nano influencers: cómo diferenciar a la nueva generación de celebridades de las redes sociales






Las personalidades de Internet conocidas como "influencers" han llegado para competir con modelos, actores y actrices además de los simplemente denominados "famosos", por una tajada del presupuesto publicitario de las grandes firmas del mundo, desde marcas de indumentaria hasta fabricantes de automóviles.


Pero en una era donde aparentemente cualquiera puede autodenominarse influencer, ¿cómo se puede distinguir a aquellos que realmente tienen una llegada real a su audiencia y quienes simplemente tienen la capacidad de tomarse buenas fotos donde se cuida hasta el último detalle?


Más importante aún, ¿cómo saber elegir el embajador de marca adecuado cuando los números de seguidores, likes y shares parecen ser lo único que interesa a los expertos en marketing hoy día?



Poner la situación en contexto resulta fundamental. No es lo mismo querer apuntar a contratar a un maxinfluencer, aquellas personas con más de un millón de seguidores en redes como Instagram, que a un microinfluencer, aquellos que son seguidos por unos pocos cientos de miles.


Aquellos en el escalafón más alto del ranking de popularidad en redes suelen estar fuera del alcance de la mayoría de las empresas por lo elevado de su cachet por post, por lo que muchas veces estos deben ser descartados más allá de la promesa de una explosión de ventas que representen.


Es por eso que una nueva generación de personalidades de Instagram, conocidos como nanoinfluencers, viene pisando fuerte en el mundo de la publicidad online. Con unos pocos miles de seguidores, estos están siendo contratados cada vez más debido en parte a su escasa fama, algo que permite que puedan recomendar a sus amigos desde productos de belleza a muebles para el hogar sin que parezca que se los están vendiendo bajo un esquema calculado en extremo.



Un artículo del periódico The New York Times destaca que hoy las marcas prefieren trabajar con estos dado que su contratación solo implica el canje de productos o una mínima comisión por si colaboración mediante posteos publicados con los hashtags #ad o #sponsored.


"Todos en Instagram tienen a esa amiga popular que acumula likes y comentarios gracias a sus excelentes contenidos. Probablemente nunca trabajaron con una marca antes, simplemente son buenas con las redes sociales" explicó al NYT Mae Karwowski, directora de Obviously, una agencia de marketing enfocada en los influencers.


"Existe cierta saturación en el nivel más alto" explicó Karwowski. "Hemos visto una gran demanda por trabajar con influencers más pequeños, dado que su nivel de engagement es muy elevado y hoy contamos con la tecnología para medir qué funciona y qué no" añadió.


Firmas como Obviously cuentan con una selección de alrededor de 7.500 nanoinfluencers, número que planean duplicar para el mes de marzo. "Las nuevas generaciones han crecido con esta tecnología, por lo que están muy acostumbrados a ver a otros hablar sobre los productos que les gustan y recomendarlos. Ahora también quieren ser parte de ello" detalló Karwowski.


"Esto te da la posibilidad de hacer múltiples apuestas pequeñas en lugar de ponerlo todo en Kim Kardashian" concluyó la experta en la nueva tendencia.

Cerró la metalúrgica FINPAK en Catamarca

Más de media docena de empresas bajaron sus persianas en el último año


Una vez más, cierra otra fábrica en Catamarca y despide a todo su personal. Esta vez, le tocó el turno a la metalúrgica FINPAK, ubicada en el parque industrial El Pantanillo. Había suspendido a todo su personal por 45 días y debía retomar su actividad el próximo 3 de julio. Sin embargo, esto no ocurrirá.

La noticia causó una profunda tristeza entre los casi 30 trabajadores. Todo comenzo el miércoles con el despido del único operario encargado del mantenimiento de la planta.

Los trabajadores se manifestaron en la puerta de la planta pidiendo una explicación y ahí se enteraron del cierre.

El ministerio de Producción catamarqueño había ofrecido pagar parte de los salarios mientras duren las suspensiones para mantener la fuente de trabajo y la empresa rechazó la ayuda. La empresa iba a pagar un 25% de los sueldos y el Gobierno conducido por Lucía Corpacci ofrecía el pago del 25% restante.

FINPAK ya había abandonado la fabricación de helaxeras y sólo fabricaba termotanques.

El Pantanillo esta cada vez más desolado. Alpargatas cerró su planta de Calzado, vendió su otra planta textil a Fibran Sur. Eyelit cerró su planta, la textil 12 de Octubre, Tileye y hasta la fábrica Barbero de Recreo. Son sólo algunas de las industrias que cerraron sus puertas fn la provincia en el último año.

Según el Episcopado, el Papa está pensando en visitar Argentina en 2020

El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Vicente Ojea dijo que no se trata de un anuncio formal no una fecha concreta, pero si "el deseo del Santo Padre que los argentinos sepamos que él está ya pensando en una visita pastoral".




El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Vicente Ojea, afirmó que el papa Francisco “ya está pensando cuándo” venir al país y estimó que esa visita podría concretarse entre “fines del 2020 o durante el 2021”.


“Hay quienes dicen que el Papa no quiere venir a la Argentina, pero a mí me ha dicho que desea hacerlo y que ya está pensando cuándo. Me dijo que no puede venir en lo inmediato, pero que, tal vez, a fines del 2020 o durante el 2021 ya sería posible que estuviera visitando el país”, sostuvo en declaraciones a la agencia Télam.

Si bien la máxima autoridad de la Iglesia en la Argentina aclaró que "no se trata de un anuncio formal ni de una fecha concreta", aseveró que "es el deseo del Santo Padre que los argentinos sepamos que él está ya pensando en una visita pastoral" a su país natal.

Las declaraciones de Ojea a Télam se producen luego de que, desde algunos sectores políticos y mediáticos, se especulara sobre el rol de Jorge Bergoglio en la campaña electoral.

En ese sentido, Ojea condenó que "se lo presente al Papa como partidario de una facción, con un estilo mentiroso que se da muchísimo en algunos medios, y busca ponerlo en una contradicción, una brecha que tiene que ver con no dejarlo ser Papa".

"Francisco puede ayudarnos mucho a vivir una cultura del encuentro, a superar nuestra grieta, nuestras heridas y divisiones, pero tenemos que permitirle tener el lugar que tiene en el mundo, y no en Argentina, donde continuamente se lo está colocando del lado de una facción, incluso con esta cuestión imaginaria de que está siempre pensando en Argentina y tramando o pergeñando ideas, una ilusión casi provinciana que nos coloca en una situación desubicada", advirtió.

En ese marco, el obispo de San Isidro consideró que "el mejor camino para preparar una futura vista del Papa al país es escucharlo a él directamente y dejar de estar pendiente de las cosas que se dicen sobre su figura, y de personas que hacen comentarios sobre lo que suponen que él dice, hace o piensa".

Durante la visita ad limina que todos los obispos argentinos realizaron entre abril y mayo a Roma, el Papa ya les había adelantado su voluntad de concretar el postergado regreso al país, e incluso se conoció que en 2017 estuvo a punto de venir.

Mientras estaban en Roma y cuando regresaron al país, muchos obispos expresaron públicamente este deseo del Papa, alentando así las versiones que señalaban los primeros meses de 2020 como fecha probable de viaje, basados en la presunción de que vendría a celebrar en abril los 500 años de la primera misa oficiada en territorio argentino, en Puerto San Julián.

Si la visita se concretaba durante esos primeros meses de 2020, el anuncio formal debía realizarse durante el transcurso de este año, mientras se desarrollaba el proceso electoral que recién culminaría en noviembre, en caso de segunda vuelta.

Pero, de esta manera, Francisco ratifica su deseo de venir "gane quien gane" las elecciones pero se asegura de que no se utilice políticamente el anuncio oficial de la visita durante la campaña electoral ya que, al estirar los plazos, la comunicación formal podría darse a conocer con las nuevas autoridades ya electas y en funciones.

Encuadres cognitivos e intervención sobre la subjetividad en votantes que nos rechazan

Rubén Weinsteiner



Rubén Weinsteiner

Las lealtades, adhesiones, rechazos, amores y odios hacia una marca política, no se constituyen en un proceso automático y natural, de condición y reacción, sino que se definen por la subjetividad enmarcada en los mecanismos primarios de referencia, que nos permiten construirnos una idea clara e inmediata de cómo percibir, leer, sentir y organizar percepciones acerca de la realidad a través de nuestro encuadre cognitivo (cognitive framing).



No hay un marco, hay una acción de encuadrar, de enmarcar la realidad

Si pensamos en nuestros compañeros de la facultad, y tratamos de imaginar como votan hoy, no alcanzará con definir las variables duras que los definían como integrantes de uno u otro segmento. Tampoco las variables más blandas que le podríamos atribuir dentro de un marco de referencia ideológica. Un compañero que recordamos como progresista puede estar votando a la derecha por X motivos, o un compañero que recordamos como de derecha, puede estar votando a la izquierda por motivos Y. Los encuadres mutan y se articulan con los anclajes que disparan e instalan las marcas políticas.

Este sistema de encuadre cognitivo que atraviesa y connota la realidad de cada sujeto de elección, constituye la subjetividad actual del mismo. Para intervenir sobre la subjetividad de los sujetos de elección hace falta conectar con su estructura de marcos cognitivos en tiempo real y desarrollar anclajes en función de ellos.



Encuadres cognitivos, anclajes y subjetividad


En 1998 Eduardo Duhalde era para muchos, un barón del conurbano con vínculos con el narcotráfico, un político mafioso y un exponente de lo peor del peronismo.

En 2003 Duhalde era para la gran mayoría de los argentinos, un estadista, un piloto de tormentas, un hombre mesurado, inteligente, un tiempista, y alguien que seguramente pasaría a la historia como un gran presidente, que sacó al país de su peor crisis.

En 2006 Duhalde era para muchos un barón del conurbano, vinculado con factores del narcotráfico, un político mafioso y un exponente de lo peor del peronismo.

No fueron muchos ni significativos los cambios que realizó Duhalde en su vida adulta mayor. Lo que se modificó fue su marca política, su posicionamiento, las percepciones, los significados que proyecta esa marca, y constituyen el anclaje marcario político y social de la misma.

El Bambino Veira era en los 80 un técnico joven, exitoso, divertido, un play boy. La vida que todos hubieran querido contar en una reunión de egresados de 20 años del secundario. Era simplemente el Bambino.

Entre el 88 y el 98 fue en el imaginario colectivo, un pedófilo, violador, primero preso y luego indultado por Menem. Para todos era Veira a secas.

En 2014 El Bambino Veira es un personaje fascinante, divertido, un playboy, la vida que todos querrían contar en una reunión de egresados de 40 años del secundario. Para todos es el Bambino.

El Bambino Veira no cambió, cambió el anclaje.

La memoria es el último recuerdo poderoso que adquirimos, no todo lo que vivimos. El poder de ese último recuerdo, es el que constituye el anclaje.

Un anclaje es una percepción fundada y construida en una ponderación conceptual, dentro de un estado de gran intensidad, de experimentación de sensaciones con fuerte solicitación simultánea del intelecto, del cuerpo y del espíritu.

Los discursos, las canciones, los himnos, la música en general, los rituales, la simbología, las banderas, los escudos, los relatos, las palabras, los gestos, los códigos, los colores, las fechas entre otros, son mecanismos activadores de anclajes. La ubicuidad, consonancia, persistencia, constancia e intensidad de un estímulo, consolida la asociación, que es, en este sentido, uno de los fundamentals del anclaje.

En los segmentos jóvenes, los anclajes, operan de forma dinámica e intensa, alternándose y sustituyéndose uno por otro, aún cuando un anclaje esté en las antípodas del otro.


Sustitución de un anclaje

No se puede sustituir un anclaje por otro negándolo. Negar no funciona. Probá decirle a tu esposa que no te gusta su amiga, y ella va a estar segura que si te gusta, porque en comunicación toda negación entraña una afirmación. Por otra parte no se desaloja un sentimiento con un afirmación, sino con otro sentimiento que se haga cargo de la base emocional del primero y lo sustituya.


Subjetividad y microsegmentación 

Cuando se trata de intervenir sobre la subjetividad del otro, tenemos que pensar en microsegmentos muy pequeños.

Hasta hace algunos años, la segmentación se pensaba estrictamente definida por variables duras, como; edad, genero, generación, ingresos, diferenciación social, lugar de residencia, años de estudio cursados, etc. En definitiva “lo que la gente es”.
El escenario actual de atomización y microsegmentación de los diferentes colectivos sociales, muy especialmente en los segmentos jóvenes que constituyen el #votojoven, nos impone un análisis, que no debe descartar las variables más duras, pero que debe enfocarse fundamentalmente en las variables blandas; “lo que la gente hace” “lo que a los jóvenes les interesa” ‘lo que a los jóvenes es gusta”, más que “lo que la gente es”.

