El comunismo chino quiere más mercado

El Comité Central del Partido Comunista finalizó su XVIII reunión con el compromiso de darle un papel "determinante" a los mercados en la "asignación de recursos". Para aumentar la presencia del sector privado se permitirá la venta de los terrenos edificables en las ciudades y en el campo. Sin embargo, el PCCh aclaró que "se garantizará el dominio del sector estatal".
 
Al concluir la reunión del XVIII Comité Central del PCCh, cita celebrada a puertas cerradas durante cuatro días con la asistencia de sus 205 miembros, el partido gobernante declaró que realizará amplias reformas a su sistema económico para lograr "resultados decisivos" para el 2020, según la agencia oficial Xinhua.
El presidente chino y secretario general del Partido, Xi Jinping, presentó en el encuentro de Beijing un amplio informe de trabajo del que sólo se dieron a conocer algunas definiciones generales resumidas en un comunicado. El PCCh aprobó "importantes decisiones para profundizar las reformas de manera exhaustiva". Dichas reformas serán de corte político y económico para facilitar la transición del modelo de crecimiento del país, basado en el llamado "socialismo de mercado".
Según el comunicado oficial, "China profundizará su reforma económica para garantizar que el mercado desempeñe un papel decisivo en la asignación de recursos", un cambio cualitativo importante si se tiene en cuenta que hasta ahora se definía solamente como "básico" el papel del mercado en la asignación de recursos. El parte oficial destaca el papel del sector privado, que hoy constituye el 60 por ciento de la economía de China.
Entre los objetivos de las reformas estará crear un mercado abierto con una competencia ordenada, eliminando barreras. Las empresas tendrán que poder operar de manera independiente y competir entre sí de manera justa, indica el texto.
Otra novedad será que los terrenos edificables en las ciudades y en el campo podrán ser ofrecidos para su venta en el mercado. Sin embargo, el documento no trae medidas concretas sobre una reforma agraria que permita a los campesinos vender sus tierras. Hasta ahora los campesinos solamente pueden arrendarlas y reciben una indemnización muy baja cuando las autoridades locales cambian el uso de la tierra y la venden a empresas inmobiliarias.
La agencia de noticias Xinhua aseguró que durante la reunión los dirigentes comunistas acordaron también el establecimiento de un equipo que liderará los trabajos para "profundizar en las reformas" y la constitución de un "comité de seguridad del Estado", sobre el que no se dieron mayores detalles.
Tradicionalmente, los plenarios del comité central del PCCh suelen promover importantes cambios, en particular desde que en 1978 Deng Xiaoping anunció las primeras medidas que transformarían el modelo entonces rígidamente comunista de la economía china en otro adaptado a las leyes del mercado. En 1993, el plenario celebrado tras la llegada de Jiang Zemin a la presidencia de China presentó reformas que sentaron las bases de la posterior internacionalización de la economía china, simbolizada por la entrada del país en la Organización Mundial del Comercio en 2001.

La carrera hacia la Casa Blanca privilegia a los moderados


Los votantes se alejan de las posiciones extremistas que hicieron crecer al Tea Party. Christie se afianza como líder republicano para 2016


Chris Christie, ganador indiscutido en la elección de Nueva Jersey, y uno de los precandidatos que suena fuerte para 2016 Las elecciones del martes pasado en Estados Unidos marcaron una especie de pistoletazo de salida en la carrera hacia la Casa Blanca.
Y si en la pulseada que determinó un segundo mandato para Barack Obama la estrategia republicana para enfrentarlo se resumió en girar más y más a la derecha, esa fórmula parece haber caducado.
Efectivamente, las elecciones a gobernador en Nueva Jersey y Virgina evidenciaron la disyuntiva que afronta el Partido Republicano de cara a las presidenciales del 2016 entre su ala más moderada y la línea dura del Tea Party.
Los conservadores concurrieron a las elecciones con dos enfoques totalmente distintos y, como consecuencia, consiguieron resultados opuestos.
Por un lado, Chris Christie, actual gobernador de Nueva Jersey, logró la reelección por una amplia mayoría, sustentada en el voto femenino y de los hispanos.
Por otro lado, en Virginia, el candidato Ken Cuccinelli, próximo al Tea Party, perdió ante el demócrata Terry McAuliffe.
Cuccinelli llevó a cabo una agresiva campaña basada en valores conservadores tradicionales, como la oposición al aborto y una crítica frontal al gobierno del presidente Obama. No le resultó.
Una de las “principales lecciones” para los republicanos tras los resultados es que “siguen pegados al fuerte respaldo de los votantes blancos de mayor edad y parecen incapaces de atraer la nueva demografía de EE.UU.”, explicó Steffen Schmidt, profesor de política de la Universidad Estatal de Iowa.
Similar opinión expresó Ari Fleischer, vocero de la Casa Blanca durante el mandato de George W. Bush: “Lo que muestran las elecciones es que los republicanos tenemos que ser más inclusivos y acogedores en el modo en el que gobernamos y hablamos”, destacó.
Como contraste, la aplastante reelección de Christie refuerza la idea de que los republicanos pueden ganar por amplia mayoría en un estado de tradición demócrata. Eso sí, siempre que sean moderados.

Christie se afianza como líder republicano para 2016
El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, logró hoy una cómoda reelección que le afianza dentro del Partido Republicano para una posible candidatura presidencial en 2016,
La victoria de Christie supone, a nivel nacional, un impulso para el sector más moderado de los republicanos frente al empuje del movimiento derechista del Tea Party
Christie, de 51 años, se impuso con facilidad a su rival demócrata, Barbara Buono, y logró un apoyo significativo entre grupos de población que en general han dado la espalda a los republicanos en los últimos años, como las mujeres y las minorías.
Durante su primer mandato en un estado tradicionalmente demócrata como Nueva Jersey, Christie logró equilibrar el presupuesto sin aumentar los impuestos y puso en marcha una reforma educativa.
Su respuesta decidida en la reconstrucción del estado, que fue el más afectado proporcionalmente por el huracán "Sandy" el año pasado, así como su insistencia en colaborar con la oposición y su personalidad franca y abierta le han dado una victoria mucho más amplia que la que obtuvo en 2009.
En su discurso de agradecimiento por la victoria, Christie prometió que gobernará "con el espíritu de Sandy", como la población de Nueva Jersey que se unió ante ese desastre "sin importar ideología, procedencia o color", y cargó una vez más contra lo que considera "inoperancia" de la clase política en Washington, sin hacer distinciones entre partidos.
Christie, con todo, deberá lidiar con las bases más conservadoras del partido, que lo ven como un "moderado disfrazado" y ya amenazan con obstaculizar su hipotética nominación en las primarias.
"Un republicano que puede ganar en el noreste de EE.UU. puede tener complicaciones para entusiasmar a la base republicana como bien mostró (el candidato) Mitt Romney", consideró Steffen Schmidt, profesor de política de la Universidad Estatal de Iowa, en referencia a los problemas registrados por Romney para alzarse con la victoria en las primarias del pasado año.
Pero no todos piensan igual: "Chris podría fácilmente convertirse en nuestro candidato (para las elecciones de 2016), salvar a nuestro partido y ayudarnos a devolver a este país al camino correcto de nuevo. No se puede encontrar a nadie mejor que Christie", anticipó el pasado domingo quien fue el aspirante republicano a la Casa Blanca en 2012, Mitt Romney.

Por falta de presos, Suecia cierra sus cárceles

En los últimos dos años, la cantidad de presos en Suecia se mantiene a la baja, por lo que el Gobierno decidió clausurar cuatro prisiones y un centro de rehabilitación, según informaron los medios locales. "Hemos visto un declive extraordinario del número de delincuentes", explicó el jefe de los Servicios Penitenciarios, Nils Öberg. "Ahora tenemos la oportunidad de cerrar parte de esa estructura que en este momento no necesitamos", agregó.
El número de reclusos en Suecia, que ha estado cayendo alrededor de un 1% al año desde 2004, se redujo en un 6% entre 2011 y 2012 y se espera que haga lo mismo otra vez este año y el próximo, de acuerdo con Öberg. En 2012, en total había en el país 4.852 presos en una población de 9,5 millones. En consecuencia, este año han sido cerradas las cárceles de las ciudades de Åby, Håja, Båtshagen y Kristianstad.
Si bien las autoridades dicen desconocer a qué se debe la poca cantidad de presos en el país, Öberg señala que el foco puesto en la rehabilitación de los criminales es parte de la exitosa política carcelaria en Suecia. "Creemos que los esfuerzos que hemos invertido en la rehabilitación y en la prevención del crimen han tenido un impacto, pero eso no explica por completo la baja", aclaró.
Por su parte, el profesor de Criminología de la Universidad de Estocolmo, Hanns von Hofer, indicó que la caída del número de presidiarios se puede atribuir a un reciente cambio en la política de sanciones, con probations en lugar de penas por delitos de robo menores, de acuerdo con el periódico inglés The Guardian. Entre 2004 y 2012, el 36% de los presos eran por robo; el 25%, por narcotráfico; y el 12%, por crímenes violentos.
El caso de Suecia se contrapone con el de otros países, como China, India y Rusia, donde hay 1,6 millones, 681.000 y 385.135 personas tras las rejas, respectivamente. También es opuesta a la situación de América Latina, donde el hacinamiento ha sido sinónimo de sangrientos motines. Datos del Centro Internacional de Estudios Carcelarios señalan que en Brasil hay 548.003 presos.

