Ciberterrorismo y cambio climático las nuevas hipótesis de OTAN



Las nuevas preocupaciones de la OTAN van más allá de los talibanes o de Al-Qaeda: entre ellas, figuran los hackers, las amenazas globales a la provisión de energía y los que pretenden sacar ventaja del cambio climático.

Los líderes de los países integrantes de la OTAN están deliberando acerca de que es lo que se puede hacer para neutralizar a los "ciberterroristas", a los "hacktivistas" (activistas por Internet) y otras amenazas emergentes que los expertos reconocen no son las tradicionales, pero aún así son potencialmente letales.

La OTAN debe equiparse y armarse para una "guerra cibernética": ataques sistemáticos en la Web que podrían interrumpir el comercio en todo el mundo mediante el uso de virus informáticos para desactivar servicios en línea para usuarios, como las actividades bancarias por Internet.
Los ataques ciberterroristas proliferarán rápidamente y pueden ser realizados por cualquiera que tenga una conexión una Internet.
En el corto plazo, la guerra cibernética supondrá una amenaza creciente para los países miembros de la OTAN, que deben encarar el problema como si fuera una amenaza inmediata y empeñarse en desarrollar una cooperación defensiva práctica.

El año pasado, Estonia, que forma parte de la OTAN, sufrió una serie de ataques cibernéticos paralizantes y económicamente devastadores, cuya autoría atribuyó a Rusia. Moscú negó su participación. "Los ataques plantean interrogantes sobre la capacidad de la OTAN para proteger a sus miembros más recientes", señaló Stanley Kober, analista del Instituto Cato, de Washington.

Preservar la seguridad de infraestructuras energéticas vulnerables podría ser una preocupación incluso más urgente, advirtieron anteayer los funcionarios de la OTAN durante la cumbre. El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, ha estado promoviendo un nuevo "concepto estratégico" que definiría la función de la alianza para afrontar la amenaza.

Muchos de esos desafíos no provocarán una reacción militar clásica. Para afrontarlos será necesario que los aliados se apoyen entre sí, política, económica, y, tal vez, militarmente.

La energía también se ha vuelto una preocupación para la alianza atlántica, a medida que Rusia afianza el control sobre sus más importantes yacimientos de gas natural. Gazprom, el monopolio energético estatal, controla gasoductos clave, que suministran esa fuente de energía a Europa occidental.

Estados Unidos está impulsando a la OTAN a que asuma una mayor participación en la cuestión de la seguridad energética, algo que Washington considera una importante amenaza en la pot Guerra Fría.

El cambio climático, que ya es considerado de vital importancia en varios otros frentes, también empieza a preocupar a la OTAN.

Escasez de alimentos

La alianza quizás debería estar lista para proteger la provisión de agua y alimentos si el calentamiento global provoca su escasez y las tensiones crean la suficiente inestabilidad política y económica como para llevar a los países al borde de una guerra.

"Es importante reconocer que los riesgos no son sólo de naturaleza humanitaria. Hay también riesgos políticos y de seguridad, que afectan directamente los intereses europeos", advirtió.

La función esencial de la OTAN está definida en su tratado fundamental de 1949, que establece que todos los miembros deben unir sus esfuerzos para la defensa colectiva en caso de ser atacados por un agresor externo.