Los microsegmentos constituidos por variables blandas se ordenan como el resultado de una articulación de demandas específicas y no tradicionales. Las personas demandan cosas y los que demandan las mismas cosas se agrupan en un determinado segmento, pero se sienten parte, de diferentes grupos, con diferentes demandas, por eso el abordaje microsegmentado es tan poderoso, porque nos permite interpelar personas a las cuales no llegaríamos con un abordaje tradicional. Por ejemplo si una persona de ninguna manera votaría al candidato F, y esta persona tiene un hermano esperando un transplante, y el candidato F propone un plan de transplantes que le plantea una luz de esperanza, quizás F puede llegar de otra manera a esa persona. Ahí queda expuesta la multidimensionalidad del sujeto político que se siente parte, por demandas específicas, de diferentes microsegmentos.

Las elecciones actuales suelen definirse por porcentajes muy bajos de diferencia. En los esquemas grietarios que se dan en EE.UU., Alemania, Gran Bretaña, Francia, Brasil o la Argentina, se gana o se pierde contra un rival directo por 1 a 3 puntos, lo que da, por ir directo al rival de 2 a 6 puntos.

En 1983 el comando de campaña de Alfonsín entendía que la elección se definiría por un 5%. Las encuestas lo daban debajo de Luder 52 a 48, y el objetivo consistía en dar vuelta el escenario. La estrategia fue microsegmentar y atacar un grupo muy específico, mujeres que votaban por primera vez, ya que no habían votado en 1973, es decir sub 29, hijas o esposas de peronistas y que habitaran en el conurbano. La movida apuntaba a torcer el voto natural por herencia, folklore o inercia de un segmento al que se atacó con dos comerciales: uno que planteaba que se terminaría el servicio militar, y que lo único obligatorio sería el secundario y el otro tocando la cuerda de la igualdad de oportunidades para todos los chicos.

Una madre entre el marido/padre y el hijo, se inclina por el hijo.
La jugada consistía en rebelar a un microsegmento del 2% de los votos del total nacional. Cuando se trata de este tipo de abordajes quirúrgicos, hay que apuntar a objetivos muy puntuales y definidos para tener precisión y poder concentrar sobre un punto todo el poder de fuego.

Ese 2% al ir de un partido a otro se convirtió en 4%.

La historia es conocida Alfonsín obtuvo la presidencia, Armendáriz ganó en la provincia, y el análisis de la elección señala que las mujeres de ese segmento votaron masivamente a la UCR.


Microsegmentación quirúrgica 

Intervenir sobre la subjetividad del nucleo duro del rival resulta imposible. Pensemos los niveles de dureza como círculos concentricos de una cebolla, con capa sobre capa. La posibilidad de interevenir y generar cambios, es posible en las capas más superficiales, en el voto más blando. Por eso es muy importante elegir y construir esos microsegmentos a los cuales apuntar.

Resulta clave descomponer el voto no propio blando en microsegmentos ponderados por particularidades específicas, que permitan definir cursos de acción diferenciales y específicos.



Hoja de ruta para la intervención sobre la subjetividad 

Las dinámicas de intervención hacia los microsegmentos permeables se dividen en 2 grupos:

a) Masivas: a través de acciones de escala, en los medios, actos, redes etc. Con mensajes estructurados y customizados para impactar en microsegmentos específicos.

b) Nucleares: despliegue vincular: presencial, whats app, redes, marcos de pertenencia, interacción y confianza. Estamos a un cuñado de ganar una elección. Milintando en pequeños entornos, la ponderación de la confianza y intensidad interactiva potencian construcción y organización de percepciones y la eventual modificación de subjetividades. Bolsonaro y Vox lo hicieron muy bien con whats app.



Camino crítico de intervención: 


1) Marco de enganche idea compartidas

2) Aceptar constituyentes comunes de referencia cognitiva “estamos de acuerdo que“

3) Presentar propias debilidades, errores y negatividades, asumirlas. Dejar ganar. No se puede esconder un elefante en un living, tenemos que hablar del elefante y después seguir
Tomemos el ejemplo de un gran apagón que se produjo en New York en los sesentas, la gente ardía de furia, miles pedían la baja del servicio y pensaban migrar hacia la competencia. Cuando volvió la luz el presidente de la compañía apareció por TV, en el espacio mas visto, miró fijo a la cámara con un primerísimo plano que llenaba toda la pantalla con su cara y con voz pausada y grave dijo: “Esto que pasó fue muy grave, cometimos errores, Uds, tienen razón y lo estamos solucionando, yo les garantizo, que esto nunca mas va a pasar, se quedó mirando a la cámara y de repente apareció una mano que estrelló un pastel de crema en su cara, el presidente de la compañía se limpio y dijo: “ya está”.
La pérdida de clientes fue insignificante, la gente escuchó “me equivoqué” Uds. tienen razón” y “se vengaron”. La conducta mas primitiva e institiva es explicar y poner el problema en otro lado, muy pocos admiten errores, por eso comunicacionalmente, el receptor se defiende de esa estrategia. Al Capone cuando fue detenido por evasión de impuestos y luego condenado por los crímenes mafiosos, lo consideró una injusticia, el se defendió diciendo que le daba trabajo a mucha gente.

4) El problema: Detrás del rechazo, adversión u odio, está el miedo. Al abordar microsegmentos de resistencia blanda, ese miedo es también blando, abordable y sensible a intervenciones. Empatía, curioso y no furioso para asumir el miedo del otro y entender el significado funcional del prejuicio e internalizar para intervenir. El otro no nos odia, sólo tiene miedo, y eso tiene solución.

5) Idea en crisis a debatir, tenemos un problema común a las dos partes. Poder leer las demandas sin enojos, para construir el discurso y vencer emocionalmente.
Me gusta contar la historia de un rey babilonio que supo conservar el poder por más de 40 años con éxito, popularidad y con un ejército poderoso y comprometido.
Este rey solía recorrer los frentes de batalla cuando su ejército se encontraba en algún conflicto. Cierta vez entró a una base militar, y tal como era su costumbre, se sentó con los jóvenes soldados en el piso donde estaban comiendo.
Uno de los soldados se quejó por la calidad de la comida, en términos muy duros y groseros, llegó hasta a insultar por lo bajo al rey.
Todos escucharon, y los lugartenientes del rey lo agarraron fuerte, la idea era ejecutarlo ahí mismo, había ofendido al rey delante de todos de la peor manera. El rey no podía mostrar semejante debilidad.
El rey, los frenó, y pidió hablar a solas con el soldado que se había quejado. Sus ministros insistieron, le señalaron el error político de no ejecutarlo ahí mismo delante de todos.
El rey los desautorizó a todos y llamó al joven con buenas maneras
El joven aliviado le dijo que la comida era malísima, el rey lo interrogó: que comida les gustaría a uds? Imagino que lo que te pasa a vos le pasa a todos, que comida es tan desastrosa?
El soldados entró en detalles, y le explicó pormenorizadamente el motivo de su queja.
El rey salió de aquella reunión improvisada, llamó a los cocineros, y les dio directivas precisas, acerca de los cambios que deberían instrumentarse en la cocina.
Al mes, el rey volvió, se sentó a comer, buscó con la mirada al soldado que se había quejado, lo encontró y vio una sonrisa. Le preguntó; Y ahora? El soldado le respondió: muy bien.
El rey hizo un gesto para que se lleven al soldado.


6) Como lo resolvemos? Compromiso actitudinal, call for attitude

7) Acuerdo

8) Emocionalidad

9) Insight: en comunicación política, lo único que no podemos decir, es aquello que queremos decir, el otro tiene que hacer el click

10) Discurso organizador de las percepciones para construir un nuevo anclaje, en modo posterior, no en terminos temporales, sino posterioridad estructural, es decir, que contiene y supera los miedos, dudas y rechazos del otro.


Fortalecer el voto propio duro o blando es muy importante, intervenir sobre los segmentos fluctuantes y no politizados también. Intervenir sobre la subjetividad de segmentos que a priori nos adversan, es uno de lo movimientos estratégicos esenciales en la construcción de toda hegemonía politica.

Rubén Weinsteiner

Bloomberg asegura que Trump se cree capaz de remover al jefe de la Reserva Federal

Luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos presente su decisión alineada parcialmente con las ideas del presidente Donald Trump para mantener las tasas de interés en lugar de subirlas como venía haciendo durante todo lo que va del año, y luego de haber analizado las oportunidades para despedir al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, Bloomeberg informó que, según fuentes confidenciales, Trump continúa convencido en tener la autoridad para reemplazar al presidente del organismo.


Donald Trump y Jerome Powell


A última hora del miércoles 19/06, la agencia de noticias norteamericana, Bloomberg publicó información en cuanto a las intenciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump con respecto a Jerome Powell, el jefe de la Reserva Federal estadounidense. De acuerdo a lo que dijeron fuentes confidenciales, el mandatario republicano cree tener la autoridad para reemplazar a Powell.

Según la información de Bloomberg el plan del presidente sería destituirlo para que pase a ser gobernador de la Junta Directiva del organismo. Sin embargo, también informaron que no es una decisión inminente, pero que si fue barajada por Trump y miembros de su gabinete.


Los dichos con respecto a Powell se dieron a conocer horas después de la decisión de la Reserva Federal en cuanto al mantenimiento de las tasas de interés, algo que sucede por primera vez en aproximadamente 10 años. Es así que luego de la crisis financiera de 2008, la FED no volvió a reducir las tasas, para poder tener controlada la inflación y de la misma forma el valor mundial del dólar.

Pero no solo eso, sino que al mismo tiempo Powell, había delcarado en conferencia de prensa: "la ley es clara: tengo un término de cuatro años y tengo la intención de cumplirla", refiriéndose a que no habría posibilidad de dejar el cargo. Ni siquiera en caso de que Trump se lo pida, aunque al parecer no tuvo en cuenta los planes de remoción del mandatario.

Volviendo a la posibilidad de destitución, es algo un tanto difícil para el, ya que la elección del presidente de la FED está a cargo del mandatario, es así que Powell fue designado por Donald Trump al asumir como presidente en 2017 y luego fue confirmado por el Senado, pero la destitución no depende solamente de él.

"Según la ley, un presidente de la Junta de la Reserva Federal solo puede ser removido por una causa (en referencia a casos de negligencia o mala conducta)", explicó la portavoz de la Reserva Federal, Michelle Smith. Esto es una de las cosas que mas molesta a Trump, teniendo en cuenta el historial de despidos en su gabinete y la facilidad con la que parece tomar las decisiones.

En tanto desde la Casa Blanca, según explicaron informantes a Bloomberg, los abogados creen que hay una forma de otorgar al presidente lo que quiere, pero que esa decisión traería conflictos con otros órganos del gobierno, quienes tendrían que también apoyar la medida.

Sin embargo en cuando a lo que es el escenario oficial, el poder Ejecutivo no emite comentarios. Es así que cuando el porta voz de Washington fue cuestionado con respecto al tema esquivo la pegunta y decidió no contestar. Lo mismo sucedió con Larry Kudlov, la Consejera en Economía de Trump, quienes en un evento se negaron a hablar del tema.

Aunque lo que muchos se preguntan es: ¿Nadie habla del tema porque no saben y porque las especulaciones de Bloomberg y de distintos organismos del gobierno con respecto al destino de Powell son solamente suposiciones o porque realmente Trump está planeando la remoción de el jefe de la Reserva Federal?

Es importante tener en cuenta que el organismo dirigido por Jerome Powell, controla parte de las reservas de los bancos estadounidenses, tanto los federales como los estatales asociados voluntariamente. Es así que tiene el poder de controla la política monetaria, algo que Trump quiere dirigir para posicionarse correctamente para las elecciones 2020 y en la guerra comercial con China, pero que históricamente fue un deber extra gubernamental.

Precio del petróleo se dispara luego de que Irán derribara un drone de Estados Unidos


Los precios del petróleo escalaban por encima de 63 dólares el barril, ante el riesgo de un conflicto militar en Oriente Medio.


El crudo Brent, el referencial global, subía 1,65 dólares, a 63,47 dólares el barril.

Los precios del petróleo escalaban el jueves más de un 3%, para ubicarse por encima de 63 dólares el barril, después de que Irán derribó un drone militar de Estados Unidos, exacerbando los temores a una confrontación entre Teherán y Washington.

Las expectativas de que la Reserva Federal recorte sus tasas de interés en su próxima reunión de julio para estimular el crecimiento del mayor consumidor mundial de crudo, y una baja inesperada en los inventarios de petróleo estadounidenses, también impulsaban los precios.

El crudo Brent, el referencial global, subía 1,65 dólares, a 63,47 dólares el barril, a las 1105 GMT, luego de haber trepado previamente más de un 3,3%, a un máximo intradía de 63,88 dólares. Los futuros del petróleo estadounidense WTI marcaban un alza de un 3,29%, a 55,53 dólares.

“El riesgo de un conflicto militar en Oriente Medio ha aumentado por la agudización de las tensiones entre Estados Unidos e Irán”, dijo Abhishek Kumar, de Interfax Energy en Londres.