The Man and the Myths



Congressman-elect John F. Kennedy of Massachusetts looks through the Washington, D.C., real estate listings in November 1946 to find a place to live. He wound up in Georgetown. (Associated Press)
After John Fitzgerald Kennedy was assassinated 50 years ago, The Atlantic published “Death of a Man,” John L’Heureux’s poem eulogizing the president as a “man of goodness” whose killing at 46 was permitted by God for reasons “we do not ripely understand.” Kennedy, a president with a sufficiently rounded appreciation of politics to call poetry “the means of saving power from itself,” had a particular appeal to the nation’s artists.
“Let mankind hobble home now on its knees,” L’Heureux wrote.
When we contacted the poet, now a professor emeritus at Stanford University, to ask whether we could republish his poem, he said that he had one condition: that we delete a line in which he described Kennedy’s “lifeless body cradled by his queen in life.”
L’Heureux, who was a Jesuit seminarian when he wrote these verses, told me he almost instantly regretted the line, and long ago stopped reciting it when he read the poem aloud. “It played into the whole notion of eternal trumpets and the planets stopping in their course—the exaggeration of the death of a superhero, rather than of a man who had good intentions,” he said. The poem, pruned of its one purple blossom, appears in this issue.
To accompany the new stories we commissioned for this issue, we drilled into The Atlantic’s archive and extracted what amounts to a core sample of views, from across the political seasons, of Jack Kennedy. New and old, the pieces collected here reveal the many sources—the glamour, the drama of his era, the shock of his death, the revelations over the years of his private pains, doubts, and cruelties—of Kennedy’s continued hold on the national imagination. They also reveal how contingent our judgments can be—the judgments not just of journalism, but of poetry and history.
In what seem now to have been more-leisurely decades, at least for the analysis of news, The Atlantic published a monthly “Report on Washington” to inform its readers of the views of those who would one day be known as Beltway insiders (that highway was completed in 1964). You can see a familiar arc of White House coverage, from a gimlet-eyed account of Kennedy’s political tactics, to hosannas for an “energetic new president,” to—by the time of our Report of July 1963—eye-rolling familiarity and sighing disappointment:
Probably no other sentence he has uttered has proved more embarrassing to the president than his eloquent inaugural plea: “Ask not what your country can do for you—ask what you can do for your country.” That simplicity of phrase brought a chorus of “What do you want us to do?” to which there has been precious little response.
By the December 1963 issue (which went off to the printer before the president was murdered on November 22), the Report noted “an unpleasant air of defeatism in Washington” and observed, “The administration has come almost full cycle from the cry of what can be done to the cry of what cannot be done … It will be interesting to see what tone he adopts in his reelection campaign … to persuade the country that the dynamism of his administration has not been lost.”
After the assassination, The Atlantic’s tone changed again. “President Kennedy did not let America sleep,” we reported in January 1964, praising his handling of the Cuban missile crisis as having halted Russia decisively. By the February issue, the historian Samuel Eliot Morison was extolling Kennedy’s courage and comparing the significance of his decision making to Lincoln’s. “Alas, that we shall never again see that bright, vivid personality, whose every act and every appearance made us proud of him, and who gave us fresh confidence in our country, even in ourselves.”
With our later coverage come less flattering insights: his temporizing on poverty, his deceptions about the powerful drugs he was taking for various ailments, his philandering. The Atlantic’s earlier praise for Kennedy’s handling of the Cuban missile crisis disintegrates as you read Garry Wills’s 1982 account of how Kennedy recklessly provoked and then pursued the confrontation, bringing the world to the brink of nuclear war.
And yet today we find historians still struggling to complete a picture that grows more complex with the years. In his new examination for this issue, Robert Dallek reports that Kennedy, during the Cuban crisis, faced down trigger-happy generals who were demanding air strikes and accusing the president of appeasement.
Perhaps we can’t, anymore, simply praise Kennedy. But neither can we bury him. For his part, John L’Heureux, like President Clinton, now admires Kennedy for having succeeded in laying the foundation for Lyndon Johnson’s subsequent progress on civil rights. “Laying foundations,” L’Heureux told me, “is no small thing.”
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Crisis en el PRO: Debaten el impacto del exabrupto de Durán Barba

Los elogios del asesor estrella de Macri a Hitler, causaron un terremoto en el PRO. El jefe de gobierno está furioso por el escándalo, que además le estalló en planeas vacaciones. Se habló de echarlo. La reunión de emergencia de los voceros que debatieron la nota. El audio.

El exabrupto de Jaime Durán Barba, que dijo que “Hitler era un tipo espectacular”, alteró la parsimonia que reinaba en el PRO luego de las elecciones. Mauricio Macri debió interrumpir sus vacaciones para salir a repudiar a su propio asesor estrella y durante el día corrieron rumores de la renuncia del ecuatoriano.

“No lo vamos a echar, pero lo vamos a esconder”, sintetizaron altas fuentes del gobierno porteño, que si bien no encargaron sondeos sobre el impacto de las declaraciones de Durán Barba en la ciudadanía, analizaron puertas adentro las consecuencias que tendrá la entrevista con la Revista Noticias en el funcionamiento interno del PRO.
  
En ese sentido, desde la Legislatura adelantaron  que al mediodía se reunieron buena parte de los voceros del PRO para analizar el episodio. El debate fue encendido y se intentó zanjarlo proponiendo una votación para determinar si el título de la nota había estado bien o lo habían desvirtuado. En ese momento algunos de los presentes propusieron escuchar el audio de la entrevista, aprovechando que Perfil lo publicó esta mañana en su web.

El audio volcó la votación a favor del título de la nota. De los 17 votantes, sólo 6 señalaron que el título había estado mal y 11 manifestaron que quien había estado mal era el ecuatoriano. Es que en la entrevista se escucha como el periodista Federico Mayol luego que Durán Barba pronuncia
el exabrupto intenta en tres oportunidades hacerlo entrar en razón, pero el ecuatoriano hace oídos sordos y sigue elogiando a Hitler.

No faltaron funcionarios del gobierno porteño y legisladores macristas que puertad adentro fedetajon por la metida de gamba de Durán Barba, a quien le tienen inquina desde hace tiempo por sus comentarios ácidos sobre como deben manejarse públicamente.

"El tipo inicia la nota criticando los sincericidios de Macri y termina elogiando a Hitler", se reían en el PRO. Durán Barba ya venía golpeado por el procesamiento que recibió por parte d ela justicia que investiga la campaña sucia que supuestamente instrumentó contra Daniel Filmus en la campaña electoral del 2011. La decisión de Macri sería por ahora no echarlo, pero sí tendría el cuidado de sepultarlo en un perfil aún más bajo que el que venía manteniendo hasta que se despachó con la entrevista en Noticias.

“Hay mucha gente que quedó caliente con Jaime después de la campaña, porque el tipo remarcó todo el tiempo que había que tener un perfil bajo y ahora sale con esto”, señalaron desde el macrismo.

Durán Barba no está en el país de manera que por ahora en el PRO no se espera que realice una visita a las intituciones de la comunidad judía para disculparse. De todos modos, remarcaron que con el comunicado que envió Macri y el muy flojo que envió el propio consultor, al menos públicamente el tema se dará por cerrado.




Polarización y después: ¿tiene la pelea K- anti K su fin de ciclo?



Bastaron 48 horas para que lo que parecía un país cambiado volviera a ser el mismo de siempre. Terminada una campaña con mensajes basados en recuperar el diálogo, reducir la confrontación, retornar a "un país normal" y a solucionar "los problemas de la gente" -discursos que, a juzgar por los resultados electorales, fueron exitosos en las urnas-, la confrontación retornó con toda su fuerza: el fallo de la Corte sobre la ley de medios, el martes pasado, volvió a teñir discursos políticos y acciones públicas de polarización K - anti-K, encendió las denuncias de los opositores y la militancia de los oficialistas. Cuando ya casi nadie niega el clima de fin de ciclo kirchnerista, la polarización, que ya es marca de época, resiste, un legado aparentemente irreversible que se alimentó, hay que decirlo, del ánimo beligerante que recorre nuestra cultura política como rasgo central de su ADN.
Sin embargo, hay quienes relativizan la pasión argentina por los extremos: afirman que nuestra polarización es más discursiva que práctica, más táctica y personal que ideológica, más presente entre los dirigentes, los intelectuales y los periodistas que entre los ciudadanos e, incluso, cuestionan la idea misma de que seamos una sociedad polarizada. Somos, se sostiene, un país "políticamente intenso", en el que los dirigentes "sobreactúan la confrontación", mientras los ciudadanos viven sus vidas con otras urgencias y otros intereses.
¿De qué modos podría transformarse la antinomia K - anti-K en un eventual ciclo poskirchnerista? Tenderá a moderarse hasta, quizá, desaparecer a manos del equilibrio y el consenso, argumentan unos. Reaparecerá, dicen otros, con la letra K cambiada por otra inicial. Opiniones, como se ve, polarizadas.
Por más que el kirchnerismo se obstine en buscar raíces e inspiración en los años 70, parece tener un aire de familia mucho más cercano con el primer peronismo y, en ese sentido, la lógica amigo-enemigo que ya es sentido común no constituye una innovación de esta década. "El kirchnerismo revitalizó y reactualizó viejas formas del discurso nacionalista y de las formas que tuvo durante los primeros peronismos: lo popular como un espacio donde reside la verdad, símbolo de Nación y de Estado, mientras aquello que no se considera identificado con mayorías se lo concibe como antinacional", describe la socióloga Ana Wortman, investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA y experta en análisis cultural.
Esa construcción, que tuvo momentos álgidos -en particular durante las presidencias de Cristina Kirchner, con un inicio en la crisis del campo, de 2008- y que muchos ven ahora circunscripta cada vez a menos espacios, ancló en una forma de percibir y hacer política que abraza la dicotomía. "Hay una cultura política, que tiene que ver con muchos años de dictadura, que es profundamente intolerante, y excede al kirchnerismo -dice el escritor y periodista Marcos Mayer, que acaba de publicar el libro Partidos al medio (Aguilar)-. El kirchnerismo generó a partir de eso una especie de populismo cultural: la gente no reacciona frente a lo que efectivamente hace el Gobierno, sino a lo que se supone que va a hacer. Mientras tanto, perdimos la gimnasia de la discusión, no podemos hablar sin sospechar que todo lo que dice el otro está esponsoreado, y así, de las cuestiones centrales del país, no se discute."
De todos los enemigos que enfrente se colocó el Gobierno -el campo, los empresarios, la Iglesia, un sector del sindicalismo, la Justicia-, los medios parecen estar concentrando la fase final de la batalla K - anti-K, escenificada mediante las disputas judiciales alrededor de la ley de medios, que se convierten, cada vez más, en discusiones de entendidos e interesados. "El encarnizamiento del kirchnerismo con el Grupo Clarín, como emergente de la concentración mediática y como síntesis de un discurso, suele sostenerse en una lógica conspirativa como la que también atraviesa al Grupo Clarín en relación con la política comunicacional del Gobierno. Creo que en este momento es allí, en la cuestión comunicacional, donde más se expresa la lógica K - anti-K; en otros planos parecería haberse debilitado", apunta Wortman.
Quienes estudian los estados de polarización política, que no son para nada particularidad de la Argentina, apuntan que las sociedades polarizadas no cambian fácilmente de lealtades -un miembro del Tea Party norteamericano no votaría al recientemente elegido alcalde de Nueva York Bill de Blasio, ni un chavista seguiría de pronto a Capriles- y tienen cierta homogeneidad en los polos. Nada de eso parece existir en la Argentina: la Presidenta pasó del 54% a algo más del 30% de voluntades en dos años; en las urnas se combinan votos de maneras estratégicas que no respetan orientaciones ideológicas, y, más allá de un núcleo duro de convencidos, se sostiene que existe algo así como un 45% de argentinos que apoyan algunas políticas del Gobierno, pero rechazan otras. ¿Será, entonces, que la Argentina polarizada es también parte del relato? ¿Será que los políticos, los intelectuales y los periodistas están mucho más polarizados que la sociedad?

