El poder de los oficialismos y la épica del cambio

por Néstor Leone

La serie de elecciones provinciales es posible que esté dominada por las reelecciones. Lógicas locales y miradas nacionales


1. EL ARRANQUE

El largo tránsito hacia las elecciones presidenciales de octubre tuvo sus dos primeras paradas. Provinciales, atravesadas por lógicas locales (¡sombra de Perogrullo, voy a invocarte!) y dinámicas que no siempre tienden a condecirse con las miradas estrictamente nacionales. Menos aún, con las porteño-céntricas. Pero que dejaron sus huellas en un escenario más vasto. La Pampa fue la primera, con su elección interna entre candidatos de Cambiemos para gobernar la provincia y el mensaje de las urnas de que los“ celebrities” y “ famosos”, per se, ya no aseguran buenas performances. Neuquén, luego, con la ratificación del predominio histórico del Movimiento Popular Neuquino (MPN), que gobierna la provincia desde sus orígenes, con algunas derrotas en los turnos legislativos, pero imbatible cuando del control del Ejecutivo se trata. Y el rezago del kirchnerismo, que se creía con posibilidades, y de Cambiemos, que las había abandonado hace tiempo. En ambos casos, las esquirlas se esparcieron más allá de lo que podía suponerse. La victoria radical sobre el candidato del PRO, en La Pampa, potenció la tormenta entre aliados que Córdoba venía preanunciado y que promete proseguir. La victoria de Omar Gutiérrez, en tanto, trajo sinsabores para las fuerzas que pretenden ofrecer el duelo de fondo en las presidenciales. No tanto porque la lógica local así lo determinase. Más bien porque, con distintas apuestas, ambos pretendieron “nacionalizar” la campaña. En ese sentido, el kirchnerismo sufrió más el traspié. Identificó al ganador con el presidente Mauricio Macri y se pensó dando el batacazo.



2. CONTINUIDADES

Por cierto, estas primeras elecciones, en su particularidad, poco definen a nivel nacional. Pero la larga serialidad de ellas puede contribuir a generar climas y forzar o revertir algunos realineamientos. El Gobierno, de alguna manera, teme por ellos. Intuye que en la mayoría de los casos tendrá malas noticias para sus candidatos locales. Por la dinámica propia de esos escenarios locales y, también, por el efecto de la crisis (nacional), que representa una pesada carga para quienes llevan el sello Cambiemos. La tendencia, en cada uno de los casos, es a la reelección, a la reafirmación de los oficialismos realmente existentes. Río Negro, Chubut y Santa Fe son algunas de las provincias en donde nada parece definido y en las que no sorprendería un camino de manos en la gestión de sus asuntos públicos. Pero, casos más o casos menos, no parecen modificar sustancialmente esta ecuación. A Cambiemos le costará intercalar sorpresas, aunque tiene en Jujuy y Mendoza la posibilidad de ratificar los cambios de signos conquistados en 2015.Y puede dejar muestras, de manera elocuente, de lo vulnerable que resulta electoralmente. De todos modos, en Casa Rosada persiste el optimismo. Aspira a que esa impronta de continuidad, de ratificación de oficialismos, de reelecciones, también alcance al Ejecutivo nacional. La decisión de unificar los comicios en la provincia de Buenos Aires (algunos sectores del oficialismo pretendían desdoblar) y en la Ciudad de Buenos Aires (en este caso, nunca se había dado de manera simultánea), dos distritos gobernados por el PRO en nombre de Cambiemos, tiene que ver con esa apuesta a todo o nada del 27-O. Con eje, precisamente, porteño-bonaerense. Mientras que espera que los liderazgos provinciales más o menos opositores, una vez concluidos sus duelos locales, no se abroquelen detrás de una candidatura nacional. Menos aún, la de Cristina Kirchner, que mucho hizo en los últimos meses para cerrar viejas heridas con algunos de ellos y que respaldó la mayoría de esas candidaturas como prenda de unidad posible.