“Por otro lado, la Reserva Federal ha dado señales de que está dispuesta a relajar la política monetaria en los próximos meses, lo que se percibe como favorable para la demanda de petróleo”, explicó.

El drone fue derribado en el espacio aéreo internacional sobre el Estrecho de Ormuz por un misil superficie-aire iraní, dijo un funcionario estadounidense. Las poderosas Guardias Revolucionarias iraníes dijeron que la nave no tripulada estaba volando sobre territorio sur la república islámica.

La hostilidad se ha intensificado en Oriente Medio, donde se produce más del 20% del petróleo en el mundo, después de dos ataques contra buques de carga cerca del Estrecho de Ormuz, un punto crucial para el paso de los suministros de combustible. Washington ha culpado por los incidentes a Irán, que niega las acusaciones.

Otro factor que apuntalaba al barril el jueves era el declive los inventarios de crudo de Estados Unidos, según el último reporte semanal del Gobierno, y la posibilidad de que se extienda un pacto entre productores de la OPEP y aliados como Rusia para restringir los volúmenes de bombeo.

El cord-cutting como tendencia


Enrique Dans

El cord-cutting, personas que dejan de pagar su suscripción a la televisión por cable para empezar a consumir contenidos a través de la red, está convirtiéndose en un tema serio en los Estados Unidos.

El año pasado, un millón de suscriptores de este tipo de servicios se dieron de baja en los mismos, y en lo que llevamos de este año la cifra ya alcanza los cuatrocientos mil. Entre 2008 y 2011, se calcula que más de dos millones y medio de hogares se dieron de baja. Aunque pueda haber cierta discusión con respecto a las cifras, algunos hablan ya del cord-cutting como “the new file-sharing“, una tendencia imparable que la industria interpreta como un problema de precios, mientras los usuarios buscan otras cuestiones que la industria no les sabe proporcionar.

No hablamos de un problema de sustitución por descargas a través de medios alternativos como bit-torrent (aunque lógicamente sea una opción que también existe), sino más bien de servicios ofrecidos por compañías que como Netflix, Hulu, Apple o Google, complementados con sitios como las propias páginas web de las cadenas de televisión o YouTube. Existe incluso un caso polémico con denuncias cruzadas en ambos sentidos, Aereo, que también está despertando cierto nivel de atención.

El problema del cord-cutting no son las cifras, sino lo que subyace detrás de ellas. En los años que viví en los Estados Unidos, la suscripción a canales premium de televisión era un indicador del estatus socioeconómico: si alguien intentaba averiguar como era tu situación económica, era normal que te preguntase si habías visto un contenido en tal o cual canal. Con el tiempo, sin embargo, la suscripción a servicios de televisión por cable se está convirtiendo en sinónimo de “soy tecnológicamente iletrado y no sé acceder a contenidos de otra manera”. Quienes están optando por el cord-cutting ya no son personas que necesitan ahorrar dinero en una situación de crisis económica o los que no consumen televisión, sino los consumidores sofisticados, los que buscan otra manera de acceder y consumir contenidos que les gustan.

Es una tendencia que ya hemos visto antes: los libros electrónicos no comenzaron su adopción entre clientes que querían ahorrarse el dinero que costaban los libros en papel, sino entre quienes consumíamos más libros. Si ves una adopción tecnológica que toma cuerpo de naturaleza precisamente entre tus consumidores más ávidos y más rentables, ten cuidado, y sobre todo, no malinterpretes los síntomas. En mi casa, con una persona que escribe sobre contenidos televisivos, el canal que claramente se consume más proviene del ordenador que vive al lado del televisor. Y cuando hace unos días me llamó alguien de Telefonica para venderme Imagenio (¡cinco llamadas a mi móvil desde el 1004 a lo largo de la mañana hasta que finalmente contesté, creo que es algo que debería ser denunciable como acoso!!), no tuve la más mínima duda al decir claramente que no me interesaba: simplemente, no es un servicio que nos llame la atención en absoluto. Los contenidos a los que queremos acceder están simplemente en otro sitio.La dirección que sigue el tema es clara: incremento progresivo de la oferta en la red. El cord-cutter ya no se siente como un paria que se lo pierde todo, sino que tiende a tener acceso a cada vez más alternativas, muchas de ellas vinculadas a modelos comercialmente viables. Es, simplemente, una cuestión de tiempo que, como comentábamos hace unos días, empecemos a ver el modelo tradicional de la televisión como una cosa del pasado. Si no se produce por decreto, acabará teniendo lugar de manera natural. Mientras algunos siguen obsesionados con controlar la televisión de toda la vida como cuando había un solo canal, todo indica que las tendencias de consumo van a terminar apuntando en otro sentido.

Imposible no comunicar




Según Watzlawick, existen cinco axiomas en su teoría de la comunicación humana. Se consideran axiomas porque su cumplimiento es indefectible; en otros términos, reflejan condiciones de hecho en la comunicación humana, que nunca se hallan ausentes. En otras palabras: el cumplimiento de estos axiomas no puede, por lógica, no verificarse.

Es imposible no comunicar: Todo comportamiento es una forma de comunicación. Como no existe forma contraria al comportamiento («no comportamiento» o «anticomportamiento»), tampoco existe «no comunicación».

Toda comunicación tiene un nivel de contenido y un nivel de relación, de tal manera que el último clasifica al primero, y es, por tanto, una metacomunicación: Esto significa que toda comunicación tiene, además del significado de las palabras, más información sobre cómo el que habla quiere ser entendido y que le entiendan, así como, cómo la persona receptora va a entender el mensaje; y cómo el primero ve su relación con el receptor de la información. Por ejemplo, el comunicador dice: «Cuídate mucho». El nivel de contenido en este caso podría ser evitar que pase algo malo y el nivel de relación sería de amistad-paternalista.

La naturaleza de una relación depende de la gradación que los participantes hagan de las secuencias comunicacionales entre ellos: tanto el emisor como el receptor de la comunicación estructuran el flujo de la comunicación de diferente forma y, así, interpretan su propio comportamiento como mera reacción ante el del otro. Cada uno cree que la conducta del otro es «la» causa de su propia conducta, cuando lo cierto es que la comunicación humana no puede reducirse a un sencillo juego de causa-efecto, sino que es un proceso cíclico, en el que cada parte contribuye a la continuidad (o ampliación, o modulación) del intercambio. Un ejemplo es el conflicto entre Israel y Palestina, donde cada parte actúa aseverando que no hace más que defenderse ante los ataques de la otra.

La comunicación humana implica dos modalidades: la digital y la analógica: la comunicación no implica simplemente las palabras habladas (comunicación digital: lo que se dice); también es importante la comunicación no verbal (o comunicación analógica: cómo se dice).

Los intercambios comunicacionales pueden ser tanto simétricos como complementarios: dependiendo de si la relación de las personas comunicantes está basada en intercambios igualitarios, es decir, tienden a igualar su conducta recíproca (p. ej.: el grupo A critica fuertemente al grupo B, el grupo B critica fuertemente al grupo A); o si está basada en intercambios aditivos, es decir, donde uno y otro se complementan, produciendo un acoplamiento recíproco de la relación (p. ej.: A se comporta de manera dominante, B se atiene a este comportamiento). Una relación complementaria es la que presenta un tipo de autoridad (padre-hijo, profesor-alumno) y la simétrica es la que se presenta en seres de iguales condiciones (hermanos, amigos, amantes, etc.)

Pymes y Marcas

Rubén Weinsteiner


Toda empresa necesita comunicarse constantemente con sus clientes o posibles clientes, para presentarle sus nuevos productos y servicios, o simplemente para decirles que existe, pero no es tarea fácil, ya que el bombardeo de comunicación comercial que reciben estos, cada día es más grande. La gran pregunta que se hace muchas empresas es: ¿Cómo comunicar y llegar al potencial cliente en este ambiente saturado, caótico y altamente competitivo? Una de las soluciones es invertir en tu propia marca, en su posicionamiento y realizar estrategias de branding, en tu nicho de mercado en internet.


Las Pymes en general aun tienen la creencia de que las marcas son privativas de las grandes empresas al no considerar la marca como un activo que toma valor día a día y capitaliza las inversiones, esto es un gran error. Las marcas ya no son ajenas a las pymes, internet facilita muchísimo el poder consolidarla y hacerla fuerte a unos costes asequibles y rentables.

Las principales ventajas de disponer de una marca solida, posicionada y reconocida, son:

Una marca es la principal herramienta para competir y diferenciarte de los demás.

Incrementa las ventas y ayuda a ganar cuota de mercado.

Permite tener los precios más altos que la competencia, ya que el consumidor percibe confianza y calidad.

Ayuda a atraer y retener el talento. El personal que trabaja para la empresa se siente identificado con la marca creando una cultura interna fuerte.

Permite a la empresa crecer con más facilidad, acumulando notoriedad en sí misma.

Incrementa el valor de la empresa, ayudando a soportar mejor los tiempos de crisis.




Para posicionar la marca de una empresa en internet el primer paso es realizar un buen plan de marketing online, donde se definan claramente los objetivos que se persiguen:




Potenciar la imagen corporativa o de marca

Establecer nuevas relaciones e interactuar con los clientes o posibles clientes

Generar ingresos en internet

Reducir costes mediante intranets, para el personal, clientes o proveedores

Otros objetivos...




El siguiente paso es posicionar la marca en internet. Existen en el mercado infinidad de herramientas y estrategias que nos pueden ayudar según los objetivos que hayamos definido en el plan de marketing online. A cada objetivo que nos propongamos es recomendable escoger las mejores herramientas y estrategias, ya que este proceso no tiene final y requiere optimizarlo día a día, es la clave de la consolidación y mantenimiento de una marca reconocida.




Consolidar una marca requiere tiempo y mucha dedicación en conseguirlo, el objetivo es conseguir que tus clientes y potenciales clientes se conviertan en fans de tu marca y prescriptores de la misma. Esto se consigue realizando branding emocional, según define Steve Goldner en sus 6 fases:




Conseguir que el cliente se interese por tu marca

Lograr que el cliente considere la posibilidad de comprar alguna cosa.

Convencer al cliente de que su decisión de compra fue la mejor.

Convertir al consumidor en un cliente fiel que continúe comprando los productos o servicios de tu marca y que sea lo más receptivo posible a la misma.

Crear un ritual para que la marca pase a formar parte de la vida del consumidor

Lograr que el cliente se convierta también en prescriptor y portavoz de tu marca







Existen distintos niveles de “ambición” marcaria.




Un primer nivel el lograr que conozcan mi marca. Las marcas compiten hoy por la atención, recordación y el gasto del consumidor, y el tener una marca recordable abre las chances que se instale en la mente de los consumidores y participe en el juego de sus elecciones (presencia mental). La buena recordación de una marca NO es condición de éxito, pero si es una condición de posibilidad.




Un segundo nivel es lograr que la marca sea valorada. El que sea recordada no alcanza para que el cliente la elija o la quiera. La valoración trabaja entonces sobre los motivos que den “sentido” a la marca y su elección. Para ello, el valor se crea midiendo muy bien en los atributos “clave”, tanto funcionales como emocionales. Es darle “sentido” al nivel de notoriedad logrado, lograr diferenciarse y ser un referente. Si eso se logra, se dice que la marca comienza a construir su equity.




En este último aspecto, las marcas que más acertadamente han creado valor y se han destacado, son aquellas que han apostado más en construir emocionalmente las marcas, no sólo sobre la base del plano funcional de los productos. Construir marcas sobre valores y sentidos a veces abstractos, que apuestan más al “ser” de las personas.




En ese camino emocional, las marcas que han tomado posturas, que no “sobreprometen” y que verifican constantemente su imagen con actos concretos, que se muestran comprometidas con sus clientes y con la sociedad, las que son coherentes, las que crean espacios de contacto más allá de lo limitado a su prestación original, las que logran aportarles algo de “identidad”, son las marcas fuertes y ganadoras en el mercado de hoy.


Para las PYMES, la creación de marca surge cada vez como un imperativo estratégico. El desafío es grande, porque no se limita al mero ejercicio de pensar un nombre o como hacerlo “recordable”. El ejercicio es mucho más intenso y comprometido, dado que en el branding y la construcción de equity, participan todos y cada uno de los recursos de las empresas.


Sólo si se piensa en forma estratégica y con una mirada más allá, las empresas pueden ambicionar a lograr una marca fuerte y que se destaque en el mercado de actuación. Sino, sólo serán ejercicios tácticos sin repercusión y con efectos nulos o pocos influenciadores.


Con esto entendido, el ejercicio de “cambiar” de nombre se justifica si existen factores que hacen a la construcción de marca y que atentan contra su éxito en el nombre actual. Es decir, si estuviera demasiado emparentada con valores ajenos o distintos a los actuales, si se quisiera usar como “excusa” para un relanzamiento de su valoración y significado, o como método para alcanzar mejores niveles de recordación.