Intensidad K

"La polarización puede definirse como distancia ideológica o como división en dos partes. La Argentina no aparece polarizada en ninguna de las dos acepciones", sostiene el politólogo Andrés Malamud, investigador en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. "La distancia ideológica entre el Gobierno y la oposición es escasa: grandes decisiones de este período fueron tomadas por supermayorías legislativas, como el matrimonio igualitario, la expropiación de YPF, la nacionalización de las AFJP o la política de derechos humanos. Aunque el estilo sea confrontativo, el contenido de las políticas resulta más consensual que polarizante", analiza. "Las opciones políticas no se concentran en dos polos: el oficialismo apenas supera el 30% de los votos, mientras la oposición está fragmentada. No hay polos sino tercios: el peronismo K, el peronismo no K y el no peronismo (alias panradicalismo)", completa.
En sus palabras, lo que caracteriza a la política actual no es la polarización, sino la "intensidad": "No importa tanto el contenido (material), sino el significado (simbólico) de las políticas. El fin de la historia y de las ideologías, un relato que se propagó en los 90, cedió paso al conflicto como valor positivo. La idea es que el conflicto rompe bloqueos y promueve reformas, por lo que su intensificación es recomendable. La Argentina está lejos de ser un caso singular. Más bien, por comparación con Ecuador y Estados Unidos, el kirchnerismo puede definirse como un fenómeno político de «intensidad light», o más apropiadamente, en cuanto etapa del peronismo a punto de concluir, twilight («luz del ocaso» en inglés)."
Hay una mirada aún más inquietante: la polarización argentina sería "la sobreactuación que hacen los políticos de una débil diferenciación". No sólo no los separa un abismo, sino que son tan parecidos que tienen que simular diferencias. Así lo dice el politólogo Julio Burdman, director de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Belgrano: "De acuerdo con los manuales, la polarización supone una creciente distancia ideológica entre grupos sociales enfrentados, y una población con profundas diferencias sociales o culturales. Y no veo nada de eso entre nosotros. Sin embargo, el clima de enfrentamiento se siente y se respira. Se me ocurren dos explicaciones: o nuestra sociedad efectivamente está dividida en dos y muchos pretendemos no advertirlo, o vivimos un clima de enfrentamiento que no refleja la realidad de nuestros debates políticos, y fue creado artificialmente por la dirigencia. Me inclino por la segunda. Si algo caracteriza a la Argentina contemporánea son los parecidos en la política. La dirigencia necesitó durante estos años de la retórica del enfrentamiento para reorganizar la política democrática después de una gran crisis", apunta. "Un sistema partidario nacional se terminó de derrumbar en 2001, y fue rearmado por una coalición de dirigentes que primero lideró Duhalde y luego lideraron Néstor y Cristina Kirchner. Todos -peronistas, radicales, centroizquierda- participaron de ese mismo origen, aunque con el paso de los años se fueron reacomodando. La dirigencia política de hoy se puede clasificar entre kirchneristas puros, kirchneristas light, ex kirchneristas, aliados del kirchnerismo, y ex aliados K. Muy pocos dirigentes actuales no entran en ninguna de esas categorías. Por esa razón, no hay que descartar una sobreactuación de la diferencia. Si Moyano, Cobos, Alberto Fernández o tantos otros se reinventan en la política después de su paso por el universo K, es entendible que sobreactúen su oposicionismo; de otro modo no serían convincentes."
Todo esto, claro, no hace sino abonar la distancia entre ciudadanía y dirigentes políticos, que de tan comentada y extendida en el mundo se ha convertido casi en lugar común.
"Como ocurre en los Estados Unidos, la clase política y la elite intelectual están mucho más polarizadas que la sociedad en general. Y mucha de la polarización que puede existir en la sociedad es consecuencia directa de los esfuerzos de la clase política por fomentarla", afirma el politólogo norteamericano Mark Jones, profesor en la Universidad Rice, de Texas, y estudioso desde hace 20 años de la política argentina.
Para Burdman, esa imposición del conflicto de arriba hacia abajo fue exitosa. "Una parte de la sociedad, sin dudas, participó activamente de este clima de enfrentamiento. Notoriamente, muchas de esas personas tenían grandes dificultades para explicar los motivos detrás de la crispación."

Ni la política ni los medios

Ni en un extremo ni en el otro, expuestos a las retóricas inflamadas, muchos argentinos se replegaron en sus vidas cotidianas, y otros -abrumados por otras urgencias- ni siquiera entraron en la categoría de los que debían ser convencidos de que una batalla estaba en marcha y había que sumarse. No es extraño que los discursos políticos dirigidos a resaltar la gestión local, que prometen solucionar problemas concretos y abandonar las confrontaciones discursivas, hayan sido los más votados en las elecciones de hace dos semanas.
Si no polarizada, sin embargo, una parte de la ciudadanía sí parece crecientemente movilizada. "Hay una movilización de la gente por fuera de la política y de los medios, que se da en varios países, y aquí se vio con cacerolazos y otras formas de protesta social. Tienen otra agenda, otra idea que no es la de confrontación, porque eso no es parte de sus problemas reales. No es una movilización vinculada con grandes causas ideológicas, sino con problemas concretos. Es antiautoritaria, pero no maniquea ni confrontativa, con un componente político más ligado con los jóvenes, las tecnologías, nuevos lugares donde circulan las ideas y otra manera de entender la participación ciudadana", describe Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. "La forma de hacer política que fue muy eficaz en los primeros años de kirchnerismo atrasa con la cultura ciudadana contemporánea. Hay un divorcio entre el sistema político y el mundo de la vida. En el futuro, los movimientos o frentes que puedan reconectar con el mundo de la vida van a ser los más exitosos."
Quizá porque, además, en tiempos de identidades partidarias hechas añicos, el voto se ha vuelto más impredecible. "Ya no parece tan inmediata la relación entre clase social y voto político. Los nuevos trabajadores jóvenes o los precarizados, ¿siguen siendo peronistas? El peronismo K y no K, la izquierda, UNEN y Pro están presentes en todos los sectores sociales", describe Wortman.
Hay quienes piensan que quienes se perfilan anotándose en una carrera presidencial hacia 2015 ya tomaron nota. "Este clima de enfrentamiento pareciera diluirse en las últimas elecciones, desde la irrupción de Massa que, aun cuando se viene diferenciando crecientemente del oficialismo del que proviene, no parece tan preocupado por sobreactuar su pasaje a la oposición. Pareciera ser el primero de los ex kirchneristas en comprender que su carrera política, de ahora en adelante, será poskirchnerista. Apunta a construir un electorado nuevo. Por todas esas razones, no cayó en la lógica de la sobreactuación. Hoy ya vivimos otro clima retórico", dice Burdman.
La intensidad puede ser agotadora. "Un clima de intensidad prolongada produce fatiga, que se manifiesta hacia afuera en la declinación electoral y hacia adentro en la moderación de los potenciales sucesores. Por eso, es esperable que a este ciclo intenso le siga otro moderado, o al menos presentado como tal", apunta Malamud.
El gusto por los extremos, sin embargo, no es un rasgo nacional, sino constitutivo de la política. "La polarización no va a desaparecer, pero va a atenuarse sin duda a partir de diciembre de 2015. Massa, Scioli, Macri y Binner son todos políticos que buscan el consenso mucho más que el conflicto, todo lo contrario de los Kirchner -dice Jones-. Con la llegada de un nuevo presidente, casi seguro un peronista, las líneas divisorias de hoy van a quedar borradas. No me sorprendería que la frase K - anti-K existiera sólo en los libros de historia y fuera reemplazada por otra letra." Sería un paso atrás, sin embargo, que la dicotomía argentina por instalarse fuera la que separa a la política de la vida real..


El patrón de crecimiento con base industrial



  Fuente del cuadro

La persistencia de altas tasas de informalidad laboral - muy especialmente entre los trabajadores menores de 30 años donde supera el 40%-   y el escaso dinamismo en la generación de empleo industrial que se observa desde el año 2008 de 0,9% anual y se muestra en el cuadro de apertura,  son dos problemas implicados que constituyen uno de los desafíos de la etapa y a su vez se encadenan con la problemática recurrente de la restricción externa cuyo indicador principal es la insuficiencia de divisas, como lo advirtiera Aldo Ferrer acá

El cambio estructural más trascendente de la economía internacional en la presente década ha sido, sin lugar a dudas, el rol que asumen hoy los países emergentes promoviendo el crecimiento mundial.