3. LO LOCAL, LO NACIONAL

Formosa, La Pampa, Santa Cruz, San Luis y La Rioja, todas en manos del peronismo, y Neuquén, son las únicas con predominio unicolor desde la recuperación democrática. El MPN logró extenderlo hasta 2023, por lo menos. Las otras pueden hacerlo en el transcurso del año, no sin ofrecer algunas de ellas algunas dudas y matices. Mendoza (sin reelección por restricción constitucional) y Tierra del Fuego, en el otro extremo, son los distritos donde la alternancia entre fuerzas fue algo más acentuada. De todos modos, resulta difícil trazar generalizaciones, en tanto persisten (unas pocas) fuerzas provinciales de peso, en algunas provincias el bipartidismo subsiste como contracara de su extinción a nivel país y los partidos nacionales se convirtieron en federaciones de liderazgos locales. Cambiemos , en tanto posee la administración del Estado nacional, tiene ventajas en ese sentido, por más que sea un frente electoral que poco tiene de coalición de gobierno. En 2017 supo hacer usufructo de algo parecido a una estrategia nacional, unificada y con objetivos preconcebidos. En 2019, producto de la crisis, de rencillas entre aliados y ciertas lógicas locales, esto parece más difícil. El caso de Córdoba, donde se acaba de fracturar incluso como frente electoral, hecho que promete dejar sus heridas, es un ejemplo. También las tensiones entre Casa Rosada y los gobernadores“ propios” para decidir calendarios que privilegien el objetivo de reelección presidencial por sobre cualquier otro. El hecho de que los ejecutivos PRO hayan unificado sus comicios con los nacionales, como pretendía el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y que los mandatarios radicales (el mendocino Alfredo Cornejo y el jujeño Gerardo Morales) hayan desdoblado, conjuga esa dificultad.



4. LA EPICA DEL CAMBIO

Cambiemos ganó las elecciones de 2015 con dos ejes a cuestas, que se complementaron con el desgaste lógico del largo ciclo kirchnerista y las deficiencias en su estrategia de campaña. Por un lado, la construcción de una idea de cambio que supo sintetizar en su mismo sello político. Por el otro, la construcción de una idea de futuro posible, expectativas de un horizonte mejor. Sin precisar el sentido de esos cambios, de ese futuro. Dañadas estas dos ideas (aunque no heridas de muerte), como indican los sondeos de opinión en donde la mayoría de los encuestados reconoce vivir peor que hace tres años y es pesimista respecto de lo que suceda con su economía personal o la del país en el próximo año, la Casa Rosada apuesta a la disputa de diagnósticos con el kirchnerismo respecto de las responsabilidades en el origen de la crisis y la disputa de modelos respecto de cómo salir de ella. Aun cuando esas disputas puedan generar una crisis mayor, dada la ecuación inestable sobre la que sostiene el estado de “normalidad”. En tanto, la oposición parece lejos de encontrar una estrategia unificada. El kirchnerismo se siente cómodo con esos dos nuevos ejes que plantea Casa Rosada, pero sabe (los dirigentes más lúcidos y cierta militancia, por lo menos) que es insuficiente en tanto no logre reinventarse con ideas de cambio y de un futuro de nuevo tipo. Mientras que el peronismo federal, a riesgo de quedarse en los márgenes, sólo persiste en su discurso de una tercera vía (¿imposible?) y se envalentona con tener en Roberto Lavagna a un candidato de más peso que los que tiene en Juan Manuel Urtubey o en Sergio Massa.



5. ALGUNAS PREGUNTAS

¿Qué prevalecerá, entonces? ¿La idea de continuidad, con las reelecciones encadenadas? ¿O la idea de cambio ante un contexto de crisis y de expectativas sombrías? ¿Qué harán los gobernadores victoriosos? ¿Volverán a“ alambrar” sus territorios, por sobre cualquier otro intento de articulación posible, a escala nacional? ¿Y qué harán los peronistas, en particular? ¿Se sumarán a una eventual (casi segura) candidatura de Cristina? ¿Compartirán fórmula con ella (Sergio Uñac, de San Juan, es uno de los más potables para eso)? ¿O persistirán como una federación de líderes parciales, acotados, con la relación con el kirchnerismo como principal clivaje, a la espera de que el próximo turno les sonría a uno de ellos?