Adidas perdió el monopolio de las tres tiras en Europa

Fallo en contra del gigante deportivo alemán


Adidas se promocionó siempre en base a las tres tiras. Imagen: Twitter


La Unión Europea asestó un duro golpe al monopolio de Adidas en el Viejo Continente. A partir de hoy, el gigante de indumentaria deportiva ya no tiene la exclusividad de su marca con el distintivo de las tres tiras. Se trata de un fallo de primera instancia del Tribual General de la UE, a raíz de un recurso de la empresa tras el litigio que inició un competidor belga. Así, Adidas no puede registrar las tres tiras paralelas como algo propio.

"Adidas no probó que tal marca adquirió, en todo el territorio de la Unión, un carácter distintivo tras el uso que se hizo de ella", señaló la corte al rechazar la argumentación de Adidas. El tribunal sostuvo que la marca no ha tenido distintivo intrínseco ni demostrado que lo hubiera adquirido por el uso en toda la UE. Por lo tanto, no lo tendría que haber registrado.

La empresa manifestó su desazón por el fallo. “Estamos desilusionados”, señaló un portavoz. El quid de la cuestión pasaba por probar si los consumidores relacionaban a Adidas con las tres tiras. Eso fue lo que planteó en 2014 la Oficina de la UE para la Propiedad Intelectual (EUIPO) al registrar las tres tiras como marca de la UE en favor de Adidas, lo cual llevó al litigio y al diferendo ante el tribunal con sede en Luxemburgo.

Hace tres años, la empresa belga Shoe Branding Europe hizo una solicitud de nulidad y la EUIPO le dio la razón: consideró que la marca alemana carecía de carácter distintivo, tanto intrínseco como adquirido por el uso en relación a las tres tiras. Adidas presentó el recurso: buscaba demostrar que las tres tiras habían adquirido en toda la Unión Europea un carácter distintivo por el uso.

El Tribunal rechazó el recurso al considerar que las tres tiras no son una marca de patrón, sino una marca figurativa de tipo ordinario. Así, no se puede garantizar en la UE la protección a Adidas por el derecho de marcas, y la empresa podrá apelar la resolución dentro de los próximos dos meses.

"La analizaremos ahora de manera urgente y utilizaremos las indicaciones de esta sentencia para el futuro proceder para proteger nuestra marca de las tres tiras para diferentes posicionamientos de los productos", aseguraron desde Adidas.

La empresa sufrió en la bolsa el impacto del fallo: hoy perdió el 1,5 por ciento de su valor.
En esta nota

Camau Espínola se siente destratado por el PJ y se acerca a Pichetto

El senador de Corrientes se reunió con el candidato a vice de Macri y Frigerio en la Casa Rosada.


El senador correntino Carlos "Camau" Espínola se reunió con Rogelio Frigerio y Miguel Pichetto y se acerca al candidato a vicepresidente de Mauricio Macri.


El ex candidato a gobernador por el PJ estuvo este miércoles en la Rosada en el despacho del ministro del Interior, en una reunión de la que también participaron el ex gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi y el presidente del PRO, Humberto Schiavoni.

La foto es de fuerte impacto a pocas horas del cierre de listas. Camau tiene una excelente relación con Pichetto y siente que lo tratan mejor en el Gobierno que en su propio partido.

De hecho el presidente del PJ, José Luis Gioja, recibió a referentes del justicialismo correntino en las últimas horas y ni siquiera invitó a Espínola.

"Hace dos años sacó 45 puntos y ni siquiera lo llaman", se quejaron en el entorno del senador, que tiene mandato hasta 2021.

De todos modos advirtieron que no hay nada cerrado con Pichetto. Aunque ya se está hablando de que el rionegrino podría sumar con Camau su primera adhesión en el Senado luego de que se anunciara su candidatura por el macrismo.

La resignificación de la #MarcaPolítica del partido Verde en Alemania

Con el clima ya no alcanza



La gráfica del partido verde refuerza nuestra tesis sobre la crisis de identidad que sufre desde la tragedia de Fukushima. Su agenda temática parece querer rescatar su tema fundamental: la ecología. Sin embargo, es justamente este tema el que los condena. En efecto, sus demandas en relación al medio ambiente ya no son factores diferenciadores. La mayoría de ellas son compartidas por el resto de los partidos políticos. Se han transformado en valence issues, es decir, en temas de consenso amplio. Y desde ya que es imposible hacer una campaña exitosa si no tienes nada con qué diferenciarte del resto.









Este problema se profundiza cuando observamos el resto de la cartelería. Si el cartel fuese rojo en lugar de verde, cualquiera diría que son carteles de la socialdemocracia o incluso que son de die Linke. En otras palabras, en el espectro de la izquierda tampoco poseen temas de posicionamiento relativamente exclusivo.














Y esto nos lleva al interrogante principal que domina toda la campaña verde: ¿Por qué no le hablan al voto burgués conservador? ¿Por qué evitan a ese electorado formado mayormente por familias con buen pasar económico, que residen en los mejores barrios de Alemania, envían a sus hijos a las mejores escuelas y compran comida en los supermercados bio? ¿Por qué se empeñan en desconocer que su mayor éxito en los últimos 30 años se llama Winfried Kretschmann, un gobernador del sur rico cuyo éxito se basa en un discurso conservador con pinceladas verdes de vez en cuando?

El listado de preguntas no es caprichoso ni infundado. La idea de reorientar el discurso verde está presente y un indicador de ello son los candidatos. Tanto Katrin Göring-Eckardt como Cem Özdemir son pragmáticos. Ellos entienden que la política necesita de compromisos y concesiones. Esto les valió la etiqueta de verdes conservadores y la fuerte crítica de los sectores mayoritarios del partido. Es llamativo que pese a todo, estos candidatos se hayan impuesto en la interna. Y aún más sorprendente es que el partido continúe con una estrategia que ya no funciona. Tal vez una campaña enfocada en el lema del cartel de Özdemir sido la opción más inteligente: “Medio ambiente y economía no se excluyen mutuamente.”







Los verdes son un gran signo de interrogación. Algunas encuestas ya los pusieron por debajo del 7% de intención de voto. Será mejor que encuentren respuestas antes de que sea demasiado tarde.

Fuente de las imágenes: Bündnis 90 / die Grünen.

Google + y 150 proyectos de la compañía que fracasaron

Como ya había avisado, la compañía eliminó para siempre dos de sus servicios más conocidos: Inbox by Gmail y Google+. Ya son 150 los servicios que despidió de su plataforma por no funcionar correctamente.




A la despedida de estos dos servicios, hay que sumarle otras dos pérdidas en los últimos días: su acortador de URL Goo.gl y Google Allo. El primero desapareció la semana pasada después de 9 años en funcionamiento, mientras que su aplicación de mensajería nunca tuvo verdadero éxito.

El acortador de URL estuvo vigente por 9 años y dejó de aceptar usuarios nuevos desde 2019. Sobre Google Allo, era una aplicación que servía para responder con contestaciones automáticas a diferentes mensajes, lo que hoy en día está haciendo un algoritmo al sugerirte qué responder en Gmail, se volvió obsoleta.

En cuanto a Google+, la compañía había avisado que cerraría la app pero debió adelantar su baja por los problemas de seguridad que puso en peligro la información de millones de usuarios.

Quiso ser una red social como Facebook o Instagram pero no hubo caso, nunca llegó a tener el éxito que la compañía pretendía.

Otros proyectos que fracasaron fueron Google Talk (el chat de Google), que se transformó en el actual Hangouts (al que están considerando eliminar también), Google Spaces que era una aplicación para debatir en grupos, el Picasa, esa famosa aplicación para editar y compartir fotos.



Todos estos y muchos más están indexados en una iniciativa llamada Google Cementery, donde se puede ver cada uno de los proyectos de Google que hoy descansan en paz.

Comenzó la nueva Game of Thrones


Iniciaron la filmación en Irlanda


Por ahora solo se trata del piloto de Bloodmoon, pero los productores confían en que habrá toda una serie. "Verán una historia muy diferente", aseguró George RR Martin.



Winterfell, uno de los escenarios que se repetirá en Bloodmoon.


La precuela de Game of Thrones comenzó a filmarse en el norte de Irlanda, utilizando locaciones cercanas a los memorables momentos de la primera temporada en County Down, el bosque Tollymore y los Titanic Studios en Belfast. La monstruosa serie de HBO terminó el mes pasado, pero la próxima entrega sobre el mundo de los dragones y el hielo ya está en el horizonte.

El nuevo proyecto, con el título de trabajo de Bloodmoon ("Luna de Sangre"), transcurrirá "cientos de años antes de los eventos de Game of Thrones", según HBO. Estará protagonizado por Naomi Watts, Miranda Richardson y John Simm, uno de los intérpretes de la clásica serie Doctor Who. El episodio piloto está en plena producción, pero hay plena confianza de que se convertirá en una serie.

Los fanáticos de Game of Thrones reconocerán los escenarios norirlandeses de Winterfell y Castle Ward, pero el autor George RR Martin aseguró la historia que se contará esta vez será muy diferente. "Westeros es un lugar muy diferente", le dijo el escritor a Entertainment Weekly. "No existe King's Landing. No hay Trono de Hierro. No hay Targaryens; Valyria apenas está surgiendo, con sus dragomes y el gran imperio que creará después. Estamos lidiando con un mundo muy diferente y más antiguo, lo que espero que sea parte de la diversión en esta serie".

El autor está trabajando en esta nueva serie con la showrunner Jane Goldman, guionista y productora de exitosas películas como Kick-Ass y X-Men: First Class.

La Fed ignoró a Trump y mantuvo las tasas

Trump viene presionando para que la Fed baje las tasas




A pesar de la presión del presidente Donald Trump, la Reserva Federal de Estados Unidos decidió no tocar las tasas pero dio señales de que podría haber un recorte en su próxima reunión si la incertidumbre económica continúa.

Se trata de una buena noticia para el mercado local ûy para los mercados emergentes en general- pero que estaba prácticamente descontada por los inversores, por lo que la plaza porteña se inclinó por la toma de ganancias después de las fuertes subas de los últimos días.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Fed mantuvo sin cambios las tasas de interés de referencia en un rango de entre 2,25% y 2,50%, en línea con las expectativas del mercado.

Sin embargo, el banco central estadounidense advirtió que "vigilará de cerca" el desarrollo de las previsiones económicas y "actuará en forma apropiada para sostener la expansión" de la economía.

El mercado cree que existe una probabilidad cercana al 90% de que la Reserva Federal baje las tasas en la próxima reunión de julio y por encima del 95% a la chance de que el recorte llegue en los siguientes encuentros de este año.

Aún cuando se descuenta que la Fed arrancaría con el recorte de tasas en las próximas reuniones, en esta oportunidad lo más relevante pasó porque el organismo monetario ratificó el tono dovish reciente, aún cuando sea como respuesta a la desaceleración económica.

Peppo confirma su apoyo a Alberto F. y junto a Capitanich será candidato a senador por Chaco

En octubre podrían enfrentarse por la gobernación, pero el perdedor tendrá su banca en el Senado.



Domingo Peppo confirmó la unidad en el peronismo de Chaco y el apoyo a la fórmula Alberto Fernandez-Cristina Kirchner. Como parte de los acuerdos, el actual intendente de Resistencia, Jorge Capitanich, encabezará la lista de senadores por esa provincia.

Peppo se reunió este mediodía con intendentes del Frente Chaco Merece Más, a quienes informó sobre la unidad. "Todos vamos a acompañar la fórmula", expresó.

El gobernador aseguró que se continuará charlando en los días siguientes hasta el cierre de listas del sábado 22, pero anticipó una estructura básica de unidad.

Esa unidad incluye a Capitanich encabezando la lista de senadores; Peppo irá como senador en tercer lugar o suplente, y el presidente de Concejo de Resistencia, Gustavo Martínez, o alguien de su espacio político, encabezará la lista de diputados nacionales.

De este modo, Peppo resolverá más adelante su camino hacia la reelección. Las elecciones en esa provincia del norte del país serán el 13 de octubre, las alianzas se inscriben el 29 de julio y las listas se anotan el 10 de agosto.

"Esto distiende la situación mirando hacia el futuro y dejando en libertad de acción a quienes queremos ser candidatos a gobernador", expresó Peppo. "Mi candidatura a gobernador sigue latente y firme, pero decidimos generar dos etapas. Este avance en acuerdos nos da un tiempo", agregó.

El acuerdo de hoy supone que si no logran el consenso por la candidatura a gobernador, Capitanich y Peppo podrían se enfrentarse en octubre, pero el perdedor de esa contienda tendrá asegurada la banca en el Senado nacional.

En los últimos días, Capitanich estaba lanzado como candidato a gobernador de Chaco y dispuesto a enfrentar a Peppo, un gobernador que formó parte de Alternativa Federal aunque siempre pidió unidad del PJ.