En este escenario, el ascenso de China es un dato clave que reestructura todo el entramado de vínculos geopolíticos y abre nuevas alternativas e interrogantes a la hegemonía de EE UU y Europa. 
La creciente expansión de este país y de todo el continente asiático, está redefiniendo las pautas sobre las que deben repensarse las estrategias de desarrollo de los países productores de commodities –como nuestra región– para poder aprovechar esta suerte de “desarrollo por invitación” y seguir expandiendo los procesos de integración, reindustrialización y mejoras sociales que hoy se llevan adelante por estas latitudes.
La importancia relativa de China y los demás países emergentes es incuestionable: pasaron de motorizar sólo el 17% del PBI global durante los años ochenta, al 60% en la actualidad. Es decir, se multiplicó más de 3 veces su incidencia en la generación de bienes y servicios a escala planetaria y cualquier empeoramiento en sus indicadores económicos tiene impactos profundos en los demás países, aun sobre los desarrollados.
Por lo tanto, si el mundo se encamina a un crecimiento menor (de 5,1% de 2010 a 2,9% este año) se debe a que los países avanzados no levantan cabeza y a que, fundamentalmente, los emergentes dejaron de expandirse a las fuertes tasas a las que lo hacían hasta el año 2007. En efecto, si bien China parece estabilizar este año su nivel de actividad en alrededor del 7,8%, otras economías de las denominadas BRICs como India, Rusia y Brasil vienen reduciendo sus tasas de crecimiento al 3,8%, 1,5% y 2,5%, respectivamente.
Por el lado de los países desarrollados, y a punto de cumplirse cinco años del estallido de la crisis financiera internacional más imponente desde la registrada en 1930, todavía se encuentran enmarañados en una situación compleja de crecimiento bajo, desempleo alto, deuda pública en ascenso y permanentes y enormes desequilibrios fiscales. EE UU mantuvo en vilo al mundo entero con el “shutdown” (cierre) del gobierno, que dejó por 17 días sin actividad a la administración pública nacional, reduciendo en 0,5 de punto porcentual la expansión del PBI en el último trimestre. 
Por su parte, la Eurozona caerá por segundo año consecutivo de contracción económica (-0,4%), y alto desempleo (12,1% en agosto) producto de continuar bajo un modelo en el cual siguen débiles las demandas internas de los países con caídas fuertes del PBI (Italia, España, Grecia y Portugal) debido al alto desempleo que contrae la capacidad de consumo, y a la aplicación de políticas de reducción del gasto público que intentan achicar el déficit fiscal y cumplir así con las condicionalidades que imponen la Comisión Europea, el Banco Europeo y el FMI.
Pero regresando al barrio, se observa, por el contrario, que la región suramericana viene experimentando uno de los ciclos históricos más prolongados de crecimiento a tasas altas, lo que les permitió a la mayoría de los países reducir los niveles de desempleo, endeudamiento y pobreza. En este sentido, Suramérica viene contribuyendo con más fuerza al PBI mundial, no gracias a las viejas relaciones comerciales y financieras con los países del Norte, sino por el ímpetu que han mostrado las nuevas oportunidades en la relación Sur-Sur abiertas en los últimos años. El crecimiento económico esperado para este año se estima en 3,2%, lejos del 4,6% alcanzado en 2011. Entre las economías que más crecen, las “top five” son: Argentina (5,5%), Perú (5,4%), Chile (4,4%), Colombia (3,7%) y Uruguay (3,5%).
Respecto a nuestro país, en los primeros ocho meses del año la actividad económica se apoya en un crecimiento sectorial que retoma en parte las características del 2011 y se aleja del modelo 2012, donde los servicios tuvieron mayor relevancia que en el pasado. Así se destaca que la contribución al crecimiento del sector productor de bienes representó el 22,3% del valor agregado bruto (VAB) con el aporte de la buena cosecha agrícola (+16,5%) y el repunte industrial (+5,3%). En el sector de servicios, la actividad comercial aportó el 27,8%, seguido por la intermediación financiera (+22%) y los transportes y comunicaciones (+15,6%).
Este tipo de patrón de crecimiento contrasta con lo observado en 2012, donde la intermediación financiera explicó el 48% del VAB, en tanto el sector industrial restó -3,8%, el agrícola -28,1% y la construcción -8,7%. Es decir, durante el año 2012, sólo se “aguantaron los trapos” porque la crisis internacional y la mala cosecha determinaron un crecimiento bajo, apoyado básicamente en los servicios y en el empuje que dieron las políticas contracíclicas del gobierno nacional.
Es importante entonces retornar al modelo sustentado en la producción de bienes y, en particular, a priorizar el motor industrial (que aportó el 23% en 2011) ya que, sectorialmente, todavía se registran nueve ramas productivas con caídas y sólo tres con mejoras (automotriz, +11,8%; materiales de construcción, +5,8%; y química, +1,3%). Pero no cualquier industria, sino aquella que se construye en base a innovación tecnológica y a altos salarios, combinando sectores que pueden estar en la frontera del conocimiento con otros de tecnología media y baja pero que contribuyan más a la generación de empleo.
Seguir el camino de la reprimarización agrícola, de la valorización financiera o intentar crear una industria en base a salarios bajos y precarización laboral es desconocer tanto la historia de las luchas sindicales argentinas como el valor que tiene la movilidad social ascendente y la idea de igualdad distributiva en la agenda democrática de nuestro país. Recordemos además que el salario, más que un costo empresarial, es el motor de la demanda interna y que se debe pensar a la industria como proveedora regional y global, porque sólo con el mercado interno no se alcanzan escalas mínimas eficientes. 
Por su parte, y retomando el inicio de estas notas, optar por una industria de bajos salarios supone no tomar en cuenta la irrupción de China en el escenario mundial. Este país ha establecido límites severos a quienes opten por competir vía salarios bajos y tomar ese sendero sería verdaderamente suicida e implicaría sí o sí “quedar afuera del mundo”.

Captar la atención, concientizar, comprometer

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La responsabilidad de Alemania en la crisis de Europa

Aún con todas sus limitaciones, el capitalismo social europeo, tanto del tipo renano como escandinavo, parecía, en general, preferible al estadounidense, especialmente en lo que hace a la cohesión social, las relaciones laborales, la salud pública, la educación, la calidad de vida y la seguridad. Hace muy pocos años, Jeremy Rifkin afirmaba, en su libro The european dream, que el ideal europeo de “trabajar para vivir” empezaba a sustituir al sueño norteamericano, donde “vivir para trabajar” era, y es, cada vez más duro.
Pero en los últimos tiempos, ese modelo entró en crisis y los mecanismos de solidaridad que constituían la base de su éxito se han debilitado enormemente. La crisis puso al descubierto las enormes diferencias estructurales entre los países, especialmente entre los miembros de la eurozona, que fueron disimuladas por mucho tiempo con transferencias financieras de los más desarrollados hacia los menos y generosos préstamos. Éstos a su vez originaron grandes deudas en los sectores público y privado de la periferia europea, que están hoy al borde del default masivo. También tambalea la supervivencia y amplitud de la moneda común, el euro; están en cuestión los acuerdos de libre movimiento transfronterizo de las personas; mientras, el malestar de la población crece en toda la Unión.
Esta debacle se incubó sordamente desde el fin de la Guerra Fría, cuando comenzó a resquebrajarse el equilibrio relativo entre las fuerzas de los principales Estados miembros, la solidaridad entre estos países y la existencia de Estados que disfrutan de un grado razonable de cohesión nacional y social. Una situación que se agravó con la reunificación de Alemania y la crisis del euro, poniendo de manifiesto un desequilibrio franco-alemán creciente y el ascenso de fuerzas centrífugas en diversos países que, luego de la disolución de la URSS, encontraron en su adhesión a la UE un espacio más o menos protegido en la ola globalizadora. Toda esta construcción ahora está en peligro.
Como es sabido, a la implosión del bloque soviético siguió la reorganización de Europa continental. Alemania reunificada, que trasladó su capital a Berlín, cerca de Polonia, se convirtió no sólo en el centro geográfico de la Unión Europea sino también en la potencia económica dominante, la de mayor competitividad (a costa del empobrecimiento de su fuerza laboral, dato que la mayoría de los comentaristas omite) y líder de las exportaciones mundiales junto con China pero con productos de mayor nivel tecnológico. La salida exportadora fue consecuencia de la austeridad fiscal y salarial: la economía alemana se volcó radicalmente hacia la exportación debido al estancamiento del consumo interno por la disminución de sus costos laborales. La relación productividad laboral/costos laborales creció en Alemania desde 1999 mientras cayó en casi todo el resto de los países de la zona euro, en especial en los periféricos.
Una razón es que la reunificación de Alemania, que en un principio implicó grandes costos, terminó favoreciéndola. La diferencias salariales entre ambas regiones (antes países) llegaron en algunos casos a cerca de un 40%, con el agravante de que se le agregó un fuerte desempleo, un porcentaje del cual se debió a razones políticas y otro a una importante restricción de la mano de obra femenina, muy numerosa antes en la ex Alemania Oriental. También tuvo que ver al hecho de que se hizo tabla rasa con gran parte de la industria de esa región, a la que se consideraba deficiente. Esto implicó altos grados de desocupación pero también la llegada de empresas occidentales y la reconstrucción y modernización de la estructura industrial con tecnologías capital-intensivas y salarios más bajos para la población que volvió a emplearse. Al abrirse las fronteras se agregó el flujo de mano de obra barata de los países vecinos del Este. La amenaza de trasladar empresas a países con legislaciones fiscales más favorables también influyó sobre los sindicatos para que los salarios no aumentaran de acuerdo con los niveles de productividad. Todos esos factores presionaron a la baja de los costos empresarios.
La industria alemana se vio beneficiada por esta situación ya que su plataforma exportadora, que creció notablemente con respecto al PIB desde fines de los años 90 a la actualidad, amplió sus ventas a sus pares europeos donde coloca el 50% de sus exportaciones. También resultó favorecida por la demanda china de bienes de capital y maquinarias sofisticadas, necesarias para el propio crecimiento del gigante asiático. Para completar sus ventajas, el gobierno alemán logró endeudarse a muy bajo costo dada la creciente demanda de sus títulos por el descrédito de los de otros países de la región, mientras que su dominio sobre el nuevo Banco Central Europeo le permitió imponer sus propias reglas de juego en la UE. Es en la actualidad la 5ta. economía del mundo y se recuperó notablemente del pico de la recesión de 2009. El pacto fiscal de la eurozona representaba una nueva batalla ganada por la burguesía alemana, al impedir que los capitalistas de la periferia de la zona euro pudieran adoptar instrumentos adicionales para obtener mayor competitividad. En ese sentido, el camino por el que debían seguir necesariamente las clases dirigentes locales era el ajuste salarial, la flexibilización laboral y el atropello de los mecanismos de seguridad social, ya que la devaluación fiscal entraba en clara contradicción con los objetivos fijados en el pacto.
Este proceso, más el impacto de la globalización, dieron por tierra con los equilibrios previos, no sólo en Alemania sino en toda Europa. La debilidad, ahora evidente, de la unión monetaria, sin una coordinación fina de las políticas fiscales y monetarias de sus miembros, desembocó en una crisis sin precedentes. Lejos de asemejarse, por la acción de los mercados y en virtud de la moneda única, los países se diferenciaron cada vez más unos de otros, en los costos y en la productividad. Especialmente en sus niveles de inflación, déficit fiscal y endeudamiento. Es inevitable trazar un paralelo entre la crisis del euro y la de la convertibilidad: para los países periféricos de menor productividad relativa, es ilusorio y perjudicial tener la misma moneda que los más desarrollados, pero, como ocurrió en la Argentina de 2001-2002, la salida no es fácil. Teóricamente, un euro sólido debería representar una ventaja para todos, incluso para Alemania, cuyo éxito está ligado al de sus socios europeos. “Salvar” a Grecia, Irlanda y Portugal, incluso Italia, en beneficio de los bancos pero en detrimento de las personas y empresas, al menos las que dependen del mercado interno, es probablemente más barato que tener que rescatar mañana a sus propios bancos de la quiebra de estos países, de los que ellos serían las primeras víctimas. Por otra parte, si el euro fuera sustituido por un nuevo marco fuertemente revaluado, Alemania perdería automáticamente buena parte de su competitividad, a pesar de toda su eficiencia industrial y su disciplina financiera. En lugar de la “Alemania europea”, deseada por los promotores del Tratado de Maastricht, que el euro debería garantizar para siempre, se corre el riesgo de arribar a una “Europa alemana”, o de llegar a una desintegración, que seguramente iría más allá de la dimensión monetaria.
 