El gobernador suspendió las elecciones primarias para evitar una interna con el ex jefe de Gabinete pero no consiguió cancelar sus aspiraciones.

Hasta hace pocas horas, Capitanich exhibía encuestas que lo mostraban con 40 puntos, seguido de lejos por Peppo con 18 y aún más atrás Carim Peche, el candidato del PRO.

Peppo nunca se recuperó de la detención de sus ex funcionarios hace un año y la diputada radical Aida Ayala, candidata natural de Cambiemos, cayó en desgracia con la denuncia judicial que casi la deja tras las rejas.

Montenegro, Marziotta, Dolores Fonzi y Zulma Ortiz suenan para acompañar a Lammens en la fórmula

Se la candidatura de Lammens. La legisladora corre con ventaja para acompañarlo en la fórmula porteña.


La legisladora porteña Victoria Montenegro.

Matías Lammens encabezará la fórmula para jefe de gobierno del frente kirchnerista pero aún no está definido quién será su compañera. Se sabe que será una mujer y suenan los nombres de Victoria Montenegro, Gisela Marziotta, Zulma Ortiz y la actriz Dolores Fonzi. Por ahora la legisladora es quien tiene mayores posibilidades de acompañarlo.



El titular de San Lorenzo liderará la boleta porteña por una intervención directa de Alberto Fernández y Mariano Recalde la de senadores nacionales. Este desplazamiento es consistente con las versiones sobre la intención de Cristina Kirchner de hacerse fuerte en el Senado en el próximo mandato y se supone esto derivará en una especial intervención de la ex presidenta en las boletas que lleven candidatos a la cámara alta.


Hay chisporroteos entre Pino Solanas y Victoria Donda por la tira de diputados y hoy el cineasta tiene más posibilidades de encabezarla.

Solanas había ganado terreno para que Eduardo Valdés, uno de los históricos del kirchnerismo porteño, escale posiciones y asegurar su ingreso a la cámara baja. El dirigente, muy cercano al Papa y al sindicalista Víctor Santa María, enfrenta inconvenientes en el terreno judicial por la denominada causa "Puf Puf". La legisladora Paula Penacca y el economista Itaí Hagman podrían completar la nómina, aunque Carlos Tomada es otro de postulantes que integraría la parte alta de la lista de diputados nacionales.

Para compañera de fórmula, Lammens impulsaba a Ortiz, ex ministra de Salud de la Provincia de María Eugenia Vidal, pero al parecer la médica e investigadora no será de la partida, al menos en la boleta para jefe de Gobierno.Eduardo Valdés junto a Víctor Santa María.



Este miércoles Lammens desayunó con Alberto Fernández y con Recalde, pero aún no hubo una decisión. Montenegro es quien se acerca más a las expectativas del titular de San Lorenzo, pero al parecer Santa María "está muy firme con Marziotta", afirmaron a LPO fuentes del peronismo porteño. La periodista trabaja en los medios del líder del Suterh y lo acompañó en otros anteriores del peronismo porteño.


El perfil de la periodista es exactamente el opuesto al que quería Lammens para la fórmula: pretendía un armado más progresista que kirchnerista. El titular del Suterh es uno de los líderes del peronismo en la Ciudad y tiene fuerte injerencia en las listas, al igual que Juan Manuel Olmos.

Santa María hizo que el Matías Berrotaveña entre a la parte alta del listado de legisladores locales, mientras que Olmos también tendrá un nombre en la boleta que puede ser para Claudia Neira o Silvia La Ruffa. La joven Ofelia Fernández -líder del movimiento de voto sub 18 años-, el albertista Claudio Ferreño y la auditora Cecilia Segura también contarían con sus lugares asegurados, al igual que Javier Andrade.

La incógnita es si Cecilia Segura ocupará un lugar dentro del "cupo camporista" en las negociaciones. La auditora es la compañera de Juan Cabandié, quien supo ser uno de los líderes de la agrupación juvenil pero actualmente está distanciado.La ex ministra de Salud bonaerense, Zulma Ortiz.



Gabriel Fuks, Jonathan Thea y Andrea Conde también quedarían dentro de los 10 primeros lugares en la lista de legisladores locales. También es una posibilidad que Ortiz acepte integrar la nómina porteña. Una curiosidad es que si Recalde abandona su escaño en el parlamento su lugar será ocupado por Juan Manuel Valdez, hijo del ex embajador en el Vaticano.

Public Highly Critical of State of Political Discourse in the U.S.

Reactions to Trump’s rhetoric: Concern, confusion, embarrassment

The public renders a harsh judgment on the state of political discourse in this country. And for many Americans, their own conversations about politics have become stressful experiences that they prefer to avoid.

Large majorities say the tone and nature of political debate in the United States has become more negative in recent years – as well as less respectful, less fact-based and less substantive.

Meanwhile, people’s everyday conversations about politics and other sensitive topics are often tense and difficult. Half say talking about politics with people they disagree with politically is “stressful and frustrating.”

When speaking with people they do not know well, more say they would be very comfortable talking about the weather and sports – and even religion – than politics. And it is people who are most comfortable with interpersonal conflict, including arguing with other people, who also are most likely to talk about politics frequently and to be politically engaged.

Donald Trump is a major factor in people’s views about the state of the nation’s political discourse. A 55% majority says Trump has changed the tone and nature of political debate in this country for the worse; fewer than half as many (24%) say he has changed it for the better, while 20% say he has had little impact.

Perhaps more striking are the public’s feelings about the things Trump says: sizable majorities say Trump’s comments often or sometimes make them feel concerned (76%), confused (70%), embarrassed (69%) and exhausted (67%). By contrast, fewer have positive reactions to Trump’s rhetoric, though 54% say they at least sometimes feel entertained by what he says.

Pew Research Center’s wide-ranging survey of attitudes about political speech and discourse in the U.S. was conducted April 29-May 13 among 10,170 adults. Among the other major findings:

Broad agreement on the dangers of “heated or aggressive” rhetoric by political leaders. A substantial majority (78%) says “heated or aggressive” language directed by elected officials against certain people or groups makes violence against them more likely. This view is more widely shared among Democrats and Democratic-leaning independents than Republican and Republican leaners.

Partisans demand a higher standard of conduct from the other party than from their own. Majorities in both parties say it is very important that elected officials treat their opponents with respect. But while most Democrats (78%) say it is very important for Republican elected officials to treat Democratic officials with respect, only about half (47%) say it is very important for officials from their party to treat Republican politicians with respect. There is similar divide in the opinions of Republicans; 75% say Democrats should be respectful of GOP officials, while only 49% say the same about Republicans’ treatment of Democratic officials.

Uncertainty about what constitutes “offensive” speech. As in the past, a majority of Americans (60%) say “too many people are easily offended over the language that others use.” Yet there is uncertainty about what constitutes offensive speech: About half (51%) say it is easy to know what others might find offensive, while nearly as many (48%) say it is hard to know. In addition, majorities say that people in this country do not generally agree about the types of language considered to be sexist (65%) and racist (61%).

Majority says social media companies have responsibility to remove “offensive” content. By a wide margin (66% to 32%), more people say social media companies have a responsibility to remove offensive content from their platforms than say they do not have this responsibility. But just 31% have a great deal or fair amount of confidence in these companies to determine what offensive content should be removed. And as noted, many Americans acknowledge it is difficult to know what others may find offensive.

Talking about Trump with people who feel differently about him. The survey asks people to imagine attending a social gathering with people who have different viewpoints from theirs about the president. Nearly six-in-ten (57%) of those who approve of Trump’s job performance say they would share their views about Trump when talking with a group of people who do not like him. But fewer (43%) of those who disapprove of Trump say they would share their views when speaking with a group of Trump supporters.
What’s OK – and off-limits – for political debates

While Americans decry the tone of today’s political debates, they differ over the kinds of speech that are acceptable – and off-limits – for elected officials to use when criticizing their rivals.

Some language and tactics are viewed as clearly over the line: A sizable majority (81%) says it is never acceptable for a politician to deliberately mislead people about their opponent’s record. There is much less agreement about the acceptability of elected officials using insults like “evil” or “anti-American.”

Partisanship has a major impact on these opinions. For the most part, Democrats are more likely than Republicans to say many of the insults and taunts are never acceptable. For example, 53% of Democrats say it is never acceptable for an elected official to say their opponent is anti-American; only about half as many Republicans (25%) say the same.

As with views of whether elected officials should “respect” their opponents, partisans hold the opposing side to a higher standard than their own side in views of acceptable discourse for political debates.

Most Republicans (72%) say it is never acceptable for a Democratic official to call a Republican opponent “stupid,” while far fewer (49%) say it is unacceptable for a Republican to use this slur against a Democrat. Among Democrats, 76% would rule out a Republican calling a Democratic opponent “stupid,” while 60% say the same about Democrat calling a Republican “stupid.” See Chapter 2 for an interactive illustration of how people’s views about the acceptability of political insults vary depending on whether or not they share the same party affiliation of the elected officials casting the insults.
Large shares have negative reactions to what Trump says

Majorities of Americans say they often or sometimes feel a range of negative sentiments – including concern, confusion, embarrassment and exhaustion – about the things that Trump says.

Positive feelings about Trump’s comments are less widespread. Fewer than half say they often or sometimes feel informed, hopeful, excited and happy about what the president says. A 54% majority says they at least sometimes feel entertained by what Trump says, the highest percentage expressing a positive sentiment.

Democrats overwhelmingly have negative reactions to Trump’s statements, while the reactions of Republicans are more varied. Among Democrats and Democratic-leaning independents, at least 80% say they often or sometimes experience each of the seven negative emotions included in the survey.

A 59% majority of Republicans and Republican leaners say they often or sometimes feel concerned by what Trump says. About half also say they are at least sometimes embarrassed (53%) and confused (47%) by Trump’s statements.

By contrast, large majorities of Republicans say they often or sometimes feel hopeful (79%), entertained (78%), informed and happy (76%) and other positive sentiments in response to the things Trump says.

No more than about 10% of Democrats express any positive feelings toward what Trump says, with two exceptions: 17% say they are often or sometimes informed, while 35% are at least sometimes entertained.
Republicans see a less ‘comfortable’ environment for GOP views

Republicans say that members of their party across the country are less comfortable than Democrats to “freely and openly” express their political views. In addition, Republicans are far more critical than Democrats about the climate for free expression in the nation’s educational institutions – not just colleges, but also community colleges and K-12 public schools.

Just 26% of Republicans say that Republicans across the country are very comfortable in freely and openly expressing their political opinions; nearly two-thirds of Republicans (64%) think Democrats are very comfortable voicing their opinions. Among Democrats, there are more modest differences in perceptions of the extent to which partisans are comfortable freely expressing their political views.

There are smaller partisan differences when it comes to opinions about how comfortable Republicans and Democrats are expressing their views in their local communities. Yet these opinions vary depending on the partisan composition of the local community. Republicans and Democrats living in counties that Trump won by wide margins in 2016 are more likely than those in evenly divided counties (or those that Hillary Clinton won decisively) to say Republicans are very comfortable expressing their views.

Republicans’ concerns about the climate for free speech on college campuses are not new. The new survey finds that fewer than half of Republicans (44%) say colleges and universities are open to a wide range of opinions and viewpoints; Democrats are nearly twice as likely (87%) to say the same.

Republicans also are less likely than Democrats to say community colleges and K-12 public schools are open to differing viewpoints. By contrast, a larger share of Republicans (56%) than Democrats (40%) say that churches and religious organizations are very or somewhat open to a wide range of opinions and viewpoints.

Members of both parties generally view their own local communities as places that are open to a wide range of viewpoints. Large and nearly identical shares in both parties say their local community is at least somewhat open to a wide range of opinions and viewpoints (75% of Democrats, 74% of Republicans).


The climate for discourse around the country, on campus and on social media

Seven-in-ten or more Americans say that Democrats, Republicans, liberals and conservatives are at least somewhat comfortable to “freely and openly express their political views” in both their local communities and in the country overall. But there are key partisan differences in these feelings – particularly in views of the national political climate, with Republicans especially likely to believe there is a more stifling environment around speech for Republicans than for Democrats.

Overall, Americans are more likely to see Democrats as comfortable expressing their views in this country than to say this about Republicans. While about half of the public (48%) says that Democrats in this country are “very comfortable” to freely and openly express their political views, a smaller share (36%) says the same about Republicans.

Republicans and Republican-leaning independents are especially likely to feel that Democrats and liberals are comfortable sharing their political views in this country – and also to feel that Republicans are not. Nearly nine-in-ten Republicans (88%) say Democrats are at least somewhat comfortable openly sharing their views, with 64% saying that Democrats in the country are “very comfortable” openly expressing their political views. By comparison, only about a quarter (26%) say Republicans in the country are very comfortable doing this (61% say Republicans are at least somewhat comfortable doing this).