La viabilidad nac&pop

Los proyectos nacionales y populares (PNP) prevalecientes en América del Sur, se caracterizan por su énfasis en la equidad social, la defensa de la soberanía y el protagonismo del Estado en el proceso de transformación. ¿Son viables estos proyectos en un mercado mundial globalizado? En otros términos, ¿es posible gobernar los mercados para alcanzar los objetivos de los PNP?
El fundamentalismo globalizador responde que no, porque los mercados son ingobernables. Los operadores pueden evadir las normas regulatorias y los Estados carecen de instrumentos para evitarlo. Cualquier intervención contraria a las expectativas del mercado está destinada al fracaso. Además, la intervención del Estado deprime la economía real y desalienta la inversión, la producción y el empleo. Por ejemplo, el Instituto de Finanzas Internacionales, que expresa las opiniones del mundo del dinero, estima que la normas de Basilea III sobre el capital y liquidez de los bancos, reducirían el PBI mundial y provocarían la pérdida de 7,5 millones de puestos de trabajo.
En consecuencia, el mejor de los mundos posibles es el desregulado, porque los mercados reflejan comportamientos racionales, que armonizan el interés privado con el público. Es la versión moderna de la “mano invisible” del liberalismo clásico: cuanto más libres, más útiles son los mercados para servir el interés general. La impotencia del Estado es, por lo tanto, una buena noticia. En otros términos, los PNP están fuera del contexto de la economía mundial contemporánea.
Esta visión no abarca la totalidad de la economía mundial. Se concentra fundamentalmente en el antiguo centro hegemónico de las economías industriales del Atlántico Norte. En China y los otros países emergentes de Asia, el dinamismo de sus economías obedece, precisamente, a que no se han sometido al canon ni al Estado neoliberal. Prevalecen en estos países Estados nacionales, capaces de administrar la globalización e impulsar el desarrollo. En combinaciones diversas, prevalecen en esos países, objetivos comparables a los de los PNP de América del Sur. De este modo, se está registrando una redistribución del poder mundial y el surgimiento de un nuevo centro dinámico en la cuenca Asia-Pacífico. Las turbulencias y asimetrías en el orden mundial contemporáneo, reflejan la coexistencia de “Estados nacionales” en los países emergentes y “Estados neoliberales” en el antiguo centro hegemónico.
La respuesta al interrogante acerca de la viabilidad de los PNP es afirmativa y requiere la gobernabilidad de la economía. Todos los países que despliegan exitosamente su potencial de desarrollo dentro del orden global, mantienen una fuerte solvencia fiscal, superávit en sus balances de pagos en cuenta corriente, elevadas reservas internacionales genuinas no fundadas en deuda, sistemas monetarios asentados en la moneda nacional y tipos de cambio que sustentan la rentabilidad de la producción de bienes transables sujetos a la competencia internacional.

Administrar la globalización es una condición necesaria para la viabilidad de los PNP. Vale decir, para desplegar el potencial de desarrollo de nuestros países y ocupar una posición simétrica, no subordinada, en las relaciones internacionales. La globalización puede administrarse en beneficio propio ampliando, al mismo tiempo, las relaciones con la economía mundial. Las evidencias más recientes y notables las proporcionan los economías emergentes de Asia. Responden al crecimiento del comercio mundial de bienes de creciente valor agregado y tecnología, promoviendo la industrialización, la integración de las cadenas de valor, el impulso a la educación, la ciencia y la tecnología y la especialización intaindustrial en la división internacional del trabajo. Administran también la presencia de filiales de las corporaciones transnacionales vinculándolas al tejido productivo interno y al acceso a los mercados internacionales, preservando el liderazgo de las empresas de capital nacional y del Estado. Regulan la globalización financiera manteniendo los equilibrios macroeconómicos, evitando las burbujas especulativas y apoyando la acumulación de capital en el ahorro interno y, complementariamente, en el extranjero.
Los latinoamericanos no tenemos todavía mayor influencia en la resolución de los problemas del orden global. Sin embargo, disponemos de una capacidad decisiva para determinar si estamos, en ese orden, ejerciendo nuestro derecho al desarrollo o nos resignamos a reproducir nuestra histórica condición periférica. Aún juntos, no podemos cambiar el mundo de asimetrías, inestabilidad e injusticia, que habitamos, pero podemos estar, en ese mundo, parados en nuestros propios recursos, ejerciendo la soberanía y, desde allí, en efecto, contribuir a la defensa de los intereses del género humano en el orden global. Contamos con suficientes instrumentos propios, como, por ejemplo, el control de los movimientos de capitales de corto plazo, para disciplinar los mercados financieros, colocándolos al servicio de la producción y el trabajo.
Los PNP son la respuesta correcta a los desafíos que plantea el orden mundial contemporáneo. Su éxito no está amenazado por supuestas restricciones externas insalvables. Depende, esencialmente, de la propia capacidad de resolver los problemas que plantea la transformación. Es decir, de la ingeniería política del desarrollo y la inclusión social. En este escenario mundial resurge el proyecto integracionista en el espacio sudamericano, fundado en la convergencia de los PNP prevalecientes en nuestros países.

Política de agregado de valor, integración y apertura

En el nuevo escenario abierto por la política económica postneoliberal, subsisten antiguos problemas estructurales. En primer lugar, la subindustrialización y la débil participación, en el proceso innovativo, de la industria argentina. A pesar de que se ha logrado aumentar el producto industrial y el empleo y evitar el proceso de reprimarización, observable en otros países, notoriamente en Brasil, subsiste una estructura industrial subdesarrollada y asociada en posición marginal en las cadenas internacionales de valor. El principal indicador en la materia es la creciente brecha en el comercio internacional de manufacturas de mayor contenido tecnológico y valor agregado, particularmente en las autopartes, el complejo electrónico y el sector químico. Ésta es la causa principal de la restricción externa.
La incorporación de las industrias en las fronteras del conocimiento y el consecuente equilibrio en el comercio de manufacturas de alto contenido tecnológico y valor agregado, provocaría un cambio radical en el comportamiento de la economía argentina. Eliminaría la restricción externa y el ciclo de contención y arranque (stop-go), vinculado con la insuficiencia de la capacidad de pagos externos para sostener el crecimiento de la actividad económica en niveles de pleno empleo.
Esta transformación del comercio exterior argentino y, además, el autoabastecimiento energético, liberaría los excedentes generados por el superávit del comercio de productos primarios. Los mismos subsistirán por la extraordinaria dotación de recursos naturales y el impacto del progreso técnico sobre el agro y el resto de la producción primaria, en el contexto de un mercado mundial demandante de alimentos y materias primas.
En tal caso, surgiría un elevado superávit en el balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos, con crecimiento de la inversión, la producción y el empleo. El aumento de la capacidad de pagos externos permitiría aumentar las reservas internacionales y cumplir sin sobresaltos los servicios de la deuda externa. Eliminado el ciclo de contención-arranque (stop-go), la economía podría entrar en un sendero de crecimiento de largo plazo y contaría con los medios para enfrentar las variaciones de la economía internacional. Estos hechos fortalecerían la libertad de maniobra de la política económica y el ejercicio de la soberanía para que el país despliegue su desarrollo en el orden global.
Asimismo, la mayor capacidad de pagos externos permitiría aumentar las importaciones de todo tipo de bienes y servicios, dentro de un sistema de inserción, en la división internacional del trabajo, fundado en la especialización en bienes, no sectores, es decir, intraindustrial.
Se configura así una estructura productiva más integrada hacia adentro y más abierta hacia afuera. La misma constituye la economía industrial integrada y abierta, que caracteriza a las economías avanzadas y es la culminación de la transformación de las economías emergentes. Ésta es la única estructura productiva compatible con la incesante incorporación de conocimiento y la innovación en el tejido económico y social y con la existencia de una relación simétrica, no subordinada, con el orden mundial.
El convencimiento que la transformación es posible, es la primera de las condiciones necesarias para remover los obstáculos al desarrollo del país. Esto implica asumir que las resistencias internas y externas pueden resolverse a partir de los propios medios y la eficacia de la conducción de transformación. Para tales fines el país cuenta con potencial de recursos materiales y humanos, el considerable nivel de ahorro y, actualmente, el bajo nivel de endeudamiento. Como lo destacó el informe Okita sobre la economía argentina, elaborado durante la presidencia de Raúl Alfonsín, existen pocos países emergentes con capacidad comparable a la de Argentina, para desplegar un proyecto soberano de desarrollo nacional. Esto permite sostener una tasa de inversión y crecimiento elevada en condiciones de equilibrio de los pagos internacionales.
Después de la salida de la crisis de principios de este siglo y de la recuperación posterior, ha reaparecido en su plenitud la restricción externa. Las tensiones en el mercado de cambios y los controles de las transacciones corrientes de divisas son la evidencia más notoria. Esta situación tiene su origen, como hemos visto, en el creciente déficit en el comercio de manufacturas de origen industrial y, complementariamente, en el déficit energético.
Se corre el riesgo, desde ya, de quedar atrapados en la disputa distributiva y el reparto del poder, dentro de una estructura productiva desequilibrada. Puede reaparecer, entonces, la visión neoliberal y la estrategia de aliviar la restricción externa por la vía del crédito internacional, con las consecuencias conocidas, o aceptar créditos de proveedores que sustituyen producción interna posible por importaciones, riesgos que deberían evitarse enfrentando con firmeza las causas estructurales de la restricción externa y fortaleciendo los equilibrios macroeconómicos.