By comparison, there are only modest differences in Democratic perceptions of partisans’ comfort with political expression in the country. Roughly eight-in-ten Democrats say Republicans are at least somewhat comfortable freely and openly expressing their opinions in this country – roughly the same share as say this about Democrats (79% and 83%, respectively).

While Democrats are slightly more likely to describe Republicans than Democrats as very comfortable to freely express their views (45% vs. 37%), the 8 percentage point gap in these perceptions is considerably narrower than the 38 point gap in GOP perceptions.

There are similar patterns in beliefs about liberals’ and conservatives’ comfort expressing their political views in the country. Overall, 83% of Americans say liberals in this country are at least somewhat comfortable freely and openly expressing their views, while 71% say this about conservatives. Democrats are modestly more likely to say conservatives are more comfortable than liberals with expressing their views (85% vs. 79%, respectively). By contrast, about nine-in-ten Republicans (91%) say liberals are at least somewhat comfortable freely expressing their views in this country, while 56% say conservatives are at least somewhat comfortable doing this.

When asked about partisan groups in “your community,” roughly similar shares of Americans say Republicans (37%) and Democrats (40%) are very comfortable expressing their views.

Democrats are about equally likely to say Republicans in their community and Democrats in their community are comfortable to freely and openly express their views: About eight-in-ten say both groups are somewhat comfortable doing this, including about four-in-ten saying they are very comfortable.

Republicans are more likely to say Democrats in their community are comfortable freely and openly expressing their political views than to say this about Republicans: 86% say Democrats are at least somewhat comfortable, while 73% say this about Republicans. However, this difference in perceptions about GOP comfort and Democratic comfort is considerably narrower at the community level than it is for the national environment.
How open people think their community is to Republicans and Democrats expressing their views depends on how red or blue it is

Perceptions of how comfortable partisans are expressing political views in their local communities vary by the political makeup of those communities. For example, 48% of adults who live in counties that Donald Trump carried by 10 points or more in the 2016 election say that Republicans in their local community are “very” comfortable expressing their political views; by contrast, just 30% of adults living in counties that Hillary Clinton won by similar margins say Republicans in their community are very comfortable freely and openly expressing their political views.

An opposite – though somewhat less pronounced – pattern is seen in views of Democrats’ comfort expressing their political views: 46% of adults living in counties that Clinton won by 10 points or more say Democrats in their communities are very comfortable expressing their political views; 37% of adults living in counties that Trump won by 10 or more points say this.

When it comes to Republicans’ comfort of political expression in their communities, both Democrats and Republicans see greater Republican comfort in counties Trump carried by 10 points or more than in counties where the election was closely contested or where Clinton won by at least 10 points.

This same dynamic is present in Democrats’ views of how comfortable Democrats in their communities are to freely and openly express their views (as the Clinton share of the 2016 vote rises, Democrats’ perceptions of the comfort Democrats feel expressing their views increases).

But Republican views of how comfortable Democrats are sharing their political views do not follow this pattern. About equal shares of Republicans who live in solid Clinton counties (49%) and solid Trump counties (46%) say they think Democrats in their community feel very comfortable sharing their political views.
Public sees a deterioration in the tone of national political debate

Overwhelming majorities of the public say that the tone and nature of political debate in the country has become more negative (85%), less respectful (85%) and less fact-based (76%) over the last several years. And six-in-ten say the debate has been less focused on issues than in the past.

Few Americans say there has been positive movement on any of these dimensions over the last several years – just 3% say the tone of national political debate has become more positive, while 2% say it has become more respectful, 8% say more fact-based and 20% say it has become more focused on issues.

About a third of the public (35%) says that the tone of politics has become more entertaining in recent years. Still, nearly half (46%) say it has become less entertaining over this period.

Partisans offer similar evaluations of the current state of political debate in the country. For instance, 86% of both Republicans and Democrats say the tone of political debate has become more negative in recent years, while about six-in-ten in both groups say political debate has become less focused on issues (60% of Republicans, 62% of Democrats). Those who discuss politics more frequently – in both partisan groups – are somewhat more likely than others to view a decline in national political discourse.
Wide partisan differences in views of how open educational institutions, religious organizations are to a ‘wide range of opinions and viewpoints’

Roughly two-thirds of Americans (68%) say colleges and universities are very or somewhat open to “a wide range of opinions and viewpoints,” while a slightly larger majority (73%) say the same about community colleges. About six-in-ten (61%) view K-12 public schools as at least somewhat open to different views, while about half (48%) describe churches and religious organizations this way.

Three-quarters (75%) say their own local community is very or somewhat open to a wide range of opinions and viewpoints.

However, relatively small shares describe any of these places or institutions as “very” open – a quarter (25%) say this about colleges and universities, while roughly the same share (22%) says this about community colleges; 14% describe their own community this way. About one-in-ten say K-12 public schools (12%) and churches and religious organizations (10%) are very open to many different views.

There are wide partisan differences in these views – particularly in assessments of the openness of postsecondary educational institutions. Nearly nine-in-ten Democrats and Democratic-leaning independents (87%) describe colleges and universities as at least somewhat open to a wide range of opinions and viewpoints – including 34% who say these institutions are very open. By comparison, just 44% of Republicans and Republican leaners say colleges and universities are either very (15%) or somewhat (30%) open in this way (roughly a quarter say colleges and universities are “not at all” open to viewpoint diversity).

The partisan gap is smaller, though still substantial, in evaluations of community colleges. About six-in-ten Republicans (57%) say community colleges are very or somewhat open to many different opinions and viewpoints, while almost nine-in-ten Democrats (86%) say this.

The partisan gap seen in assessments of educational institutions extends to views of primary and secondary public schools as well. While about seven-in-ten Democrats (71%) describe K-12 public schools as at least somewhat open to differences in opinions and viewpoints, roughly half of Republicans (49%) say the same.

In contrast, Republicans are more likely than Democrats to say churches and religious organizations are open to a range of opinions and viewpoints. A 56% majority of Republicans say this, compared with just 40% of Democrats.

When it comes to their local communities, partisans are in general agreement – about three-quarters of both Republicans (74%) and Democrats (75%) say their local communities are at least somewhat open to a wide range of opinions and viewpoints.

Overall, women (73%) are more likely than men (63%) to say colleges and universities are at least somewhat open. And while just 57% of Americans ages 65 and older say these institutions are at least somewhat open, fully seven-in-ten (71%) of Americans under 65 say this.
Most say social media companies should remove offensive content, but fewer are confident in them to determine what should be removed

Amid public debate about how social media companies should handle controversial content, about two-thirds of Americans (66%) say these companies have a responsibility to remove offensive content from their platforms; 32% say they do not have this responsibility.

While majorities in both parties say social media companies should remove offensive content from their platforms, this view is more widely held by Democrats than Republicans: About three-quarters of Democrats (77%) say this, compared with 52% of Republicans and Republican leaners.

Yet the public does not have very much confidence in social media companies to determine what offensive content should be removed from their platforms.

About three-in-ten Americans (31%) have at least a fair amount of confidence in social media companies to decide which content to remove – including just 4% who say they have a great deal of confidence in these companies to do this.

Among Republicans, 23% have confidence in social media companies to determine what content should be removed; far greater shares say they have not too much (42%) or no confidence at all (34%) in companies to make this determination.

Democrats also largely lack confidence in social media companies to determine what content should be removed, though they are somewhat more likely than Republicans to express at least a fair amount of confidence (37%).

While majorities across demographic groups say social media companies have a responsibility to remove offensive content from their platforms, there remain gender, age and racial differences in the shares who express this view.

Overall, women (72%) are more likely than men (59%) to say social media companies have this responsibility, and gender differences are in evident in both parties.

About six-in-ten Republican women (62%) say this, compared with about four-in-ten Republican men (43%). And Democratic women (79%) are modestly more likely than Democratic men (73%) to say social media companies have this responsibility.

Blacks (74%) are more likely than whites (64%) and Hispanics (66%) to say social media companies should remove offensive content.

Older adults are also more likely than younger adults to say companies have this responsibility: About seven-in-ten of those older than 65 (73%) say social media companies should remove such content; by comparison, 59% of 18- to 29-year-olds say this.

Women – who are more likely than men to say social media companies should remove offensive content – also have more confidence than men in these companies’ abilities to determine what content should be removed. Overall, 36% of women, compared with 25% of men, say they have at least a fair amount of confidence in companies to do this.

About half (48%) of black people express at least a fair amount of confidence in social media companies to determine what content should be removed, compared with just a quarter of whites. Four-in-ten Hispanics say they have at least a fair amount of confidence in companies to make this determination.

Although the youngest Americans are less likely than the oldest Americans to say social media companies have a responsibility to remove offensive content, they have more confidence than older Americans in these companies’ abilities to determine what content should be removed. Nearly four-in-ten 18- to 29-year-olds (38%) have a fair amount or great deal of confidence in social media companies to determine what content should be removed from their platforms, compared with just 24% of those ages 65 and older.

Those who find it important for them personally to use language that other people do not find offensive are more likely to say that social media companies have a responsibility to remove offensive content from their platforms.

Among those who say it is very important for them personally to use language that doesn’t offend others, about three-quarters (77%) say social media companies are responsible for removing offensive content.

But among Americans who say it is not too or not at all important for them personally to use inoffensive language, fewer than half (44%) say social media companies have this responsibility.

The pattern holds within party, particularly among Republicans. Two-thirds of Republicans who say it is very important that they don’t offend others say social media companies should remove offensive content. By contrast, a much smaller share of Republicans (32%) who place lower importance on using inoffensive language say social media companies should remove such content.

Among Democrats, 83% of those who say it is very important that their language doesn’t offend others say social media companies have a responsibility to remove offensive content; a smaller majority (61%) of those who place little or no importance on using inoffensive language say the same.



The bounds of political debate and criticism

The public draws distinctions when it comes to the types of speech and behavior they deem acceptable from elected officials. Wide majorities of Americans say it is acceptable for elected officials to call their opponent uninformed on the issues and to raise their voice in a debate, but there is much lower tolerance for officials personally mocking their opponents or deliberately mischaracterizing their record.

Roughly three-quarters of Americans say it is at least sometimes acceptable to say their opponent’s policy positions are incorrect (73%) or that their opponent is uninformed on the issues (74%). A narrow majority (58%) says it is at least sometimes acceptable for elected officials to raise their voice in a debate. Few see these behaviors as never acceptable.

But there are behaviors that overwhelming majorities say have no place in political discourse. About eight-in-ten (81%) say it is never acceptable to deliberately mislead people about an opponent’s record or to say something negative about the physical appearance of an opponent’s spouse (81%), while 73% say it is never acceptable to criticize their opponent’s appearance – and nine-in-ten or more consider these behaviors at most rarely acceptable.

The public also generally views calling one’s political opponent “stupid” as out of bounds: 62% say this is never acceptable, while an additional 22% say it is rarely acceptable. And about half of the public says it is never acceptable for an official to shout over their opponent in a debate (49%) or to ridicule an opponent (50%), with three-quarters or more saying these behaviors are no more than rarely acceptable.

However, public opinion is more mixed over the acceptability of calling an opponent’s policy positions “evil” – while 35% say this is never acceptable and 34% say it is rarely acceptable, 31% say it is at least sometimes acceptable. Similarly, while 41% believe that it is never acceptable for an elected official to say their opponent is “anti-American,” 31% say this is rarely acceptable and 27% say this is at least sometimes acceptable.
Partisans differ over acceptability of some types of political criticism

Democrats are more likely than Republicans to view a range of behaviors as out of bounds. And some of the largest partisan gaps are over whether it is acceptable for elected officials to call into question the patriotism of their political opponents.

About three-quarters of Democrats and Democratic-leaning independents (76%) say it is rarely or never acceptable for an elected official to say “they love America more than their opponent does,” including half who say this is never acceptable.

By comparison, 45% of Republicans and Republican leaners say it is rarely or never acceptable for an official to say they love America more than their opponent – including just 21% who consider this completely out of bounds in politics. The pattern of opinion about whether it is acceptable to call one’s opponent anti-American is nearly identical.

There also are substantial partisan gaps in other areas, including the acceptability of ridiculing one’s opponent (59% of Democrats say this is never acceptable vs. 40% of Republicans), calling them stupid (70% vs. 51%) or saying their policy positions are evil (42% vs. 26%). But Democrats and Republicans are in general agreement that deliberately misleading people about their opponent’s record is out of bounds (82% of Democrats and 80% of Republicans say this is never acceptable), as is criticism of a spouse’s appearance (84% of Democrats, 78% of Republicans say it’s never acceptable).
Insults are seen as more acceptable when your party is the instigator

Partisans also have different views of how acceptable these types of political insults are, depending on the partisanship of the political officials involved.




Trump’s impact on the tone of political debate, important characteristics for elected officials

A majority of Americans say that Donald Trump has had a negative impact on the tone of political debate in the United States.

Overall, 55% say that Trump has changed the tone and nature of political debate in the U.S. for the worse since entering politics; fewer than half as many (24%) say he has changed it for the better, and 20% say he has not changed it much either way.

Democrats overwhelmingly say Trump has changed the tone of political debate for the worse. More than eight-in-ten Democrats and Democratic leaners (84%) say Trump has had a negative effect on political debate in this country, including 92% of liberal Democrats and 78% of conservative and moderate Democrats.

Republicans and Republican leaners are more divided in their views: 49% say Trump has changed the tone of the debate for the better, while 23% say he has changed it for the worse and 27% say he hasn’t changed it much either way. A majority of conservative Republicans (58%) think Trump has changed the tone of political debate for the better, compared with 35% of moderate and liberal Republicans.

Aside from the partisan differences on this question, there are significant divides by age and education. Those with higher levels of education are much more likely than those with lower levels to say that Trump has changed the tone of political debate for the worse. For instance, 73% of postgraduates say this compared with 47% of those with no college experience.

And adults younger than 50 (59%) are more likely than those 50 and older (51%) to say that Trump’s impact on the tone of political debate in the U.S. has been negative.

The differences among Republicans over Trump’s impact on the tone of political debate extend beyond ideology.

Among Republicans and Republican leaners, older adults and those without a college degree are significantly more likely than younger adults and those with a college degree to say Trump has changed the tone of political debate in the country for the better.

In addition, Republicans who say they talk about politics with others at least weekly are much more likely than those who talk politics less often to say Trump’s impact on debate has been a positive one (62% vs. 40%).
Majorities say Trump’s comments elicit concern, exhaustion, confusion

When asked about their reactions to the things Trump says, the public reports experiencing negative reactions more frequently than positive ones.

Out of a list of 15 possible reactions, “concerned” is the most frequently reported reaction to Trump’s comments. Overall, 76% say Trump’s comments often (48%) or sometimes (29%) make them feel concerned. Relatively few say Trump’s comments rarely (16%) or never (6%) make them feel concerned.

Other negative emotions also are widely experienced in response to Trump’s comments, including confusion (70% say this happens often or sometimes), embarrassment (69%), exhaustion (67%) and anger (65%).

Feeling entertained is the most frequent positive reaction to Trump’s comments: 54% say they often (21%) or sometimes (33%) feel entertained by what Trump says.

Fewer than half say Trump’s rhetoric at least sometimes makes them feel informed (43%), hopeful (41%), happy (37%), proud (36%) and other positive sentiments.

Large majorities of Democrats and Democratic leaners report that Trump’s comments at least sometimes make them feel each of the seven negative emotions asked about in the survey. For example, 92% say they often or sometimes feel concerned by what Trump says and 89% often or sometimes feel exhausted by his rhetoric.

Conversely, majorities of Republicans and Republican leaners say they at least sometimes experience each of the eight positive emotions included in the survey in response to the things Trump says.

However, emotional reactions to Trump’s rhetoric among Republicans and Democrats are not entirely parallel, with Democrats somewhat more likely to say they have negative reactions than Republicans are to say they have positive ones.

For instance, across the seven negative items, an average of 87% of Democrats say they often or sometimes feel this way because of Trump’s comments. Across the eight positive items, an average of 74% of Republicans say they often or sometimes feel this.

In addition, significant shares of Republicans say Trump’s comments make them feel negative emotions, at least sometimes. Overall, 59% of Republicans say the things Trump says often or sometimes make them feel concerned, 53% say his comments make them feel embarrassed and 47% say they feel confused. About a third of Republicans (32%) say they feel insulted by Trump’s rhetoric, at least sometimes.

By contrast, relatively small shares of Democrats report feeling positive emotions in reaction to what Trump says. While 35% of Democrats say Trump’s comments often or sometimes make them feel entertained, fewer than two-in-ten say they often or sometimes experience any of the other positive emotions.
Public says elected officials should avoid use of heated language

Americans believe there is a link between elected officials’ use of heated or aggressive rhetoric and the possibility of violence against people and groups, and there is broad agreement that officials should avoid this type of language.

About eight-in-ten (78%) say that elected officials using heated or aggressive language to talk about certain people or groups makes violence against those people or groups more likely; far fewer (21%) say this type of language does not make violence more likely.

Majorities in both parties say there is a connection between the language officials use to talk about certain groups and the possibility of violence, but this view is more widely held among Democrats and Democratic leaners (91%) than among Republicans and Republican leaners (61%).

Consistent with this view, 73% of the public says elected officials should avoid heated or aggressive language because it could encourage some people to take violent action; 25% say that elected officials should be able to use heated or aggressive language to express themselves without worrying about whether some people may act on what they say. Among Democrats, 83% say elected officials should avoid the use of heated language because of the possibility that it could encourage violence; a narrower majority of Republicans (61%) also take this view.
Honesty, knowledge highly valued in elected officials; narrower majorities say respect, willingness to compromise are very important

There is widespread agreement among the public that it is very important for elected officials to be honest and ethical (91%), to be knowledgeable on the issues (89%) and to admit when they are wrong (82%).

Roughly two-thirds say it is very important for elected officials to treat opponents with respect (68%) and to be willing to compromise with them (65%).

Among six traits included in the survey, only one – spending time raising money for reelection – is not identified as a valued trait for elected officials. Just 10% say it is very important that elected officials spend time raising money for reelection; 29% say this is somewhat important while a majority (59%) say this is not too or not at all important.

Some traits, such as honesty, are seen as universally important for elected officials across different contexts. However, views of the importance of other traits – notably, willingness to compromise with opponents and treating them with respect – vary depending on one’s own partisan affiliation and the party of the elected official.

Among Americans overall, 68% say it is very important for elected officials to treat their political opponents with respect. Democrats (72%) are somewhat more likely than Republicans (63%) to highly value politicians treating opponents with respect. Similarly, there is a modest partisan divide between the shares of Democrats (69%) and Republicans (61%) who say it is very important for elected officials to be willing to compromise with their political opponents.

There are much more pronounced partisan gaps when respondents are asked specifically about Republican and Democratic elected officials.

Both Republicans and Democrats are far more likely to say it’s very important for the other party’s elected officials to be willing to compromise and to treat opponents with respect than it is for their own party’s elected officials to behave this way.

Nearly eight-in-ten Democrats say it is very important for Republican elected officials to be willing to compromise with Democrats (79%) and to treat Democratic elected officials with respect (78%). However, far fewer value these behaviors when asked about their own party’s elected officials: Just 48% of Democrats say it is very important for Democratic elected officials to be willing to compromise with Republicans, and 47% say the same about Democratic officials treating Republican officials with respect.

A similar dynamic is seen among Republicans. While 78% of Republicans say it is very important for Democratic elected officials to be willing to compromise with Republicans, only 41% feel it is very important for members of their own party be open to compromise with Democrats. Similarly, Republicans are far more likely to say Democratic officials should treat their Republican opponents with respect (75%) than to say Republican elected officials should be respectful toward their Democratic opponents (49%).



The public’s level of comfort talking politics and Trump

Americans are much more cautious about talking politics with others than discussing a range of other subjects, including the weather and sports.

Comfort with talking about the weather is near universal: 95% of the public says that they would be either very (74%) or somewhat (22%) comfortable talking about the weather with someone they don’t know well. Sizable majorities also say they would be very or somewhat comfortable talking about movies and television (90%), the economy (77%) and sports (69%).

The public is less comfortable talking about politics, religion and Donald Trump. Overall, 55% say they would feel at least somewhat comfortable talking about Trump with someone they do not know well; just 25% say they would feel very comfortable doing this. Public comfort talking about religion is similar: 60% would be at least somewhat comfortable discussing this subject, but only about a quarter (24%) would feel very comfortable.

Talking politics ranks even lower on the public’s comfort list. Just 17% say they would be very comfortable talking politics with someone they don’t know well; another 35% say they would feel somewhat comfortable.

Partisans express similar levels of comfort discussing topics like the weather, sports and entertainment, but Republicans are more likely than Democrats to say they are comfortable talking about Donald Trump, the economy and religion.

Two-thirds of Republicans and Republican leaners (67%) say they would be very or somewhat comfortable talking about Trump with someone they don’t know well, while only about half of Democrats and Democratic leaners (48%) say this.

Republicans also are more likely than Democrats to say they would feel comfortable talking about the economy (83% vs. 73%), religion (69% vs. 55%) and politics (57% vs. 49%).
Half say it is stressful to talk politics with people they disagree with

When it comes to political conversations with those they disagree with, the public is split in their reactions: Half say talking politics with people they disagree with is generally stressful and frustrating, while about as many (48%) say it is interesting and informative.

Democrats and Democratic leaners (53%) are slightly more likely than Republicans and Republican leaners (47%) to say political conversations with people they disagree with are stressful and frustrating. The share of Democrats who find these conversations stressful is higher than it was in the spring of 2016 – prior to Donald Trump’s election – when 45% said this. Views among Republicans have changed little over the past several years.

Liberal Democrats are especially likely to say they find political conversations with people they disagree with frustrating: 63% say this, compared with 44% of conservative and moderate Democrats.

There also is an ideological divide in these views among Republicans: Conservatives (52%) are more likely than moderates and liberals (39%) to find talking politics with people they disagree with to be stressful and frustrating.
Offering your views on politics – and Trump – over dinner

When asked to think about being at a small dinner with strangers who disagree with them about Donald Trump, Americans who approve of his job performance are more likely to say they would share their own views about him than are those who disapprove.

Nearly six-in-ten adults who approve of Donald Trump’s job performance (57%) say they would share their views about the president at a small dinner where the other guests are talking about how they really dislike Trump. Only about four-in-ten of those who disapprove of Trump (43%) say they would be likely to share their views in a scenario where people at the table were talking about how they really like Trump.

Similar dinner party scenarios were asked about for three other political topics (note: each respondent was only asked about one scenario). However, for these other topics – minimum wage, gun policy and a border wall with Mexico – there is no gap by issue position in the shares who would volunteer their views. For instance, 74% of those who favor raising the minimum wage to $15 an hour and 70% who oppose this say they would voice their opinions to a group of dining companions who are expressing views opposite to their own.

In addition, for all three issue areas, clear majorities – regardless of their stance on the topic – say they would express their views at the dinner.


A survey experiment: Sharing political views with strangers who disagree

Comfort with conflict is strongly associated with people’s willingness to express their opposing views about Trump and other political topics in a dinner party setting (see appendix for more details on the comfort with conflict scale).

Only about a quarter (26%) of those who score low on a three-question scale measuring comfort with conflict would share their views about Trump over dinner with people who disagree with them. By contrast, 51% of those who fall in the middle of the scale and 76% of those who have high comfort with conflict say they would share their own views about Trump with a group of dinner companions who are expressing the opposing view.

The association between comfort with conflict and willingness to share your own views in a small dinner setting holds across the three other issue areas, though it is especially pronounced in the scenario about views of Trump.

Trump is a particularly difficult dinner conversation topic for those who are least comfortable with conflict: Among those with low comfort with conflict, just 26% would share their views about Trump to a table taking the opposing position. By comparison, 38% of those with low conflict comfort would share their views on the border wall, while about half would share their views about assault-style weapons (50%) or the federal minimum wage (52%). Among those who are most comfortable with conflict, there are more modest differences in willingness to share views in each of these scenarios.

People’s willingness to share their views about Trump varies depending on the partisan makeup of the places where they live.

Trump approvers who live in counties that Trump won by wide margins over Hillary Clinton in 2016 are more likely than Trump approvers who live in more politically mixed places or in counties that Clinton won by wide margins to say they would share their views over dinner with a group of people who don’t like the president. There is a similar – but inverse – pattern in the willingness of those who disapprove of Trump to speak up among a group of people who like Trump.

About six-in-ten Trump approvers living in counties that Trump won by 10 percentage points or more in 2016 (62%) say they would share their views about the president at a small dinner where people at the table are having a conversation about how they really dislike Trump. By comparison, about half of Trump approvers who live in places where the election was decided by less than 10 points (53%) or in places that Clinton won by more than 10 points (49%) say they would share their views in this situation.

This general pattern also is seen among those who disapprove of Trump: 49% of Trump disapprovers who live in counties Clinton won by at least 10 points would share their views of the president at a small dinner where people at the table are having a conversation about how much they like Trump, while 38% of disapprovers who live in counties that were decided by less than 10 points and 39% of disapprovers who live in counties that Trump won by at least 10 points say they would share their own views.

As a result, in counties that Trump won by 10 percentage points or more, there is a 23 percentage point gap between the share of Trump approvers (62%) and disapprovers (39%) who would express their views of the president at a dinner with those who disagree with them. By comparison, in counties that Clinton won by at least 10 points, Trump approvers (49%) and Trump disapprovers (47%) are about equally likely to say they would share their views if they were in this situation.
Why would you participate in – or avoid – contentious discussions about Trump?