Como salimos del laberinto de la restricción externa

En la nota de la semana anterior destaqué que la argentinización de la economía argentina y el desarrollo industrial en las tecnologías de vanguardia eran condiciones necesarias para resolver la insuficiencia de divisas. Vale decir, la restricción externa, la cual, por su carácter estructural, amenaza con convertirse en eterna. Otras dos cuestiones importantes en la misma materia se refieren a la explotación de los recursos naturales y el autoabastecimiento energético. Sobre este segundo tema no me detendré, porque, sobre el mismo, existe suficiente atención de la opinión pública y en el debate político.
Respecto de los recursos naturales, la agregación de valor y tecnología contribuye al desarrollo industrial y tecnológico, diversifica la oferta para el mercado interno y aumenta el valor de las exportaciones de bienes de origen primario. La producción agropecuaria ha experimentado un extraordinario proceso de transformación y aumentado sus volúmenes y saldos exportables. El aumento de la participación de los componentes de producción local, en las cadenas de valor, impulsa actividades de alta densidad tecnológica, en diversos sectores. La bioeconomía, incluyendo el aprovechamiento de la biomasa, es uno de los pilares de la economía nacional. Como hemos visto en notas anteriores, el superávit de divisas del sector agropecuario (SPP) es el que permite pagar los déficit (DMOI/E) en el comercio de manufacturas de origen industrial (MOI) y en el sector energético (E). El SPP permite cubrir el DMOI/E y constituye el límite del crecimiento de la economía argentina, en condiciones de equilibrio externo. El papel histórico cumplido por el agro permitió acumular un respetable acervo científico y tecnológico y capacidad de gestión de los recursos e integrar, la cadena de valor agropecuaria, al desarrollo del país.
No sucede lo mismo con el sector minero, de creciente importancia a medida que se revela la amplitud de los recursos naturales existentes. La herencia neoliberal incluye la provincialización en el dominio de esos recursos (dispuesta en la reforma de la Constitución de 1994) y una legislación minera propia de países periféricos, sin estrategia de desarrollo nacional. La reforma constitucional fracturó la unidad de intereses de la Nación en la explotación de sus recursos y la convirtió en los intereses locales de cada provincia. Dispersó, en consecuencia, el poder decisorio de las políticas públicas entre el Estado nacional y los provinciales, obstaculizando la formulación de una política nacional que, necesariamente, descansa en el Estado nacional en cooperación con los gobiernos provinciales. En ese marco, la legislación minera existente viabilizó inversiones extranjeras que explotan los recursos, los exportan en su condición primaria y apropian de gran parte de la renta minera y de la totalidad del valor agregado por la transformación posterior, en el extranjero, de tales recursos. Atendiendo al respeto de las normas del Estado de derecho, está pendiente el replanteo de la explotación de los recursos mineros, que pueden cumplir un papel fundamental en el desarrollo del país y la remoción de la restricción externa.
¿Cuánto tiempo nos queda para encontrar el rumbo necesario del desarrollo nacional y no quedar definitivamente atrapados en las redes de la restricción externa? Probablemente, no mucho, porque las fuerzas de la globalización son cada vez más intensas y, por lo tanto, creciente el riesgo de subordinación del espacio nacional a procesos incontrolables y a las decisiones de agentes foráneos y sus epígonos criollos.
La remoción de la restricción externa define el futuro de la economía argentina y su inserción en el orden mundial. Es posible, a través del aumento de los excedentes de la producción primaria y el autoabastecimiento energético, extender el límite del crecimiento de la estructura productiva desequilibrada. Es decir, cuanto mayor sea el SPP, mayor el déficit posible del comercio de MOI. Dentro de la actual estructura productiva desequilibrada, el SPP es el límite del crecimiento de la industria. En tal sentido, respecto de la relación campo industria, puede afirmarse que el presente de la industria argentina depende del campo. Pero el futuro del campo depende de la industria, porque, sin ella, subsiste una economía incapaz de incorporar plenamente la ciencia y la tecnología y generar pleno empleo a niveles crecientes de productividad, ganancias y salarios.
Las condiciones necesarias para la remoción de la restricción externa son las mismas que posibilitan el desarrollo económico y social. Vale decir, la fortaleza de la densidad nacional, que incluye la cohesión social, la impronta nacional de los liderazgos, la estabilidad institucional y el pensamiento crítico, capaz de observar la realidad desde las propias perspectivas.

Sartre y el poder intelectual



Sartre planteaba que el intelectual no tiene poder alguno, esta falta de poder se origina a partir del ejercicio de la contradicción que lo convierte en intelectual.
El político, según Sartre, no tiene, ni puede vivir esa contradicción, sino no hace nada, no construye poder, no llega y no administra los negocios de la corona.

El intelectual gestiona la contradicción, pero desde Sartre a esta parte, algunas cosas cambiaron, el poder intelectual se ha convertido en el quinto poder luego de los tres tradicionales y la prensa como cuarto.

El poder intelectual hoy, ha ganado espacio y ha perdido independencia. se vende muchas veces utilizando su capital de contradicciones pasadas.

Pero lo que vemos claramente es que aún hoy las corrientes intelectuales, los tabúes, las no fly zones, por más carga que les impongan los medios instaladores de agenda y del main stream, no pueden imponerse sin el si de los intelectuales.

Cumbre Zanini-Martínez define el futuro de Telecom

La reunión se concretó el viernes por la mañana y sus consecuencias se verán en los próximos meses, acaso años. David Martínez, el excéntrico multimillonario mexicano dueño del fondo de inversión Fintech, se encontró con el secretario legal y Técnico y virtual presidente de la Argentina, Carlos Zannini.

Hablaron por más de dos horas. Martínez buscó garantías políticas para garantizar la oferta de u$s 1.000 millones que le hizo a Telecom Italia para quedarse con el control de su filial argentina.

El dueño de Fintech es además propietario del 40 por ciento de Cablevisión Fibertel. La acumulación de esas redes con una de las dos telefónicas de Argentina, viola la Ley de Medios y sobre todo la ley de Defensa de la Competencia, porque se constituiría en un monopolio flagrante en la provisión d e un servicio que se ha vuelto esencial: el acceso a internet.

Tanto Cablevisión-Fibertel como Telecom ofrecen el servicio de Internet de banda ancha por fibra óptica. En la actualidad, la compañía del grupo Clarín tiene un market share del aproximadamente el 25 por ciento y Arnet, la compañía prestataria de Internet de Telecom, el 28 por ciento.

Además, la compra de Telecom necesita la aprobación no sólo del Afsca a cargo de Martín Sabbatella, sino también de la Secretaría de Comunicaciones, que conduce el camporista Norberto Berner, quien tiene autoridad sobre la operación por tratarse de una empresa de telefonía fija, que tiene carácter de servicio público.

Ambos funcionarios tienen línea directa con Zannini. En la reunión el secretario Legal y Técnico dejó en claro su influencia. Ahí mismo, hizo llamar a Sabbatella y le pidió que “reciba” al dueño de Fintech. “Cuidamelo a Martín en tus medios”, fue uno de los pedidos de Zannini a Martínez.

Inmediatamente después de terminar su encuentro con el secretario Legal y Técnico, el flamante dueño de Telecom se trasladó al Afsca. La reunión no pudo salir mejor. Al terminar, Sabbatella ofició de cándido vocero del mexicano, dijo que no habrá problemas de incompatibilidades porque Martínez “venderá” lo que el Gobierno le pida.

Como era previsible, al otro día, voceros de Martínez relativizaron esa entusiasta afirmación y empezaron a dejar trascender tortuosos sistemas de “compensación” para maquillar su evidente violación de las leyes anti monopolio, sin perder el control de los estratégicos activos que tienen en la Argentina.

Puede la UCR construir una opción de poder presidencial hacia 2015?


La UCR consiguió retener sus bancas en Diputados, pero perdió tres senadores de cuatro en juego. Se mantiene como segunda fuerza a nivel nacional, aunque empeoró sus resultados respecto de 2009 y de las PASO.
 
Por Sebastian Abrevaya 
 
Hace 10 años, la UCR hacía la peor elección de su historia. Hace dos semanas, en medio de la victoria del kirchnerismo a nivel nacional, el amplio triunfo de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, el lanzamiento de Mauricio Macri como candidato presidencial y el posterior fallo de la Corte Suprema sobre la ley de medios, quedó relegado del análisis el desempeño de uno de los actores políticos más relevantes en las elecciones del 27 de octubre. Después de las primarias, el radicalismo y algunos aliados habían asegurado que superarían al Frente para la Victoria a nivel nacional y que se convertirían en la principal alternativa de cara al 2015. Lejos de eso, tuvieron un leve retroceso en cantidad de votos que los dejó en tercer lugar, detrás del –desarticulado– peronismo disidente. Además, perdieron tres de los cuatro senadores que ponían en juego y, en comparación con la elección de 2009, pasaron del 30,2 con el Acuerdo Cívico y Social al 24,7 por ciento de los votos, contando las alianzas locales. De todas formas, en la UCR están satisfechos con haber mantenido el número de diputados y esperan sostener su proceso de recuperación de cara al 2015.
“Vamos a tener un resultado bastante mejor que en las primarias (en Buenos Aires), lo que nos permitirá ganar a nivel nacional porque estamos segundos a muy pocos votos del oficialismo”, afirmó públicamente el diputado Ricardo Alfonsín, tres días antes de la votación. “Todos exageran. Massa, cuando habla como si hubiera ganado una elección nacional, Macri cuando habla de los candidatos del PRO en todo el país, el kirchnerismo cuando dice que ganó la elección... y bueno, nosotros también”, se sinceró con Página/12 otro de los dirigentes más importantes de la UCR, pocos días después. Pero la exageración, aclara, no quiere decir que el radicalismo no tenga elementos para rescatar del resultado electoral.
El primero, recuerda el encumbrado dirigente, es la recuperación sostenida respecto del “fondo del infierno” que significó el 2001 y la posterior elección del 2 por ciento de 2003. Luego vino el acuerdo con el peronista Roberto Lavagna en 2007 y posteriormente la candidatura de Ricardo Alfonsín, que quedó lejos de las expectativas pero implicó volver a tener un candidato propio.
En ese contexto, en esta elección se ponían en juego 26 bancas de diputados nacionales, que las lograron retener. Incluso consiguieron bancas por distritos como San Luis o Misiones, en los que hasta ahora no tenían representación parlamentaria. Y a pesar de que vienen perdiendo gobernaciones en distritos que habían logrado sobrevivir a la crisis de la Alianza (de cinco provincias sólo les queda la de Corrientes), consiguieron victorias en 11 capitales provinciales, que marcan una expectativa de volver al poder en algunas de ellas.
En un exhaustivo estudio de los resultados, el politólogo de la Universidad Torcuato Di Tella, Javier Zelaznik, señala que el radicalismo es la fuerza política más votada detrás del FpV con el 22,9 por ciento de los votos, a los que se le puede sumar un 1,8 de aliados que compitieron con lista propia. Sin embargo, el informe advierte que del 22,9 por ciento de los votos, casi la mitad provienen de Santa Fe, la ciudad y la provincia de Buenos Aires, tres distritos donde la UCR no lidera esas coaliciones. De hecho, en los tres distritos sólo sumó 5 diputados nacionales propios: Mario Barletta, Martín Lousteau, Carla Carrizo, Ricardo Alfonsín y Héctor “Cachi” Gutiérrez, respectivamente. (No está confirmado si Lousteau se integrará a la bancada).
En cuanto al Senado, la performance radical fue más bien floja. Perdió su banca en Entre Ríos, donde Atilio Benedetti se quedó afuera frente al ruralista Alfredo De Angeli. También en Santiago del Estero, ya que el gobernador Gerardo Zamora, radical devenido kirchnerista, patrocinó una segunda lista oficialista y se quedó con las tres bancas. En Río Negro, donde desde el ‘83 hasta 2011 la UCR gobernó la provincia, el ex mandatario y radical K, Miguel Saiz se quedó sin una banca. En cambio, la Coalición Cívica fue la sorpresa con el ingreso de Magdalena Odarda.
En este contexto, el desempeño más destacable del radicalismo fue la victoria en provincias del interior –sensiblemente más pequeñas– como Jujuy, Formosa, Catamarca, Corrientes y Santa Cruz, de peso simbólico.
Un caso aparte es Mendoza, donde la lista tres con Julio Cobos a la cabeza, obtuvo un triunfo contundente respecto al peronismo (47,7 a 27,1 por ciento). Sin embargo, en 2009 y sin Cobos como candidato, la UCR lideró una alianza que sacó el 48,8 por ciento. La nómina la encabezó un hombre de su riñón, Ricardo Manzur, seguido de Mariana Juri, referente del ex gobernador Roberto Iglesias y el peronista disidente Enrique Thomas. Por otra parte, a Mendoza se la incluye habitualmente en el pelotón de las cinco “provincias grandes”, cuando su peso respecto del padrón nacional es el 4,3 por ciento, menos de la mitad que Córdoba, Santa Fe y CABA. Ni hablar del 37 por ciento que representa al tierra bonaerense.
Con un panorama similar, el politólogo Andrés Malamud apunta en la revista El Estadista un escenario poco probable para un triunfo panradical a nivel nacional, aunque el 2015 podría servirle para reconstruirse “en el territorio”. Por lo bajo, varios radicales piensan lo mismo, aunque no pierden la expectativa de que la dinámica de la política argentina les juegue a su favor.

Crisis en la eurozona: concentración del ingreso


Las megacrisis son funcionales a las élites y suponen enormes transferencias de ingresos hacia la cúpula de perceptores y empobrecimiento galopante de sectores medios y bajos. 
Lo vivimos en 2001 en el país, lo vive hoy la periferia europea en general y España en particular. 
El número de españoles ricos aumentó este año en casi un siete por ciento, informó este viernes el diario español ABC, que cita un informe sobre las grandes fortunas mundiales elaborado por Wealth-X y UBS.

En lo que va de año, el número de españoles con un patrimonio neto por valor de 30.000 millones de dólares (22.438 millones de euros) o superior.

“La crisis va por barrios, y en algunos ni siquiera para ni repara”, comenta ABC.

La fortuna que acumulan los 1.625 «ultra ricos» españoles es de 195.000 millones de dólares (145.487 millones de dólares), lo que representa un 8,3% más que los 180.000 millones de dólares (134.616 millones de euros) que acumulaban los 1.520 «ultra ricos» de 2012.

Estos datos sitúan a España como el sexto país de Europa con más grandes fortunas, lista que encabezan Alemania y Reino Unido, con 17.820 y 10.910 «ultra ricos», respectivamente.

También superan a España otros países como Suiza (6.330 «ultra ricos»), Francia (4.490) e Italia (2.075).

Teniendo en cuenta el importe de estas fortunas, tanto España como Francia, Grecia e Italia se ven superadas por Rusia, que tiene menos «ultra ricos», 1.180, pero con más dinero, 620.000 millones de dólares (463.678 millones de euros).

Heterogeneidad productiva




Leemos en Analytica una descripción para nada complaciente de la evolución del sector industrial, aunque desprovista del fundamentalismo ortodoxo sobrecargado de ideología :

La industria sigue estancada: después de un buen segundo trimestre en el que creció 3.6% i.a. dejando atrás cuatro trimestres consecutivos de caída, entre julio y septiembre creció 0,7% i.a.. Y la heterogeneidad sectorial sigue más vigente que nunca.

En el tercer trimestre, la producción cayó en forma interanual en la mayoría de los sectores: en el metalmecánico no relacionado a la industria automotriz (3,8%), en edición e impresión (6,4%), en la industria del papel y cartón (2,5%), el tabaco (1,9%), la refinación de petróleo (2,3%) y la química (1,4%). Por su parte, tras nueve meses de contracción (-2,2% i.a.), el sector de alimentos y bebidas freno su caída (+0,4%). Otros sectores que lograron revertir una tendencia negativa fueron textiles y caucho y plástico (crecieron 2,3% y 3,9% respectivamente versus -4,8% y -2,2%. en los dos primeros trimestres). Minerales no metálicos muestra la tendencia más definida, creciendo 7% en el tercer trimestre y 5,8% en los primeros nueve meses debido al repunte de la construcción. El mayor crecimiento, después de 5 trimestres de caída (-10% i.a.), se dio en la industria de metales básicos (17,8%).

El driver de la industria este año es el sector automotriz, se producirán más de 800.000 automóviles un valor cercano al record de 2011. Luego de crecer 19% en el primer semestre respecto a igual período del año pasado, entre julio y septiembre moderó la suba a apenas 3,8% producto del menor crecimiento de las exportaciones a Brasil, destino de ocho de cada diez autos (5,8% vs 65,7% en el segundo trimestre), en tanto que la demanda interna sigue traccionando. De hecho, en el tercer trimestre el patentamiento creció 19% i.a., por encima del 10% de los seis meses previos. Sin embargo, una luz de alarma se ha encendido: el patentamiento de autos importados es el que más crece, debido al incentivo de hacerse de un bien de lujo al tipo de cambio oficial.

Los sectores que muestran un aumento sostenido en los niveles productivos (autos y minerales no metálicos) responden a situaciones puntuales. El primero, al aumento de las ventas a Brasil y el segundo, al repunte de la construcción. En tanto, aquellos sectores que dependen del consumo masivo no logran repuntar.

La última parte de 2013 no comenzó bien. En octubre la producción de automóviles cayó 4,8%i.a. Sin embargo, no hay razones para prever una abrupta caída hasta fin de año de la actividad industrial: el amesetamiento productivo es una mejor descripción. Por el lado de la demanda interna, si bien los salarios siguen creciendo, lo hacen en promedio apenas por encima de la inflación. Luego del impulso de las paritarias el salario real desaceleró su crecimiento en el tercer trimestre, llegando a +1,5%i.a., 0,4 p.p. menos que entre abril y junio. Así a setiembre creció 1,1%i.a., mientras a igual período de 2012 lo hacía a 4,5% i.a..

Por el lado de la demanda externa tampoco esperamos grandes novedades. A setiembre las cantidades exportadas de manufacturas de origen industrial crecieron 4% i.a., cuando en igual período de 2012 habían caído 5% i.a.. La mejora se debe principalmente al repunte de las exportaciones a Brasil, particularmente de autos, en tanto que el resto de los rubros tuvo una performance muy pobre.