When those who say they would share their views at a small dinner with people whose views of the president differ from their own are asked why they would share, about four-in-ten Trump disapprovers (39%) and a similar share of Trump approvers (35%) say they would do so because it’s important to for others to know where they stand.

Strongly held views about the president are also mentioned by sizable shares in both groups as a reason they would speak up, though Trump approvers are more likely than disapprovers to say this: 34% of Trump approvers who would share their views in these circumstances cite positive views or praise of Trump as the reason why they would participate in the conversation, while about a quarter of Trump disapprovers who would do so (24%) mention deeply negative or strong criticism of Trump as a reason.

Among those who would share their views, 25% of Trump disapprovers and 15% of Trump approvers explain that they would do so because the conversation might be productive.

Relatively few people who would engage in a conversation about Trump with people who have a different view of him than they do would do so in the expectation that they could change others’ minds about him (10% of disapprovers and 14% of approvers who say they would share their views cite this as a reason).

The most common reasons given for not sharing personal views of Trump at a dinner with strangers who feel differently is a desire to avoid confrontation or discomfort: More than half of those who say they would avoid sharing their views about Trump mention something along these lines as a reason why, with similar shares of Trump approvers (56%) and disapprovers (57%) saying this.

Though less common a response, 10% of Trump disapprovers who would not share their views and 17% of approvers who would not share their views cite a criticism of those who have different opinions of the president than their own – particularly a sense that these groups are closed-minded or judgmental – as their reason for keeping their opinions to themselves.
Those most comfortable with conflict more likely to be politically engaged

Comfort with conflict is associated with many attitudes about discourse and politics, including the willingness to share views of Trump in social settings. (See appendix for more details on the comfort with conflict scale.)

Those with higher levels of comfort with conflict are among the most active in politics. They are more likely than groups who are less comfortable with conflict to say they follow what’s going on in government most of the time, to say they always vote and to talk about politics frequently.

For instance, over half of Democrats and Republicans with high levels of comfort with conflict say they talk politics weekly or more often (55% and 54%, respectively). Smaller shares of those with low levels of comfort with conflict say they talk politics weekly or more.

Comfort with conflict is also predictive of some other views about political discourse. For example, Republicans and Democrats with high levels of comfort with conflict are also more comfortable talking about politics with someone they do not know well. And they are more likely to say that political conversations with those who hold opposing views are interesting and informative rather than stressful and frustrating.
Most say they don’t enjoy seeing political opponents get caught up in scandals

About two-thirds of Americans (66%) say that they do not enjoy seeing elected officials they dislike getting caught up in scandals or facing personal setbacks, while 32% say they enjoy this.

Though enjoyment at watching politicians they dislike face scandals is a minority position in both parties, Democrats (36%) are somewhat more likely than Republicans (28%) to say they enjoy this.

And among Democrats, liberals (41%) are more likely than conservative and moderate (32%) Democrats say they enjoy seeing political opponents face personal setbacks. There are no ideological differences among Republicans in these views.

In both parties, men are more likely than women to say they enjoy it when elected officials they dislike face setbacks. Among Democrats, 43% of men and 31% of women say they like it when politicians they dislike get caught up in scandals or face setbacks; among Republicans, 33% of men and 22% of women say the same.

Democrats ages 18 to 29 are especially likely to say they enjoy seeing elected officials they dislike get caught up in scandals and face personal setbacks: 46% Democrats say this, compared with about a third of Democrats in older age groups.

Republicans who express higher levels of comfort with conflict are more likely than those with lower levels of comfort to say they enjoy when opposition faces personal setbacks. Among Democrats, there are no significant differences in these views by comfort with conflict.

Within both parties, those who talk politics frequently are somewhat more likely than those who talk politics less often to enjoy seeing officials they dislike face setbacks.


The personal side of speech and expression

A large share of Americans say it is important to them personally to use language that does not cause offense, and an even larger majority say they are confident that the language they use is not offensive to other people.

About eight-in-ten (79%) say it is very (42%) or somewhat (37%) important to them personally to use language that other people do not find offensive. Relatively few (19%) say this is not too or not at all important to them.

Large majorities of both Democrats and Democratic-leaning independents (83%) and Republicans and Republican leaners (74%) say it is very or somewhat important that they do not use language that others find offensive. But Democrats are more likely to say this is very important (47% vs. 35%).

Americans are broadly confident that they do not use offensive language: Nearly nine-in-ten adults say they are very (42%) or somewhat (45%) confident that the language they use is not offensive to other people. Comparable majorities of Republicans and Democrats say they are at least somewhat confident that the language they use is not offensive to other people (87% and 88%, respectively).

There are notable demographic differences when it comes to views on the personal use of offensive language.

Women, older adults and those with a postgraduate degree are especially likely to place high importance on using language that is not offensive to others. Women and older adults also tend to express higher confidence that the language they use is not offensive.

Almost half of women (47%) say it is very important to them personally to not use offensive language. Slightly more than a third of men (36%) say the same. There is a similar gap between the shares of women (46%) and men (37%) who say they are very confident that their own language is not offensive.

Among those ages 65 and older, 56% say it is very important for them personally to not use offensive language. By contrast, just 30% of those ages 18 to 29 say this is very important to them personally. Older adults also are more confident than younger adults that the language they use is not offensive to others: 53% of those 65 and older and 47% of those 50 to 64 say they are very confident that the language they use is not offensive; this compares with 38% of those ages 30 to 49 and just 31% of those 18 to 29.

Higher levels of education also are associated with greater concern over not using offensive language. About half of those with a postgraduate degree (52%) say it is very important to them not to use language others find offensive, compared with 43% of those who have a college degree, 37% of those with some college experience and 41% of those who have a high school diploma or less education. There are only slight educational differences in the shares saying they are very confident that they use language that is not offensive to others.

Within both political parties, there is a gender gap over the importance of using inoffensive language. Republican men (28%) are significantly less likely than Republican women (43%) to say it is very important to them personally to use language that is not offensive. And Democratic men (43%) prioritize this less than Democratic women (51%).

Younger Republicans and Democrats are both less likely than older adults in their respective parties to say it is very important to use language that other people do not find offensive. The size of the partisan gap is largely consistent across age groups, with Democrats expressing greater concern about this than Republicans.

Among Democrats, those with a postgraduate degree are significantly more likely than those with lower levels of education to say it is very important to them personally to use language other people do not find offensive. By contrast, there are no meaningful differences among Republicans by levels of educational attainment.
Have people changed how they discuss sensitive conversation topics?

When it comes to conversations around subjects like race, gender and religion, a narrow majority (55%) say they have not really changed how they talk about these subjects, while 45% say they are more careful with the language they use now than they used to be.

On balance, Republicans are more likely to say they have not really changed how they talk about these subjects (61%) than to say they are now more careful with the language they use (39%).

By contrast, Democrats are evenly split in their views. Half say they are more careful now than they used to be, while an identical share say they have not really changed how they talk about these subjects.

Younger adults are more likely than older adults to say they are more careful with the language they use to talk about subjects like race, gender and religion than they used to be.

Among adults ages 18 to 29, 52% say they are more careful with the language they use now, compared with 43% of adults ages 30 and older.

While there is no significant gender gap overall, Democratic men are more likely than Democratic women to say they are now more careful with the language they use when they talk about these subjects (54% vs. 46%, respectively). There are no differences between the views of Republican men and women.
Race, education differences in feeling ‘unfairly judged’ for language use

Overall, 35% of adults say they often (7%) or sometimes (28%) feel unfairly judged by others because of the language they use to express themselves. A larger share (64%) say they rarely (38%) or never (25%) feel unfairly judged by others because of how they express themselves.

While there are differences in these perceptions by age and race, there are no differences based on partisanship.

Roughly four-in-ten of those ages 18 to 29 (42%) and ages 30 to 49 (39%) say they often or sometimes feel unfairly judged by others because of the language they use to express themselves. Among those ages 50 to 64, 34% report feeling this way and just 24% of those 65 and older say they often or sometimes feel unfairly judged by others because of the language they use.

Hispanics (45%) and black people (38%) are significantly more likely than whites (30%) to say they feel unfairly judged by others because of the language they use to express themselves.

Among adults overall, those without a college degree (38%) are more likely than those who have graduated from college (29%) to say they often or sometimes feel unfairly judged by others because of the language they use to express themselves.

This education pattern is present among both whites and blacks. Among whites, 34% of those without a college degree say they often or sometimes feel unfairly judged because of the language they use to express themselves, compared with 23% of those who have graduated from college.

Similarly, black adults without a college degree are more likely than those who have graduated from college to say they at least sometimes feel unfairly judged by others because of how they express themselves (40% vs. 32%).

There are no significant differences among Hispanics on this question by level of educational attainment.

Overall, 36% of adults say that when they are around people with different racial and ethnic backgrounds than their own, they often (6%) or sometimes (30%) feel the need to change the way they express themselves. A majority of the public says they rarely (37%) or never (26%) feel the need to change how they interact with others of different racial backgrounds.

There are significant differences in these views by race and ethnicity. Four-in-ten blacks and Hispanics say they often or sometimes feel the need to change the way they express themselves around people with different racial and ethnic backgrounds than their own; a somewhat smaller share of whites (33%) says the same.

There is little overall difference in these views by level of educational attainment. However, black adults with a college degree are significantly more likely than blacks without a college degree to say they feel the need to change the way they express themselves when they are around those with different racial backgrounds than their own (48% vs. 37%).

This education pattern among black people can also be seen in the share who say they never feel the need to change the way they express themselves around people of different racial and ethnic backgrounds. Overall, 44% of blacks with a high school diploma or less education say they never feel the need to change the way they express themselves around people of different racial and ethnic backgrounds; blacks who have some college experience but no four-year degree (32%), or who have a four-year college or postgraduate degree (20%), are much less likely to say they never have to change the way they express themselves.


The challenge of knowing what’s offensive

Majorities of the public say there is not agreement in the country over what is considered sexist (65%) or racist (61%) language; and about half (48%) say it is hard to know what other people might find offensive.

There’s a modest partisan divide over whether it’s easy or hard to know what others might find offensive. Republicans and Republican-leaning independents are somewhat more likely to say it’s hard (53%) than easy (46%) to know what other people might find offensive. By contrast, a narrow majority of Democrats and Democratic leaners (55%) say it’s easy to know what others might find offensive; 44% say it’s hard to know.

Postgraduates (59% to 40%) and college graduates (55% to 45%) are more likely to say it’s easy than hard to know what other people would find offensive. Those with some college experience or no more than a high school diploma are about evenly divided over how easy it is to know what others find offensive. Democrats with higher levels of education are more likely than less-educated Democrats to say it’s easy to know what others might find offensive. Among Republicans, there are no significant differences in views by level of education.

Six-in-ten of those who say it’s very important to them personally to use language that other people do not find offensive say it’s easy to know what people would be offended by. Smaller shares of those who say it’s somewhat (47%) or not too or not at all important (41%) to them personally to use inoffensive language say it’s easy to know what others find offensive.

By 61% to 38%, more Americans say people generally do not agree over what is considered racist language.

Black people are somewhat more likely than whites and Hispanics to say people agree about what is considered racist language. Still, just 44% of blacks say that people generally agree on what is considered to be racist language, while 53% say people do not agree on this. Majorities of whites (63%) and Hispanics (59%) say people do not agree on this.

Among Republicans and Republican leaners, 65% say people generally do not agree over the definition of racist language; 58% of Democrats and Democratic leaners say the same

Similar to views on what constitutes racist language, just 34% say people agree on what is considered to be sexist language; a far larger share (65%) says people do not agree about this.

There is no gender gap in views on this question: 65% of women and 64% of men say people generally do not agree over what sexist language is.

Among partisan groups, 67% of Republicans and Republican leaners and 63% of Democrats and Democratic leaners say people do not generally agree over what constitutes sexist language.

There are large partisan and racial differences when it comes to views on the care people should take with language and how quick people are to take offense.

When asked to choose which statement better describes their views, 60% say that too many people are easily offended these days over the language that others use; a smaller share (39%) says people need to be more careful about the language they use to avoid offending people with different backgrounds.

Views among whites and blacks are nearly the opposite of each other. About two-thirds of blacks (65%) say that people need to be more careful about the language they use to avoid offending others; 34% say that too many people are easily offended over language these days. Among whites, views are the reverse: 66% say that too many people are easily offended over the language others use, compared with 33% who say people should be more careful with their language. Among Hispanics, 54% say people are too easily offended, while 45% say people should be more careful with their language.

There is a wide partisan gap on this question. A large majority of Republicans and Republican leaners (82%) say people are too easily offended. By contrast, Democrats and Democratic leaners are more likely to say that people should be more careful with their language to avoid causing offense (56%) than to say that people are too easily offended over the language others use (42%).

Among Democrats, blacks are substantially more likely than whites to say that people need to be more careful with their language. About two-thirds (67%) of black Democrats say this, compared with 55% of white Democrats.