En un escenario de escasez de dólares, con precios de las materias primas que no subirán (en ciertos casos, hasta podrían caer) y con un creciente déficit energético, impulsar las exportaciones industriales es primordial. La búsqueda de nuevos mercados para aminorar la fuerte dependencia de la economía brasileña y mejorar la competitividad no vinculada a la caída del costo salarial son desafíos centrales para una política comercial externa que sigue sin estimular la producción local.

Durán Barba: “Hitler era un tipo espectacular”

El asesor estrella de Mauricio Macri, Jaime Durán Barba, mordió la banquina con las cuatro ruedas al elogiar a Adolf Hitler en una entrevista con la Revista Noticias.

“Hitler era un tipo espectacular”, dijo Durán Barba en un tramo de la entrevista y nunca se desdijo pese a las preguntas posteriores de los periodistas.

“Los líderes son seres humanos. Hay un retroceso en unos pocos países que pretenden tener dioses, y la cosa sale bastante ridícula. Por ejemplo, Chávez. Es un retroceso a la época en que los presidentes eran dioses, y resulta muy incómodo un presidente así”, dijo el consultor ecuatoriano.


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La entrevista en Noticias a Durán Barba
–Pero Chávez tuvo un nivel de aprobación altísimo –le retrucaron los periodistas de Noticias.

–Sí, como Hitler. Tuvo un enorme nivel de aprobación y no significa que fue un gran gobierno. Hitler tuvo una aprobación mayor que la de Chávez, 90 por ciento –respondió el ecuatoriano.

–No son comparables –replicó Noticias.

– ¡No! ¡Hitler era un tipo espectacular! ¡Era muy importante en el mundo! –polemizó Durán Barba, en lo que al parecer fue un tono irónico, pero que no aclaró en las preguntas subsiguientes.

La entrevista siguió así:

Noticias: –¡Pero mató a seis millones de judíos!

Durán Barba: Y este (por Chávez) expulsó a la mitad de los judíos de Venezuela. ¡Ojo, ojo!

Noticias: Pero no son comparables.

Durán Barba: No, incomparables totalmente. Nadie es comparable con nadie, pero…

Noticias: No, pero más allá de que le guste o no Chávez, no se puede compararlo con Hitler.

Durán Barba: En algunas cosas sí todos son comparables, en otras no.

Noticias: Está bien, ambos se sometieron a elecciones con amplio nivel de apoyo, pero uno fue el autor del Holocausto…

Durán Barba: Bueno, poné a Stalin. Tenía una popularidad brutal Stalin. Es mentira que era un dictador rodeado, mentira total. Era totalmente popular. A Stalin lo adoraban. Era un tipo muy fino. ¿Tú sabes que la primera dedicación de Stalin era la poesía? En su biblioteca, la mayor parte de los libros son poesía. Y él escribía poesía, era un tipo de una finura impresionante. Y muy popular.

Nueva York se enamora de los De Blasio

 



La última vez que Nueva York eligió a un alcalde de Brooklyn fue en 1973, y por aquel entonces la marca progresista, ecológica, artesanal y moderna de esta pedanía no era ni siquiera una posibilidad remota. Cuatro décadas después, la llegada de Bill de Blasio y su seductora familia al City Hall representa un hito en la ascensión de ese nuevo Nueva York que se viene gestando en las calles arboladas y viejas casas de ladrillo al otro lado del East River. Los De Blasio son el epítome del nuevo cool, ajeno a los rascacielos y próximo a las huertas urbanas, con expresivos peinados y una clara conciencia social.
El nuevo alcalde, que tomará posesión del cargo en enero, toma leche orgánica, recicla compulsivamente y le gusta llamar a la gente brother. Mide más de un metro ochenta y cuando su futura mujer le vio por primera vez, en 1991, estaba sentado en una silla en la que apenas cabía, hablando por teléfono. Charline McCray, aguerrida feminista lesbiana afroamericana, preparaba un comunicado de prensa y necesitaba saber a qué candidatos en las elecciones a la asamblea municipal apoyaba Dinkins, el alcalde negro para quien De Blasio trabajaba.
McCray, como ha explicado varias veces en los últimos meses, no había tenido ningún novio. Desde que entró en la universidad, lo suyo eran novias, que sucesivamente presentó a sus padres. La insistencia de Bill, que no se daba por vencido, acabó por convencerla. Más que el color de su piel, le preocupaba la diferencia de edad, ya que ella es seis años mayor. Sus padres le adoraron desde el primer momento.
Multirracia, progresista, sólida y cercana, la familia del nuevo alcalde es una excepción en Nueva York
Había crecido en Springfield (Massachusetts), donde su padre trabajaba en una base militar, y su madre, en una fábrica, un dato que ella, única estudiante negra en su colegio, ocultó a sus compañeros. La hostilidad del ambiente no la hizo callar, sino todo lo contrario: en el periódico del colegio publicó una columna denunciando la discriminación de la que era objeto. Fuera del colegio, su familia también sufría constantes afrentas. En el Wellesley College se incorporó al Combahee River Collective, una agrupación feminista afroamericana que plantaba cara a la exclusión. Poeta y escritora, Charline, de 58 años, trabajó en el departamento de prensa del Ayuntamiento de Nueva York, tuvo un puesto en la sección de relaciones públicas de Citigroup (que dejó tras 8 meses) y ha escrito discursos, entre otros, para el político William C. Thompson, que perdió ante Bloomberg en 2009 y ante De Blasio en las primarias del pasado septiembre. Los últimos años ha trabajado en un hospital de Brooklyn, y es precisamente el asunto de la sanidad uno de los puntos en los que ha influido más en el programa de su esposo. El cierre este año del único hospital del West Village, St. Vincent’s, donde la salvaron de un agudo ataque de asma sin tener seguro hace tres décadas, la enfureció, más aún al ver que allí se construían viviendas de lujo. Combativa y osada, Charline ha criticado sin disimulo a Bloomberg y su Administración enfocada en la prosperidad de unos pocos, y ha sido una pieza fundamental en la campaña de su esposo, escribiendo sus discursos y ayudándole a elegir a su equipo. Ha dicho que sus modelos son Hillary Clinton y Eleanor Roosevelt.
El factor sorpresa en la carrera que ha llevado a De Blasio a la alcaldía de Nueva York ha sido su hijo menor, Dante, o más concretamente su melena afro, que recibió elogios hasta del presidente Barack Obama. El joven de 16 años se ha convertido en toda una estrella mediática tras aparecer en uno de los anuncios de campaña explicando que su padre, el candidato, terminaría con los cacheos aleatorios, el llamado stop and frisk, que la policía lleva a cabo en Nueva York. Ante la pregunta de un periodista, confesó que solo se lava el pelo una vez a la semana (algo normal para este tipo de cabello), y ante la crítica en Twitter, su madre saltó como una leona: claramente quien escribió esto no tenía ni idea de los cuidados que requiere este pelo. Aún le quedan dos cursos en el instituto de Brooklyn, y es precisamente esto lo que hace que la familia se plantee si trasladarse a la casa oficial en Manhattan o no.
Los De Blasio al salir de su casa de Brooklyn. / REUTERS
La hija mayor de los De Blasio, Chiara, también ha tenido su papel bajo los focos. Lució una melena afro hace unos años, pero ahora esta estudiante de segundo curso en Ciencias de Medio Ambiente en una universidad de California apuesta por recogidos y vistosas coronas de flores que se añaden a sus piercing (ceja, orejas y nariz). Defiende la libertad capilar a toda costa frente a los alisados a los que se someten muchas mujeres negras. Y ella representa quizá el lado más hippy de la familia.
Así, Bill de Blasio ha convencido a un electorado tan diverso como el que habita en las calles de Nueva York y se ha impuesto en barrios de mayoría hispana, afroamericana, blanca, en zonas ricas y pobres. Antes convenció a Charline de cambiar su opción sexual y formar una familia, y el matrimonio se instaló en Brooklyn hace 22 años. En 2000 compraron una casa de ladrillo, un brownstone, por apenas 450.000 dólares, y hoy está valorada en más de un millón. En el jardín, Bill tiene una huerta con tomates y pimientos. Sus hijos son vegetarianos; él aún come carne. Ha sido un miembro muy activo en el comité de padres del colegio público donde estudiaron sus hijos y es un frontal opositor a los colegios concertados que han proliferado durante la Administración de Bloomberg.
Hijo de neoyorquinos —su padre, de Staten Island; su madre, de familia inmigrante napolitana—, Bill creció en Boston y es seguidor del equipo de béisbol de esa ciudad, los Red Sox, quizá la única tacha en su filiación a Brooklyn y Nueva York. De su madre —que le tuvo a los 43 años— recibió unos firmes valores progresistas, y ella acabó viviendo en el mismo barrio que Bill, Park Slope, en 2003 hasta su fallecimiento en 2007. Los inquilinos que De Blasio tiene ocupando ese dúplex han hablado muy bien de él y de Charline.

Los cantos de la Transición española

Antes de viajar a Nicaragua, de hacer un posgrado sobre América Latina y de apoyar la causa sandinista, Bill de Blasio viajó a España un verano, cuando estudiaba en NYU. Iba con un compañero de universidad, y juntos cambiaron la letra de una canción de los Ramones, I want to be sedated, para entonar un verso que decía “Nunca me confundas con Francisco Franco. / Lo sé, lo sé, lo sé. / Yo quiero ser Juan Carlos!”.
Multirracial, sólida, progresista y cercana, la atractiva familia del nuevo alcalde es una excepción en Nueva York; según el censo de 2010, solo un 1% de los chicos de esta ciudad menores de 18 años son fruto de parejas mixtas. El número es mucho mayor en otras ciudades de EE UU, aunque en Nueva York ha subido de 10.500 en 2005 a 17.500 en 2010.
De Blasio se impuso en las primarias de septiembre a la disfuncionalidad de Anthony Weiner (el excongresista que fue por segunda vez pillado mandando fotos porno por Twitter); a Christine Quinn, la primera candidata lesbiana con amplia experiencia en la administración de la ciudad, y al afroamericano William C. Thompson, un peso pesado en el partido. Y resultó que ellos, los De Blasio, tenían algo de todo esto en su historial y además Brooklyn.